24 /5 /08
Juan Miguel se sienta en la mesa de la cocina y me sigue la cintura con los ojos sin disimular. Estamos hablando de mujeres, de las suyas claro, pero sin especificar. Yo me seco las manos en el delantal y procedo a picar el culantro con golpecitos filosos, él se ofrece a servir los tragos. Cuchillo en mano me doy vuelta y le advierto que esta es una casa seria: “aquí no se toma ron Bacardi”. Tirando el culantro en la olla termino la historia del exnovio volátil, inseguro, que originalmente era para ponerle otro ejemplo de lo brutos que pueden ser los hombres. El dice: “No me hubieras contado. Ahora si me lo encuentro, le voy a tener que meter cuatro patadas en el culo.” I rest my case.
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18 /5 /08
* Es fin de semana al fin, y oigo un disco color violeta dando vueltas en el fondo de la casa, en las maderas más viejas, en el ático al que jamás he subido. En la estufa se cocina una pasta, en la sala se cocina una hipótesis sobre lo que está pasando en este barrio. En las noches hay un sonido lejano como de vecinos que mueven muebles, como de rocas enormes que van a venir rodando colina abajo llevándonos a todos.
* El Distrito Financiero donde están los hoteles, la futura tienda Prada, la colina que lleva a Union Square, las señoras de Neiman Marcus… los Jueves hay una feria del agricultor en una galería escondida. A la hora del almuerzo la gente va a comprar la verdura y regatea la libra de espinaca vestida de ejecutiva de marketing o de analista de riesgos. Exquisito.
* Estoy tratando de obtener un seguro de salud y honestamente creo que es lo peor que me ha tocado hacer en este país. Es brutalmente confuso, irracionalmente caro, y absolutamente denigrante. Pero si no lo hago, es capaz que me atropella un bus y perdemos la casa o algo así. Un amigo nuestro, CON seguro, esperó ocho horas antes de que alguien le atendiera cuando se amputó dos dedos en un accidente. El prospecto me aterroriza.
* Fue difícil encontrar un trabajo que no requiriera mucho entusiasmo por arreglar el mundo, lo cuál últimamente está lejos en mi amplia lista de prioridades. Sin embargo lo encontré y ahora me paso los días pensando en cosas bonitas, caminando por ahí sorbiendo el almuerzo, oyendo Jack London. Estar dolorosamente consciente de las inequidades es suficiente por un tiempo.
* A veces me entra el remordimiento de pensar que si de repente tuviera millones, honestamente, lo primero que haría es ir a la tienda de zapatos en línea y en mi larga lista de favoritos, estripar “add all to cart”. Luego me sentaría en la puerta a esperar a que llegue el container mientras lleno el formulario del hijueputa seguro.
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15 /5 /08
Hoy el día se deslizó babosamente por las paredes a treinta y tres grados de temperatura. De pura coincidencia era el día de ir en bicicleta al brete, lo cuál más o menos triplica el nivel de peligrosidad de las calles y el nivel de sudoración colectiva. Es día de pago, y se nota porque cada señora lleva obligatoriamente más de dos bolsas. La plataforma está llena de adolescentes que se besan y se empujan, poniéndonos miserablemente nerviosos a todos los demás. El tren viene tarde, y por supuesto, vienen tres seguidos. Todo el mundo quiere entrar en el primero, en el que sólo tiene cuatro carros. El viaje diario desde el trabajo es la forma más efectiva de perder toda empatía con el prójimo, de experimentar de primera mano las diferencias culturales y personales que nos mantendrán convenientemente alejados para siempre. El trayecto nos permite ser extraños y quedarnos así. Hoy yo era la extraña que iba sonriendo como una idiota, entre otras cosas, por esto.
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13 /5 /08
Llevo un año y medio trabajando muda, en mi casa, con el carraspeo ocasional de la cafetera y el periódico encendido de la refrigeradora. Sin decir una palabra lavo la ropa, hago el almuerzo, saco la basura mientras escribo, busco, leo. De vez en cuando llega la vecina con su bebé, o el cartero, o nadie.
A partir de esta semana me despierto temprano (uf), me pongo ropa (al fin) y me voy a trabajar como todo el mundo. El bus, la acera, el metro, los ejecutivos en camisas iguales todos con un vaso de café amargo en la mano, los edificios temerariamente cercanos del centro, las azoteas, los cables y las sirenas de la policía. Con todo eso, los días siguen siendo silenciosos, como si el silencio lo llevara yo por dentro.
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6 /5 /08
Entre torpes patadas y puñetazos desviados, por inexplicables razones uno de los peleantes (?) se va quedando sin ropa. Es difícil decir si están borrachos. Los vecinos acostumbrados a vivir en el barrio en que viven, mantienen una prudente distancia. Yo valiente como siempre me acuerdo de la cuadra en donde estoy y pienso: “vámonos antes de que empiecen los tiros”. Jamás me he quedado a ver cómo termina una pelea en la calle, porque por definición esas peleas no tienen ganador, y a mi las que me gustan tienen a un pobre imbécil que levanta los brazos sudados y escupe el protector dental para gritarle a la cámara de TV: “para mi mamá y todos mis hermanos que me ven en Juanacatlán, Jalisco”. Sin esa parte no vale la pena.
