21 /6 /08
Es el primer día del verano y en un fenómeno más o menos insólito, hace calor en la ciudad. En todas las aceras, hasta en las del distrito financiero, flota un olor a BBQ y marihuana. Las mujeres andamos confundidas en los vestidos que sólo nos podemos poner una o dos veces al año, los dedos en las sandalias viendo la luz. En la playa calculo que hay una persona y medio perro por metro cuadrado, el sueño de un copero que no existe pero debería. Es una oportunidad única para usar la terraza, el balcón y las gradas de la puerta, abrir las ventanas solo para descubrir que están trabadas desde hace diez años. Los vecinos mexicanos han interpretado el calor como una obligación de hacer fiesta todas las noches, oyendo Valentín Elizalde a todo volumen, abriendo la casa y desparramando en la calle su indeterminado número de habitantes. Dicen que esta vez se siente distinto: que nadie va de viaje para ninguna parte porque no hubo trabajo y la gasolina ya casi cuesta igual que el tequila. Hay que salir hoy a cubrir cada zona verde con una sábana y buscar una sombra para la siesta, que mañana volverá la niebla.
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17 /6 /08
Hoy lloré a mares viendo las fotos de la boda. Talvéz fue porque ahí en ese mismo lugar me casé yo. Talvéz fue porque finalmente hoy en esta ciudad todas las parejas apagamos la luz y nos vamos a dormir con los mismos derechos.
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14 /6 /08
Él es simpático y de ojos inteligentes, de piel quemada por la carpintería. Ella es Argentina y se ríe muchísimo, exagera todo con la cara, habla con extraños en varios idiomas. Así se conocieron. Él tenía el pelo largo y rubio y estaba en la fila de un multicine de Caracas y ella estaba atrás. Se salió de la fila para para comprobar que además era guapo de la cara. “A este gringo yo le hablo”- dijo. Ya adentro se dio cuenta de que iban a la misma película y él se sentó cinco filas adelante pero no encontró cómo acercársele. Sin muchas esperanzas lo dejó ir y se fue para la casa.
Al otro día decidió ir a ver otra película cualquiera a un centro de cine arte, un título perdido en la página de un periódico. Esquivando su normalidad, en vez de sacar el carro quiso caminar e irse en el metro. En frente de ella en la ventanilla de los boletos estaba él. Ella le tocó el hombro y le dijo en inglés: “te gustó la película?”. El vio a una mujer con una permanente enorme y blanca y una sonrisa sobrenatural. Naturalmente, agarró la billetera y salió corriendo a toda velocidad.
Ella lo perdió hasta que lo vio en la plataforma contraria. A gritos le dijo: “de dónde sos?”, “qué lindo, Irlanda, todo verde”, “querés ir conmigo a ver una película?”, sonriendo fuera de control con todo el cuerpo. El dice que pensó en sus dos opciones: irse sólo para su triste habitación de mochilero, o con esta loca desconocida a ver una película británica romántica y melosa, que ya había visto.
Sentados frente a nosotros en una cena nos lo contaron todo con la narrativa detallada que sólo encuentra la gente que lleva veinte años de maravillarse con su propia historia.
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13 /6 /08
* Tengo meses de no cortarme el pelo porque extraño a Víctor con todo mi corazón y no tengo la fuerza moral para cometer una infidelidad. La idea obscena de otro cualquiera volándome tijera me da escalofríos culpables e imágenes alarmantes del peor de los casos. Lo malo es que ya parezco una de esas que viven en tiendas de campaña y tocan la pandereta en el Golden Gate Park.
* El cowboy y yo estamos de goma como desde el martes. En la mañana nos arrastramos por la casa, derrotados por el día de antemano. Él me deja en la estación del metro y yo no quiero, siento que me voy a poner a llorar como en el primer día del kinder. Quiero subirme otra vez al carro y que nos vayamos a la casa a dormir catorce horas más debajo de la colcha roja. Work is for loosers.
* Lo primero que me dice Paul, después de mucho gusto, es que “empezamos esto para protestar contra la intervención del gobierno de los estados unidos en chile, y en todas partes”. Sonrisa. Me lleva por los laberintos detrás del escenario donde todas las semanas desde entonces hay una protesta a puro timbal, trompeta, hip hop, tambor y vuelta de cadera. Me da la impresión de que el lugar está construido, pintado y abarrotado de recuerdos con la expresa intención de que nadie se sienta solo.
