barbería

29 /3 /08

Mi padre asiste regularmente a la barbería del pueblo, no sólo por que las chicas del salón que le lavan el pelo y le hacen masaje le cobran muy caro, sino porque la conversación es mucho mejor en el diminuto local de puertas abiertas, navajas asesinas y cepillos antiguos. Los temas de discusión, normalmente orientados a la compra y venta de vacas, pickups, motos o pedazos de tierra, se desviaron momentáneamente cuando la Extra abrió en portada con la foto de un feliz y peludo hombre embarazado, quien por suerte había conservado el útero que le sobraba de una vida anterior. Mi padre participó contentísimo en las elaboraciones bioéticas del caso, de los “hasta dónde ha llegado la ciencia” y alguno que otro chiste adolescente. Nadie se puso a disertar mucho sobre la transexualidad. Mi padre, feliz, más bien se dedicó a imaginarse un futuro donde los chismes de barbería se ponen todavía mejores: la panza de aquel carajo empieza a parecer sospechosa, el nombre de la criatura se discute a puros manotazos en la espalda, y entre todos los clientes se organiza un guaro shower con mejenga dedicada al embarazado. Algún día, pa.

desiertos

22 /3 /08

Los primeros días de la primavera han pasado desiertos. Después del desayuno en silencio subí la colina y me senté a ver desde arriba la ciudad cuadriculada, moviéndose en pequeños ríos eléctricos, llenándose de gente que se va despertando y sale a ver el mundo en los balcones de madera. Llevé un cuaderno y la cámara. Empecé a sacarme espinas del pecho, una por una, y las fui poniendo en montoncitos el cuaderno, como si las hubiera vivido otra niña que por ahora se llama Malvina. Lloré un poquito por ella y por mi. La cámara me sirvió menos porque no quise fotografiar la colina mitad en verde, las flores salvajes en el viento. Prefiero guardarlas para recordarlas exactamente como no eran, así como me acuerdo de todas las cosas.

dream on

18 /3 /08

La economía se fue a la mierda. Dice Larry Elliot en The Guardian, que fue “un gigantesco fraude perpetrado por la élite financiera a expensas de los Americanos ordinarios”. Eso, mas los tres tristes trillones de dólares que ya ha costado aquel otro fraude, al que ya estábamos acostumbrados. Los Americanos ordinarios, consecuentemente, hoy están construyendo sus precarios, después de que le pasó un huracán por encima a sus aspiraciones más ordinarias. No son vagabundos ni drogadictos: son la clase media viviendo en un carro, comiendo en un plato de estereofón, preguntándose cómo pudo pasarles semejante cosa. Los demás sudan, se agarran de la silla, piensan “lalala no está pasando, no es en mi barrio/empresa/familia, lalalala”. Los medios? Bueno, en este post solo hay links a youtube y a la BBC. Háganse una idea.

Los que estaban pensando en venirse mejor vayan buscando uno de esos trabajos fantásticos que ya deben estar llegando con el TLC. No?

SoMa

15 /3 /08

Escojo un vestido, no muy corto, medias caladas y zapatos de tacón. Poco a poco voy aprendiendo a perder el miedo de ir demasiado arreglada a ninguna parte, porque sin importar la ocasión siempre aparecerá algún extra en botas de bombero, un sombrero nepalí o un vestido victoriano. Yo mejor me visto para una escena que no existe, donde las señoras se cuidan del frío con un chal y los muchachos usan trajes que les quedan bien en los hombros.
La fiesta es en el centro, en uno de esos antiguos clubes para caballeros en que el salón principal es una biblioteca de piso a suelo y de pared a pared, y por las ventanas se ven otras ventanas de edificios altos, iluminados por desconocidos.
Ya ahí sobre el tintineo de un jazz inofensivo, los pequeños grupos de gente cuentan historias de los sesenta, cuando integraron grupos anarquistas o consumieron alucinógenos hasta perderse en la Sierra Nevada, todo como prólogo para decir que ahora son padres y abuelos felices, con buen gusto para la comida y una casa en las montañas. El un close up el anfitrión se ríe y conversa con los meseros sobre las fresas bañadas en chocolate. En cualquier secuencia uno está revisando los lomos idénticos de la enciclopedia geográfica de California con un whisky en la mano, hasta que llega alguien a presentarse y a presentarle a su partner, a hablar de su insólita carrera como escritora de historias cortas en un garaje de Los Angeles.
Desaparecemos temprano diciendo adiós con la mano y caminamos unas cuadras en el frío de la noche y nos confundimos en la acera con las parejas que salen a esa hora del cine. La película es buena.

clap hands

10 /3 /08

A partir de ya los días comienzan a hacerse más lentos y relativamente tibios. San Francisco vuelve a la normalidad, entra a un bar con tres perros, pide un bourbon y una pinta de fat tire, se sienta en un banco con sol, saca una pipa asquerosa y se pone a conversar con cualquiera.