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4 /5 /08
Justo cuando se me va olvidando lo mucho que lo extraño, justo cuando estoy a punto de dejarlo ir, estaba frente mi en una mesa larga en medio de una multitud indefinida, viéndome a los ojos como cuando todavía me quería. Por eso me di cuenta de que era un sueño y le pregunté: por qué estoy soñando con vos? por qué no puedo dejar de ser una imbécil? Él respondió sonriendo como cuando yo lo adoraba más y nos fuimos de la mano a una fiesta bañada de luces de la tarde en la que nos llamábamos por nombres inventados y oíamos música que todavía no existe. Como soy una cobarde, igual que en la vida real, me hice la loca. Ahora que estoy despierta me gustaría decírselo pero probablemente ya no me lee: dejá de aparecerte en mis sueños concientes, idiota, dejáme a todos los niveles y en todos los mundos, ya de una vez.
It’s such a sad old feeling
The fields are soft and green
It’s memories that I’m stealing
But you’re innocent when you dream
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25 /4 /08
* Otra vez igual que a los catorce años salgo en las tardes a esperar a que mi novio llegue en bicicleta, sentada en las gradas del frente de la casa, leyendo un libro. Pero solo un ratito porque hace mucho frío. Cuando llega entramos los dos a ese misterioso mundo donde no vive nadie más y no es Viernes, sino ducha caliente, cena en la ventana, película de zombies.
* Eso precisamente es lo que se está cagando mi forma de escribir. Mucha mariposita, mucha florecita, mucho cielo color pastel. A mi me gustaba más cuando escribía ebria, desesperada, empastillada o al borde del colapso nervioso. Sexo y drogas es lo que necesita esta vaina, calzones ajenos y Bourbon, tacones quebrados y moretes, desearle el mal a otros, dar gritos despedazados contra el asfalto, unos dientes voladores, un vidrio clavado en el pie.
* Las de adentro dicen que no me acomode, que volverán de entre los muertos con las ropas medio puestas y con ganas de morder. Eso será la otra semana, supongo, porque la felicidad no genera tanto material. La negra Tomasa, en su intoxicación alcohólica, se llevó en las tripas cosas que había que entregar, incluyendo un cuento a medio terminar y un calendario lleno de compromisos que ahora me salen por todos lados de repente, como los zombies en las películas.
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22 /4 /08
Hoy caí de culo. No figurativamente, sino literalmente. “Are you ok?”- dijo el cowboy. “It’s ok” dije yo, refiriéndome exclusivamente al lente de la cámara, por suerte íntegro. Íbamos bajando la colina por el camino de las piedritas y yo, por supuesto, andaba con unos zapatos muy bonitos. El viento de la primavera no perdona ni las distracciones más silenciosas. Después de eso hablé poco, comí nada, no compré ni un libro cuando vagamos por City Lights, no fui a yoga. El cowboy, que ya no sabe cómo ser más bueno, me llenó una tina de agua hirviendo, sales de naranja, velas, calentador, Chablis. No lloré ni un poquito, ni porque la nalga se me está poniendo morada ni porque el señor del tiempo dice que mañana va a llover ni porque la vida es bruta y desencantada ante los ingenuos, ni porque caer de culo no tiene nada que ver el suelo sino con caer en cuenta de que es posible vivir en desconcierto, y dudar por un segundo si vale la pena levantarse.
* Una vez que terminé de escribir el párrafo anterior, moví la mano demasiado a la izquierda y le tiré la copa de vino blanco a mi laptop nueva, prácticamente asesinándola al instante, como para comprobar el punto. Y entonces lloré.
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18 /4 /08
Hace días hace algo parecido al calor. Voy tarde para clases y faltan tres cuadras llenas de obstáculos mudos, debajo de la música en los audífonos. Desde aquí no se ve el mar. Antes de salir vi los mensajes últimamente escasos, repetidos, o de alguien que no me quiere. Mi teléfono podría existir con un sólo número programable. Tengo una de esas bombillitas para leer sin molestar al vecino inmediato. Me he construido tantas instancias de soledad que no sé qué voy a hacer cuando vuelva a vivir entre los mortales. Por ahora trato de inventarme problemas, pero no tengo. Lo único que me agita es un bloqueo discapacitante. Aparte de eso, los días son un esfuerzo voluntarioso pero tenue para pertenecer a alguna parte: desde que evidentemente ya no soy de allá y menos de aquí, me he propuesto observar de cerca las cosas que crecen solas, regadas por las estaciones, a ver cómo hacen.
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11 /4 /08
* Ir a ver a mi familia y amigos es como irse de tanda dos semanas: tomar mucho, comer en desorden, no hacer ni un minuto de ejercicio y no trabajar prácticamente nada. Volver es despertar con una resaca asquerosa y violenta, solo que bien se acuerda uno de hasta los detalles más vergonzosos, y no le queda más que mitigar los daños tropicales de mala gana.
* A los vecinos les dió por darle a martillazos a la pared al lado de mi escritorio, justo donde hace más de un año nos bloquearon una ventana con una adorable plancha de madera de octava calidad. Ya no se qué hacer sin que me implique un arresto.
* En estos días asisto a mis primeras entrevistas de trabajo desde el año dos mil. El proceso es, digamos, disociativo de la identidad. En la que mejor me ha ido es porque prácticamente me agarré con el entrevistador: de seguro quedó intrigado por mi impertinencia y quiere un segundo round.
* En el asiento de atrás en el avión hablaba una californiana de esas major en sociología, que tienen la cara tostadísima por el sol, que andan en vestido hippie y en chanclas ergonómicas horribles. Fue a la playa a aprender Español (porque esa gente nunca se va de vacaciones, sino es a tener meaningful learning experiences). También quiso quedarse con una familia tica para observar la cotidianeidad al natural pero parece que “no la entendieron” porque no le dieron pelota. Por un momento contemplé con infinita tristeza mi tenedor de plástico.
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