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		<title>back in your own backyard</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 18:50:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[* No duermo nada y me despierto al otro día totalmente derrotada por la batalla. El café sirve para curar las heridas superficiales. Las noches me tratan mal, a pesar de que trato de caer inconsciente viendo películas de los años sesenta, esas películas de dos horas a las que le sobra una hora de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* No duermo nada y me despierto al otro día totalmente derrotada por la batalla. El café sirve para curar las heridas superficiales.  Las noches me tratan mal, a pesar de que trato de caer inconsciente viendo películas de los años sesenta, esas películas de dos horas a las que le sobra una hora de larguísimas secuencias de amor, pelea y/o persecución.   </p>
<p>* Me gusta trabajar con la ventana abierta y adivinar la ciudad que suena de lejos. La autopista, las bodegas, los barcos, una sierra eléctrica, unos niños, unos perros, unas gallinas (!), el gato gordo de la vecina, los conflictos domésticos sobre las cuáles me temo que algún día tendré que rendir declaración.  Por otra parte, cuando salgo a la ciudad y trato de trabajar ahí, todo se me vuelve imposible.  Me encuentro en la calle extrañando la mesa de mi cocina.</p>
<p>*  Trataré de usar el insomnio, el desconcierto de los viajes, el síndrome de ansiedad generalizada o este dolor de garganta horrible como pretexto.  Resultados mediocres all around.  Aquí una muestra en Los Superdemokraticos, <a href="http://superdemokraticos.com/es/formular/">sobre la ciudadanía</a>:</p>
<blockquote><p>Voy marcando diligentemente las casillas del formulario que revela las neurosis norteamericanas: No, nunca he sido miembro del Partido Comunista, nunca quise derrocar a ningún gobierno por la fuerza más que en mis sueños más profundos, no trabajé con el gobierno Nazi en Alemania entre 1933 y 1945, he sido buena y jamás me han arrestado, no he ejercido la prostitución ni la bigamia, no he apostado ilegalmente y no sé a qué se refieren con ser un borracho habitual, pero por si acaso voy a marcar que no.</p></blockquote>
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		<title>she&#8217;s crafty</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Aug 2010 17:09:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[* Hay cosas que son aparentemente inútiles hasta que se tienen. Por ejemplo, una tina de baño: no hay nada que no se me haya curado en esa tina verde donde apenas quepo. Parece tener una tubería amplia y poderosa, por donde se van las angustias pequeñas. * Un texto mío sobre las extrañas conversaciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* Hay cosas que son aparentemente inútiles hasta que se tienen. Por ejemplo, una tina de baño: no hay nada que no se me haya curado en esa tina verde donde apenas quepo.   Parece tener una tubería amplia y poderosa, por donde se van las angustias pequeñas.</p>
<p>* Un texto mío sobre las extrañas conversaciones que me toca tener sobre Costa Rica ha sido publicado<a href="http://www.fusildechispas.com/2010/08/ingredientes-artificiales/"> en el Fusil de Chispas</a>.  Los comentarios son la mejor parte.</p>
<blockquote><p>[...] me gusta sobre todo contar las cosas que son iguales a las de aquí, iguales a las de todo el mundo, con nacimientos, fiestas, libros, películas, platos de comida, música, tragos, cumpleaños y funerales. Me gusta hablar más de personas que de lugares, porque para mi la gente es lo que hace al país y no al revés.</p></blockquote>
<p>* Hay otro texto del mes pasado que no había enlazado, <a href="http://superdemokraticos.com/es/regen-und-korper/">en Los Superdemokraticos</a>. El tema era el cuerpo, y me tocó escribirlo estando precisamente en Costa Rica.  </p>
<blockquote><p>En la mañana tomo café y salgo descalza a tocar la tierra. Hay caracoles diminutos, pequeñísimas ranas, lagartijas que corren sobre el agua, gusanos que se arrastran entre los dedos. Todos están saliendo espantados del barro, bombardeados por las gotas y los pasos, alertados por la cafeína que ahora sudo. Ellos y yo, aquí todos somos cuerpo.</p></blockquote>