Un día vamos a tener un final de película vieja, donde el muchacho se queda con la muchacha y se van alejando con la música, agarrados de los dedos. Hoy no. Hoy hay una pila de discos de los noventa, unas camisas de botones arrugadas en montoncitos, varios libros descabezados en la acera, y un tipo que recoge todo en silencio y lo va tirando en el asiento de atrás de un carro prestado.

Del McDonald’s sale una mujer gorda y sin cejas que vocifera “vuelva pa’trás mijo” viendo cómo el fruto de sus entrañas corre ya una cuadra de ciudad adelante, detrás de un balón de fútbol imaginario. El imparable, el incontenible, el irrefrenable, el del pelito negro y la camiseta de spiderman, abre los brazos y sale volando por encima de los cables del tranvía y los apartamentos en ruinas que hoy abrieron las ventanas por primera vez en todo el año.

El cielo se asfixia y se va poniendo morado como a las siete, el frío empieza a barrer la calle y los parques y se encienden las luces en las colinas. Lo que de lejos parece una requisa de cerca son los chinos de las tiendas cerrando, apoyados contra las cortinas de hierro. Afuera caminamos buscándonos en direcciones opuestas, cada uno con su música y con las manos inquietas en el abrigo.

down is the new up

5 /3 /08

* Me gusta mucho This American Life. Me ha despertado un nuevo gusto por la radio bien hecha. Ahora oigo radio todo el tiempo suscribiéndome a numerosos podcasts. Es muy útil en el bus que hace diez paradas en cuatro cuadras y en cada una recoge ocho viejitos y una silla de ruedas. Además ahora sé un montón de superficialidades sobre la física del viaje en el tiempo, los exámenes pélvicos y varias historias de gente que se está muriendo de cáncer o de amor.

* He estado por escribir inumerables comentarios malintencionados de “la vida real”, pero la vida real me da demasiado material. Por ejemplo Beto me pasó un artículo de la nación donde anuncian la construcción de esa horriblitud de mall glorificado, que demuestra que la gente de plata de Costa Rica decidió abandonar conceptualmente San José. En vez de arreglarlo están haciendo todavía más grande un suburbio horroroso que como en Disney, tenga las ventajas de una ciudad pero de mentiras. No puedo explicar la mezcla de asco y risa que me da. Solo queda la venganza marginal de que algunos de los suburbios de hoy serán los tugurios de mañana cuando exploten las deudas impagables. O cuando llegue el super chic aburguesamiento de la ciudad y los profesionales de clase media desplacen a los pobres de chepe centro. Quién sabe.

* Julia me hizo el favor de hacerme una entrevista para su nuevo blog, Arroz y Frijoles. Y digo el favor porque cuando uno es un pelagatos pro, casi nunca le preguntan a uno qué es lo que piensa de nada, y posiblemente eso es bueno. De las que he leído (no todas, porque son largas) una de las que más me gustan es la de Sergio Pacheco.

* Las noticias felices de estos días llegan en fotos pixeladas de muchas mujeres pintando una vaca en la que fue la sala de mi casa. Por primera vez en meses siento esa puntada en el estómago. Esa misma.


Pinta vacas

split needles

27 /2 /08

* Estoy triste y con escalofríos en una de las ciudades más hermosas de la tierra. En cámara, transmitiendo para todo el planeta, no se me nota.

* Es difícil explicarle a los demás por qué uno no cree en el futuro; es mejor guardarse ciertas atrocidades. La galleta de la fortuna no tiene idea de sus alcances destructivos.

* Leí este libro Pudor de Roncagliolo y por más que traté no pude, me pareció horrible. Posiblemente soy yo. A veces quiero apagar la música espantosa que suena en alguna parte y pronto descubro que sólo existe en mi cabeza.

