7 /11 /10
* Lo que parece perfecto para nosotros rara vez lo es. La gente y las cosas, los lugares. Estos zapatos que tengo puestos, por ejemplo, son media talla pequeños. Media talla, los malditos. Los obligaré a crecer en mis pies.
* Mi abuelo se sentó en la mesa, taza de café con seis cucharaditas de azúcar, y empezó a contar la historia de la familia desde la Guerra de Crimea. En resumen un soldado pobre de Marsella se fue de putas en Puntarenas, se quedó dormido y perdió el barco que lo llevaba a lugares mejores. Viajó en una lancha con chanchos, se casó con una Nica, tuvo un hijo ciego. Mi única duda es para qué hizo un testamento, si solo tenía un caballo.
* El problema del colapso vial en San José de Costa Rica es inseparable del problema del clima. MI felicidad personal aumentó un cien porciento el día lejano en que tuve que dejar de esperar el bus y pude al menos soportar la presa bajo el techo de mi propio carro, haciendo presa. Eso pienso mientras veo la tormenta por la ventana. Cada aguacero se lleva un pueblillo y sus casitas. Un día seremos todos el pueblo, nos iremos flotando por el Océano Pacífico.
* El avión no me trae a otro país, sino a otro planeta. El oficial de migración sospecha de mi odisea del espacio, de mi pasaporte sin lugar. Cuando me pregunta en qué trabajo le digo que soy periodista, así podemos sentir desprecio mutuo por un motivo ocupacional. Aquí acaba, al menos por un tiempo, el viaje intergaláctico.
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17 /10 /10
* Viendo fotos. Esa soy yo, la chiquita de pelo largo con la camiseta gris del regreso del Jedi. Hay tantas cosas que le quiero decir, como que no importa si tiene miedo de correr, porque un sábado cualquiera, como este, correremos diez kilómetros juntas y pararemos cuando estemos aburridas. Y que esa otra foto que mandó papá, donde sale subiendo el Pan de Azúcar en un funicular, la sacará ella también agarrada de un extraño con los puños cerrados y los dientes apretados, feliz y al borde del precipicio. Y que unos años después, aunque parezca imposible, los miedos que nos torturan ya no aparecerán en las fotos como fantasmas, solo seremos ella y yo.
* Anoche soñé con dios. Por alguna razón supe que se llamaba Ada. Era una maraña de cables rojos que nos salían a todos del pecho, atándonos los unos a otros. Algunos cables parecían apenas sostenerse, tenues, en peligro. Otros largos, de mi pecho al pecho de mi madre, amarrándome a ella y a los demás, conectados en el caos. En presencia de un dios visible no supe que hacer, si pedirle que dejara a los Gigantes ganar la serie de campeonato, o que me sostuviera con fuerza, que los cables soporten mi peso cuando llegue el final de la caída libre.
* Cuando el cowboy era un joven matemático dice que Mandelbrot cambió su vida. El día que por fin lo conoció le pidió el autógrafo como si fuera una estrella de cine. A veces me imagino al cowboy programando en las horas pequeñas, en una computadora prehistórica, fascinado por las formas y sus implicaciones, en una realidad que jamás conocí. Mandelbrot fue el padre de la matemática de la imperfección y de las lineas retorcidas, y se murió ayer. Le doy la noticia brevemente y me siento en la silla de la oficina mientras lo veo en su silenciosa expresión de la pena. Él mejor que nadie sabe que somos las muchas imperfecciones de nuestro contorno, las microscópicas causas que entre más de cerca las vemos, se hacen más complicadas, infinitas.
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3 /10 /10
* NYC es la ciudad que no duerme porque no puede. Qué escándalo. El día que regresé dormí 14 horas seguidas en el silencio relativo de otra ciudad escandalosa. Luego me bañé por cuarenta y cinco minutos con agua hirviendo, para sacarme la capa de aceite y la costra de Nueva York. El tren, el vapor en la plataforma, los puentes, la grasa de los restaurantes, la humanidad apretada en unas cuantas millas cuadradas. Lo amo todo, pero quisiera poder volver a bañarme a la costa Oeste de vez en cuando.
* Leo a entrevista extendida que Lipsky le hizo a David Foster Wallace, convertida en libro. Aprovecho para escribir mi último texto de los superdemokráticos, sobre DFW y esa necesidad de leer para que a uno le importen las cosas.
[...]mi relación con DFW siempre tendrá ese lado triste, oscuro y depresivo, adicto y desesperado. Los salones mal iluminados donde los alcohólicos repetimos afirmaciones chuecas, los paranoicos solitarios que viven con todas las ventanas cerradas, las formas brutales en las que nos autodestruimos
* La palabra Ojalá es un tesoro absoluto del castellano, otro regalo impagable de los árabes. Espero que pase, pero no necesariamente voy a meter la mano. Espero en dios, pero sin mencionar a dios. Que venga, que venga y que nos lleve.
* Anoche respiraba el aire congelado, las aceras sucias de gente del “peor” de los barrios, que a mi me parece alarmantemente normal. Me dan más miedo las manadas de adolescentes, frat boys borrachos y enfurecidos, debajo de las luces de la parte turística. Es casi media noche en el metro, las señoras y señores llevan bolsas de quién sabe qué a sus casas, en la misma cuadra donde si uno quiere, puede ser enterrado con su pareja en un ataúd y dejar que otros vean por el ojo de una cámara.
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