<p>* Normalmente no me gustan los hoteles, supongo que me deprimían y me recordaban una vida solitaria y sin ninguna certeza.  Estos días estoy viviendo en un hotel donde se hacía la ceremonia de los Oscars en los 1920s.  Todas las mañanas bajo por el ascensor y salgo <a href="http://www.flickr.com/photos/53413571@N00/1812061716/">a esto</a>.  Ya tengo mi lugar para tomar café, ya tengo <a href="http://www.flickr.com/photos/zagatbuzz/3651813366/">un bar</a> que me gusta, sé dónde está la farmacia y estoy frente a <a href="http://www.flickr.com/photos/kros/4146022957/">la Biblioteca</a>, donde se puede trabajar. Todo esto podría cambiar en cualquier momento, en otra ciudad. La diferencia ahora, me imagino, es que existen en mi vida otras constantes perfectas.</p>
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		<title>little shop of horrors</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2010 17:34:11 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[* Lo más difícil de contar Los Ángeles es que sólo se puede contar una cuadra a la vez, y hay miles. Camino mucho por una ciudad que no se camina, y uso con empeño el sistema de transporte público. Cada vez que le menciono a alguien que me gustaría vivir en Los Ángeles recibo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* Lo más difícil de contar Los Ángeles es que sólo se puede contar una cuadra a la vez, y hay miles. Camino mucho por una ciudad que no se camina, y uso con empeño el sistema de transporte público.  Cada vez que le menciono a alguien que me gustaría vivir en Los Ángeles recibo respuestas escandalizadas,  y me imagino lo que se imaginan.  Mi consejo para visitar Los Ángeles es tomar una guía turística y evitar sistemáticamente todo lo que la guía diga.  Olvide la playa, que está no sólo lejísimos, sino en otra dimensión espiritual.   Olvide Hollywood.  Ignore a los millonarios que son iguales en todas partes, déjelos pasar con sus juguetes.  Desobedezca la orden de no caminar por el downtown de noche, porque si lo hiciera, cómo llegaría al restaurante vietnamita donde un mesero enseña a exprimir una toronja en la mesa,  o al bar donde los artistas desesperados tratan de ligar con los banqueros y las abogadas, o al teatro que mezcla la lucha libre y el burlesque?  </p>
<p>* Ayer volví a la habitación de hotel para descubrir que en Costa Rica, mi país lejano, <a href="http://www.fusildechispas.com/2010/08/la-sala-iv-jalo-la-cadena/">prevalece el orden jurídico</a> que se supone que teníamos, y los compromisos que adquirimos bajo numerosos tratados de Derechos Humanos.  Uno no debería sentirse inseguro sobre ese tipo de cosas, pero ya nos hemos quemado en el pasado, y si hay algo que apesta a subdesarrollo es la inseguridad jurídica, no creen?  La normalidad es a veces la más agradable de las sorpresas. </p>
<p>* Anoche estaba sentada en el bar del hotel con el cowboy quién, siempre un caballero, se excusó de la mesa para atender una llamada urgente.   En la mesa de al lado había una pareja asiática, él en sus cuarentas, vestido de traje, ella vestida informalmente, en sus treintas.  Él se levantó de la mesa y se fue al baño.   Las dos nos quedamos solas aplanchándonos la ropa con las manos, acomodándonos en el asiento, dándole un sorbito a un gin and tonic.  Nos vimos y sonreímos por un segundo y creo que nos reconocimos con calma, entre dos de esas esposas que acompañan a sus maridos a los viajes de negocios.   </p>
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		<title>have love will travel</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Aug 2010 20:28:28 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[* El último día en San José fue complicado, como todos los últimos días. Llueve un poco, enorme la fila en el banco, no están las pastillas que necesito en la farmacia, todas esas cosas que terminan siendo como tener una roncha en la planta del pie. Me acaba de llamar un muchacho que lee [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* El último día en San José fue complicado, como todos los últimos días.  Llueve un poco,  enorme la fila en el banco, no están las pastillas que necesito en la farmacia, todas esas cosas que terminan siendo como tener una roncha en la planta del pie.  Me acaba de llamar un muchacho que lee este blog y que me conoció hace como quince años, y yo no me acuerdo.   Esa época está borrada con mucho esfuerzo, y yo de verdad lo siento.</p>