* Tengo un tatuaje temporal que me encanta. Será trampa si me lo sigo poniendo en el mismo lugar cada semana, toda la vida?

esa chica

22 /2 /08

Hoy en la mañana me desperté como si hubiera sido una niña feliz, más feliz que cualquier otra, y es porque me acordé de ella: la chica que para mi, hasta hoy, podría ser la más hermosa del mundo. De ella no tengo primer recuerdo, sino una extendida sensación de querer estar juntas desde siempre. Ella es lo único que hace parecer a mi infancia una época de descontrolada felicidad.

Yo la quise como sólo una niña puede querer a otra, y ella fue a cambio la primera niña que me quiso naturalmente. Cuando busco dentro de mí, todavía está ahí ese amor desorbitado, esa dicha insólita y descarrilada, cargada de marionetas, cuadernos, casettes y helados de doble paleta. Mis semanas eran solitarias y duras, llenas de dolores y desencantos, pero al final estába la fortaleza invencible de los años donde teníamos el gato Manchado y la golondrina Sinhá, una mujer robot en el patio de la abuela, un yoyo de plástico, unas vacaciones en el río, un paquete de cigarrillos mentolados, un teléfono público y una grabadora con radio.

Después tuvimos más. Después tuvimos adolescencias juntas y de alguna forma menos felices, y toda esa parte descolorida donde nos hicimos adultas llenas de arrepentimientos. Y aún de esa parte me acuerdo de todas las ácidas maravillas, las películas de tres horas, los bares, la línea del tren, los ratos que pasamos lejos extrañándonos cuando oímos las mismas canciones. Y en el camino nunca pude dejar de saber que fue mi primera hermana, unas manos para guardar mi corazón en la tierra, un salto en el pecho cuando la veo de lejos.

at the romance & mistery section

19 /2 /08

* Como tengo pocas tristezas, las tristezas viejas vuelven a visitarme en sueños. Anoche debía decidir si volver a dormir con un exnovio por pura desesperación a pesar de que eso significaba (significó?) despojarme de todo excedente de autoestima. De un susto me despierto y roncando a mi lado está la realidad que cancela las posibilidades de tal disparate. Mi soltería me aterroriza en retrospectiva.

* Estar encerrada en la casa me hace pensar demasiado, y durante días se van amontonando los pensamientos encima del frutero, del plato vacío, de la ropa sin doblar. Tiquetes de concierto sin usar, cenas canceladas, visitas perdidas, revueltos con pensamientos atascados en la rejilla del baño que no se van. Tenía que salir de la casa aunque en el proceso contagie a toda la ciudad de tuberculosis, aunque esté haciendo un frío que me alborota la tos y los dolores menstruales. Salir tiene sus recompensas también, por ejemplo, frente a mi hay una rara avis que vino a la biblioteca a ver los últimos números de las revistas de chismes: jamás se me había ocurrido que alguien hiciera semejante cosa.

* Tengo seis dólares en la cartera, veinticinco dólares en el banco que aseguran que la cuenta siga abierta, y un salario segurito e inaccesible en un lejano país centroamericano. Calculo un dólar y medio cuesta el bus, y el transfer me dura para las siete de la noche entonces puedo volver con el mismo. Si el cowboy o mi madre se enteraran de que ando en la calle con $4.5 vendrían a rescatarme de inmediato como a un perrito idiota que huyó durante una tormenta. Yo, obvio, me niego.

esta madrugada

16 /2 /08

Natalia había tomado fotos macro de una mariposa y ahora era ella, su cabeza sonriente, estaba pegada perfectamente al insecto a con detalles microscópicos,: imposible saber dónde terminaba una y empezaba la otra.

Lo de Carlos era un capullo bulboso con gotas de rocío, una planta verde y taciturna, que aparentemente no hacía nada. No tuve paciencia para ver la sutil transformación.

German había dibujado una de esas palomillas que parecen papelitos olvidados en el aire, como una amapola pálida y arrugada en una rama. De repente se desenrollaba en un mini espectáculo de palitos y sedas, y se echaba a volar.

Nelson era un monjecillo franciscano, bajito y calvo, animado al trazo y sin colores. En media conversación conmigo levantaba un dedo y decía: un momento. Entonces convertía en un pájaro gigante que abría el pico y del pico salía un huevo. El huevo se abría y salía un anuncio escrito en un pergamino: Libro mágico de mutantes fotoanimados, ordénelo ahora.