I’ll fly away

25 /6 /11

* Ahora tengo un perro, uno de esos anónimos perros khaki de patas largas y rabo en forma de signo de interrogación. Lo recogimos de un refugio, donde estaba enano y feliz. Cuando estoy lejos de él extraño sus orejas triangulares, sus barba de espigas y su olor a perrillo salvaje. Busco en la oscuridad el silbido pequeño de su respiración, todas las noches.

* En las mañanas corro detrás del número 14L y en él escucho las indignidades de la vida ajena mientras hago como que leo The New Yorker y tomo café en el metro, como se hace en este país. Llego a las ocho y media y me siento a resolver problemas lingüísticos en una oficina bonita, decorada, joven. Tengo varias oportunidades diarias para reírme en voz alta en situaciones sociales, vestirme como la gente, y hablar de temas que no indican en mí ningún tipo de patología peligrosa. Trabajo con gente inteligente y buena, que también tiene familias y perros y problemas. El trabajo, en fin, me proporciona a diario una alta dosis de normalidad, dulce y sedante, por la cuál estoy muy agradecida.

* Milo y yo salimos a correr a las seis de la mañana, sólo el sonido de campanita que hacen sus placas colgando en el collar rojo. La mañana está vacía y hay gotas de agua completas flotando en el aire. El sol comienza a calentar los lados de las casitas, el camión de la basura hace sus ruidos de animal mecánico, las señoras se levantan a poner el café. En el tope de la colina, mientras él se pierde entre las hierbas altas, yo veo los edificios y los puentes a lo lejos como si fueran otros que quedaron en el pasado.

nice work if you can get it

4 /12 /10

Este fue el año en que hice menos dinero y no por casualidad, en el que escribí más. Pero ahora tengo un trabajo que no me permite pensar en nada diferente, de nueve a cinco. Es un trabajo de esos absolutos, concentrados, intensos, que necesitan de toda mi atención de mosquito desorientado por la luz. Cuando llego a mi casa estoy exhausta y lo único que quiero es satisfacer algunas necesidades fisiológicas como tomar coca lait mientras leo las caricaturas inofensivas de the newyorker, evitando los artículos sobre la realidad. Los viernes colapso, para pasar el fin de semana en una serie de estados lamentables o confusos, a veces corriendo diez kilómetros en el frío, a veces alucinando ligeramente gracias a una sobredosis de jarabe para la tos. Mis momentos libres están dedicados a los refinados placeres de comer hamburguesas y ver películas viejas. No tengo análisis de la actualidad, no tengo una lectura de nada, y sobre todo no tengo tiempo para sufrir. Y encima, me pagan. Ja!

he was a friend of mine

20 /11 /10

* Vestirme para ir a una oficina me recuerda a mi mamá, su ropa limpia y maravillosa a la que con los años se le ha impregnado el perfume sutil que usa, tanto que ya no lo necesita. Las uñas hechas, el cabello arreglado, el maquillaje discreto, el bolso que contiene cosas como kleenex y lápices de labios, y los zapatos de tacón. La diferencia es que ella no tiene que tomar un bus donde se vomitan los escolares, y luego un tren donde los obreros te tocan las nalgas, y luego caminar cinco cuadras que parecen un túnel de viento. Mi ropa está menos limpia y perfumada, mi cabello menos peinado, y mis tacones son más bajitos. En las noches la llamo y nos contamos todo.

* De la patria: la vergüenza ajena tiene un límite, y en mi caso, un límite cercano. No quiero saber nada de la guerra del suampo. Como siempre, las noticias me obligan a tomar parte en un conflicto en que todas las partes son despreciables y los odio a todos por igual. Todos los días le rezo a un dios que no existe para que pase otra cosa, no sé, cualquier cosa, que la selección gane un partido o que los chinos construyan un manicomio multitudinario encima de las ruinas de Cartago. Algo.

* Podemos entrar a jugar sin calentamiento, desde el minuto uno, como si nos hubiéramos despedido borrachos en el taxi la semana pasada. Una y otra vez, en diferentes ciudades, con diferentes novios, con los hijos, las cámaras descompuestas, una botella sin abridor, un avión que sale sin nosotros, las llaves quebradas en la cerradura, la madrugada pisándonos los talones. Ya no tengo amigos de otro tipo.