<p>* El día del aeropuerto es transaccional.  Hay oficinas y aduanas, y bandas transportadoras en las que se supone que hay que caminar más rápido pero siempre hay algún grupo de babosos que se queda parado.  Hay comida pésima de siete dólares, tragos pésimos de siete dólares, libros pésimos de siete dólares, y sé dónde encontrarlos todos.  Tengo ya años de hacer esto, de pasar por los pasillos de vidrio y las exhibiciones temporales de artistas locales.  He pasado por un huracán y un temblor en un aeropuerto, he sido detenida por la inmigración canadiense y la policía mexicana, he perdido aviones y corrido con los zapatos en la mano para no perderlos.  Estereotipo a la gente de acuerdo a su edad, etnia y configuración familiar para saber qué fila será la más rápida en migración y aduanas, aprecio agudamente el valor de canje de las millas en diferentes aerolíneas y sé elegir el punto perfecto para dormir en el suelo de una sala de abordaje, como George Clooney en esa película de la muchacha flaca.  Ya no hay crisis aeroportuaria que me detenga, pero cada vez odio más la parte del avión.</p>
<p>* Vuelvo a casa, a mi plácida vida de una ama de casa que no limpia.  Busco trabajo un rato en la mañana, y salgo a caminar por el barrio donde, en mi ausencia, han abierto un par de restaurantes y un par de cafés diminutos de esos que se llenan de inmediato de gente con laptop.  Aquí está helando pero por suerte ya El Lunes me toca el siguiente avión, para Los Ángeles. </p>
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		<title>bomb yourself</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 18:56:12 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Eso de decirle bombas a las gasolineras me tiene confundida. El otro día mi hermana dijo: &#8220;en este pueblito lo que hace falta es poner una bomba&#8221;. Y yo estuve de acuerdo. Y no estábamos hablando de lo mismo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Eso de decirle bombas a las gasolineras me tiene confundida.  El otro día mi hermana dijo:  &#8220;en este pueblito lo que hace falta es poner una bomba&#8221;.  Y yo estuve de acuerdo.  Y no estábamos hablando de lo mismo.</p>
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		<title>dos textos</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 19:11:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hay dos textos míos dando vueltas por la red, ahora que estoy en medio de la selva lluviosa. Una gata y dos gatitos vienen a comer y a dormir conmigo, a falta de gallinas. Uno: para mi querido Fusil de Chispas, un texto tiernito que tenía guardado hace rato y terminé de sacar impulsada por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay dos textos míos dando vueltas por la red, ahora que estoy en medio de la selva lluviosa.  Una gata y dos gatitos vienen a comer y a dormir conmigo, a falta de gallinas. </p>
<p>Uno:  para mi querido <a href="http://www.fusildechispas.com/">Fusil de Chispas</a>, un texto tiernito que tenía guardado hace rato y terminé de sacar impulsada por el cariño. <a href="http://www.fusildechispas.com/2010/07/perros-y-gatos/"> Perros y Gatos</a>:</p>
<blockquote><p>Crecí rodeada de amigos de papás divorciados, separados, vueltos a juntar. Había gente que creció con su abuela, o con un familiar temporalmente en otro país, otros que vivían en San José con una tía, alguno que otro adoptado, un montón vivían sólo con la mamá, alguno que otro con el papá, otros en una sola canasta de hermanos y primos. Nada de eso era extraño, todas esas eran consideradas familias comunes y corrientes. Gatos y perros, viviendo juntos! De seguro por eso cuando conocí a la primera pareja gay ni me di cuenta. Cuando me explicaron me pareció más o menos aburrido, como todo lo de los adultos. Me encogí de hombros y seguí jugando.</p></blockquote>
<p>Dos:  enferma de la panza gracias a los bichos tropicales, y total un poco triste, el texto de <a href="http://superdemokraticos.com/es/">Los Superdemokráticos</a> sobre la intimidad.  Se llama <a href="http://superdemokraticos.com/es/schmutzige-glaser-volle-aschenbecher/">Vasos sucios, ceniceros llenos</a>:</p>