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12 /6 /08
Ayer se subió este tipo al escenario para abrir el concierto al que fui. Es un beatboxer, y a mi me gustan los beatboxers. Lástima que se dedicó a parlotear en el siempre reconfortante idioma universal del lugar común, generador del aplauso fácil y seguro. En mi cuenta, sin embargo, estamos mal cuando querés ser Miller y Kerouac a la vez y me hablás de tu crónica falta de cigarrillos y tu viaje artístico a lugares como londres y berlín como si fuera una gesta heróica del muerto de hambre. Estoy harta de las narraciones de lo cool donde inevitablemente sale siempre Patsy Cline y todos los personajes son casualmente pobres pero con buen gusto, y siempre hay un cuaderno con garabatos de lapicero. Cuando tratás de shockear a una audiencia que no tiene escapatoria con grotescas imagenes de abuso infantil, francamente, dudo de tu talento. Especialmente cuando te ponés a gimotear porque los gringos guardas de la frontera son unos nazis: siendo vos blanco y Canadiense, estoy segura que fue un infierno querido. No solo yo le grité: “Me aburriste” (y creo que eso es lo peor que se le puede gritar a un artista). Encima se ofendió visiblemente ahí mismo en el escenario: qué chafa. Se de un par de dominicanos y un par de ticos que sin el beat son mejores boxeadores.
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7 /6 /08
* Cada vez voy menos al supermercado porque un día de estos le voy a estallar una bolsa de arroz en la jupa a cualquiera. Odio la costumbre pasivo-agresiva de decir, instintivamente, “excuse me” para pasar por en frente, al lado o detrás, aunque haya un espacio de un metro entre nosotros, o sin darle a uno tiempo de hacerse a un ladito. Hay que decirlo: “excuse me”, hay que anunciarse. Lo odio con todo mi malcriado corazón tercermundista que busca su espacio en silencio. Prefiero nuevayol donde la gente, si dice algo, es “gettafuckoutamaway!”
* Como los gringos no tienen cédula y se escandalizan hacia la flagrante violación de la privacidad que representa un ID único, entonces para todo hay que enseñar la licencia de conducir. O sea, hay que saber manejar para estar debidamente identificado. Estoy estudiando para el examen teórico y lo que más me cuesta es desprogramarme el estilo “Costa Rican taxi pirata” que tengo tan orgullosamente incorporado con todo y asientos forrados de plástico y radio Musical.
* Aunque no quieran admitirlo hay una gran parte de la gente de este país que cree que su vida merece convertirse en un libro, una película o en el peor de los casos, un documental independiente. Hay unos que verdaderamente piensan que tienen una misión superior en la vida, que van a hacer un cambio impactante en el mundo. Eso tiene sus ventajas (porque gracias a eso tenemos la internet, la electricidad, las computadoras), pero por otro lado es una pega en fiestas y reuniones.
* Termino con una que me hace feliz, entre muchas otras: las nueve son las nueve, las diez son las diez. Llego a la hora, igual que todo el mundo. La reunión empieza sin esperar a nadie. La empresa dijo que entregaba a las dos y quince y llegan a las dos. Viniste temprano? Qué bien, mejor! Salimos a las cinco y nos vemos a las ocho y media, y yo se que vas a llegar o me vas a llamar o algo tiene que pasar pero nunca jamás me vas a dejar plantada en un bar. Si digo que regreso es cierto. Si digo que te quiero es cierto. Si digo que es verdad, es verdad!
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2 /6 /08
* Así es como me quería agarrar, enferma y sola. Ja! Ahora no me queda más que mirar por la ventana de la cocina a que pasen todos los pájaros de un tiro, mientras me bajan las lágrimas y los mocos como si tuviera algo por qué entristecerme, con escalofríos que me sacuden los pies. La abuela de adentro sale contentísima con un pañuelo en el pescuezo, en la cartera de botón un papelito arrugado con la lista de las compras (papel higiénico, jabón de olor, cubitos, una libra de café). En los oídos congestionados eso que suena no es el teléfono, nunca es el teléfono, es el pito de la olla de-presión.
* El otro día iba bastante ebria por la calle 25 y se me ocurrió que era indispensable entrar a la tienda de abarrotes de procedencia universal. El espacio usualmente dedicado a las botellitas de salsa lizano estaba alarmantemente vacío. Creo recordar que en ese momento fue una tragedia y se lo hice saber al pobre chino que atendía el establecimiento, posiblemente entre sollozos y en Español. Al otro día, claro, ya se me había olvidado todo el episodio y las circunstancias que decantaron en él. Ahora cuando me hace falta el sabor de la patria voy y leo las entrevistas de ariel chaves. Lean la última pregunta: ese hombre merece un aumento.