<blockquote><p>A veces me gustaría poder volver a enamorarme de cualquiera que pasara por la calle y contarle todos mis miedos. A veces me gusta ir descubriendo cómo, a fuerza de hablar de las mismas pequeñas conversaciones sobre el trabajo y la política, alguien se me ha vuelto imprescindible.</p></blockquote>
<p>El campo de al lado se llenó de flores y mi casa está llena de mariposas, vivas, muertas y a medio camino.  Vuelvo a eso.</p>
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		<title>asleep on a sunbeam</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 22:06:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[* En mi vida había muchos días como este, días en que llueve toda la tarde con una fuerza considerable e irrespetuosa, como si fuera necesario lavar las culpas que se arrastran por la tierra. Ya no hay tantos días así, porque ahora vivo en otra parte donde no llueve mucho y donde no tengo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* En mi vida había muchos días como este, días en que llueve toda la tarde con una fuerza considerable e irrespetuosa, como si fuera necesario lavar las culpas que se arrastran por la tierra.  Ya no hay tantos días así, porque ahora vivo en otra parte donde no llueve mucho y donde no tengo la culpa de nada. En este momento, sentada en la misma ventana donde se sienta a ver llover mi madre, he regresado.  </p>
<p>* El segundo día, tomando café, un tema lleva al otro y mi mamá me cuenta que cuando tenía 12 años no podía entrar a la iglesia si se le olvidaba el velo.  Iba a acompañar a su abuela, quien le pedía perdón a Dios por ser mujer, oyendo al padre de La Dolorosa decir quién sabe qué en Latín.  Cuando tenía la mala suerte del olvido, su abuela llevaba un pañuelito para los mocos en la cartera, que terminaba extendido y puesto en su cabeza con todo y mocos.</p>
<p>* Cada vez que me encuentro a alguien que quiera escuchar mi historia de éxito en los Estados Unidos, me toca desilusionar.  Estoy desempleada.  Mi perfil laboral no encaja y encima, estudié algo que ya no existe:  ser periodista es como ser operadora de telégrafos.  Ahora soy escritora, para no decir que soy una estadística de esas que se traen abajo los pronósticos económicos en Wall Street.</p>
<p>* Voy saliendo para una cita para tatuarme.  Mi primer tatuaje me lo hizo el que era mi novio cuando teníamos dieciséis años.   Era una mariposa transparente que parecía sólo a la mitad.  Eso me tocó explicarlo cada vez que alguien la veía: “tiene solo un ala porque está volando”.  Mi adolescencia fue maravillosa: hice lo que quise, me vestí como quise y me corté el pelo como me dio la gana.  Tuve amigos peligrosos e inconvenientes, fui a lugares tétricos y me pasaron cosas que todavía no me atrevo a contarle a nadie que no sepa ya y me esté guardando el secreto.  Y aún así sobreviví, aunque el año 95 es nebuloso.  Fui una mariposilla volando, y a partir de mañana soy tres pájaros tristes.</p>
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		<title>love will tear us apart</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 19:20:28 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[* Después de un tiempo uno sólo regresa para ver a la gente que admira, y de quien tiene la sospecha de que querrá para siempre. Cada vez que te veo me incendio, y ese tipo de cosas. * Sentada en el avión cagada del miedo, me pregunto a qué horas me volví esta persona [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* Después de un tiempo uno sólo regresa para ver a la gente que admira, y de quien tiene la sospecha de que querrá para siempre.  Cada vez que te veo me <a href="http://itzpapalotl.org/2009/02/24/let-it-take-you/">incendio</a>, y ese tipo de cosas.</p>