* De vez en cuando hay una chica como de nueve años que baila solita, en la acera, afuera de la iglesia evangélica abarrotada que es una casa de barrio donde suena la alegre música de la salvación. En la otra acera un muchacho la reconoce, le hace una sonrisa con la mano, se sienta a verle el pelo largo y moreno que da vueltas bajo la luz de los faroles. En ese momento me pareció importante.
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24 /5 /08
Juan Miguel se sienta en la mesa de la cocina y me sigue la cintura con los ojos sin disimular. Estamos hablando de mujeres, de las suyas claro, pero sin especificar. Yo me seco las manos en el delantal y procedo a picar el culantro con golpecitos filosos, él se ofrece a servir los tragos. Cuchillo en mano me doy vuelta y le advierto que esta es una casa seria: “aquí no se toma ron Bacardi”. Tirando el culantro en la olla termino la historia del exnovio volátil, inseguro, que originalmente era para ponerle otro ejemplo de lo brutos que pueden ser los hombres. El dice: “No me hubieras contado. Ahora si me lo encuentro, le voy a tener que meter cuatro patadas en el culo.” I rest my case.
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18 /5 /08
* Es fin de semana al fin, y oigo un disco color violeta dando vueltas en el fondo de la casa, en las maderas más viejas, en el ático al que jamás he subido. En la estufa se cocina una pasta, en la sala se cocina una hipótesis sobre lo que está pasando en este barrio. En las noches hay un sonido lejano como de vecinos que mueven muebles, como de rocas enormes que van a venir rodando colina abajo llevándonos a todos.
* El Distrito Financiero donde están los hoteles, la futura tienda Prada, la colina que lleva a Union Square, las señoras de Neiman Marcus… los Jueves hay una feria del agricultor en una galería escondida. A la hora del almuerzo la gente va a comprar la verdura y regatea la libra de espinaca vestida de ejecutiva de marketing o de analista de riesgos. Exquisito.
* Estoy tratando de obtener un seguro de salud y honestamente creo que es lo peor que me ha tocado hacer en este país. Es brutalmente confuso, irracionalmente caro, y absolutamente denigrante. Pero si no lo hago, es capaz que me atropella un bus y perdemos la casa o algo así. Un amigo nuestro, CON seguro, esperó ocho horas antes de que alguien le atendiera cuando se amputó dos dedos en un accidente. El prospecto me aterroriza.
* Fue difícil encontrar un trabajo que no requiriera mucho entusiasmo por arreglar el mundo, lo cuál últimamente está lejos en mi amplia lista de prioridades. Sin embargo lo encontré y ahora me paso los días pensando en cosas bonitas, caminando por ahí sorbiendo el almuerzo, oyendo Jack London. Estar dolorosamente consciente de las inequidades es suficiente por un tiempo.
* A veces me entra el remordimiento de pensar que si de repente tuviera millones, honestamente, lo primero que haría es ir a la tienda de zapatos en línea y en mi larga lista de favoritos, estripar “add all to cart”. Luego me sentaría en la puerta a esperar a que llegue el container mientras lleno el formulario del hijueputa seguro.
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15 /5 /08
Hoy el día se deslizó babosamente por las paredes a treinta y tres grados de temperatura. De pura coincidencia era el día de ir en bicicleta al brete, lo cuál más o menos triplica el nivel de peligrosidad de las calles y el nivel de sudoración colectiva. Es día de pago, y se nota porque cada señora lleva obligatoriamente más de dos bolsas. La plataforma está llena de adolescentes que se besan y se empujan, poniéndonos miserablemente nerviosos a todos los demás. El tren viene tarde, y por supuesto, vienen tres seguidos. Todo el mundo quiere entrar en el primero, en el que sólo tiene cuatro carros. El viaje diario desde el trabajo es la forma más efectiva de perder toda empatía con el prójimo, de experimentar de primera mano las diferencias culturales y personales que nos mantendrán convenientemente alejados para siempre. El trayecto nos permite ser extraños y quedarnos así. Hoy yo era la extraña que iba sonriendo como una idiota, entre otras cosas, por esto.
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