<p>* Sentada en el avión cagada del miedo, me pregunto a qué horas me volví esta persona asustadiza y quejumbrosa.  Yo, que una vez fui valiente, ahora hiperventilo cuando el avión pega un brinquito o me me vomito cuando se nos atraviesa un trailer en la autopista.  En el primer mundo me estoy volviendo una vieja pendeja.   Ahora necesito andar con un pastillero en el bolso porque a pesar de que todos los días corro 5 kilómetros sin problemas, siento que en cualquier momento me duele la cabeza, se me revuelve la panza, me sudan los codos, qué se yo qué otras idioteces hipocondríacas me atormentarán durante el viaje de 15 minutos al supermercado y de regreso. Ya ni siquiera puedo beber para tranquilizame, porque si me emborracho no duermo.  </p>
<p>* Ayer entre los hermanos nos dimos cuenta de que todos padecemos de la misma trágica condición:  lloramos de la risa con extrema facilidad.  No parece tan malo hasta que uno, como un idiota, se tiene que ir a lavar la cara después de escuchar un chiste medianamente razonable. Qué verguenza. Todas las carcajadas vienen bañadas en lágrimas. Ayer lloramos todos juntos durante todo el almuerzo y el mesero no sabía qué hacer.  </p>
<p>*  Otro texto mío, <a href="http://superdemokraticos.com/es/nicht-einmal-schwung-holen-in-der-vergangenheit/">esta vez sobre la historia</a>, interrumpe una serie perfectamente buena de los superdemokraticos.</p>
<p>* Mi blog se está comportando como un esquizofrénico y flota entre dos opiniones: que todo es spam, o que nada es spam.  Sepan disculpar los conflictos idiosincráticos de este aparato.  </p>
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		<title>seven nation army</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Jul 2010 18:35:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[* Antes de despegar el avión que me traería a Costa Rica leí lo de los marines gringos autorizados para traer toda su parafernalia militar al país. Todavía un par de horas después andaba buscando algo que decir, no aspirando a encontrar algo apto para toda la familia, sino que alcanzara a para expresar la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* Antes de despegar el avión que me traería a Costa Rica leí lo de los marines gringos autorizados para traer toda su parafernalia militar al país.  Todavía un par de horas después andaba buscando algo que decir, no aspirando a encontrar algo apto para toda la familia, sino que alcanzara a para expresar la magnitud apoteósica de mi desprecio por la clase política artífice de todo esto.   Ese permiso jamás debió ser otorgado y ese tal arreglo de cooperación jamás debió ser negociado.  Eso es así.</p>
<p>* Sin embargo, no entiendo la histeria tampoco.  Esos permisos se negociaron como parte de los muchos tratos que tiene Costa Rica con el gobierno norteamericano.  Si insistimos en votar por gente que nos hace cada vez más aliados de un país con altísimas inversiones militares, no sé cómo pretendemos jamás llegar a ver a un soldado caminando por ahí o permanecer inmunes al sistema político de nuestro principal aliado comercial. Si se vota por la derecha, si se elige la derecha, se prefiere la derecha, se admira la derecha, se respalda la derecha y se promueven las instituciones de la derecha, la presencia militar más bien ya se estaba tardando.  </p>
<p>* Si yo fuera un negociador gringo y veo que el trato está hecho, no habría pedido permiso a la Asamblea Legislativa para meter un buque, después permiso para meter otro, después otro. Yo pido permiso de una vez para meter el máximo número de buques y soldados que se me ocurre que algún día podrían estar destinados a una operación en esta área. No quiere decir que vayan a venir mañana, “a invadirnos” como dicen por ahí.   Me pregunto cuál es el número autorizado de buques y soldados que pueden circular por Panamá, por ejemplo, un centro de operaciones que tiene mucho más sentido en caso de que algo pase en Colombia o Venezuela.  </p>
<p>* El Departamento de Defensa ha estado raspando la olla para encontrar armamento y 10mil adolescentes que mandar a Afganistán, una guerra de popularidad decreciente pero que la opinión pública todavía cree que se puede ganar, además está Bin Laden y toda esa vaina.  La guerra contra las drogas tiene la popularidad más o menos a dos metros bajo tierra, y nadie en sus cabales políticos en Estados Unidos mandaría  a invadir un país que comparte el espacio geopolítico imaginario de los gringos con Cancún, las Bahamas y otros centros vacacionales donde se puede traer a los chiquitos.  Especialmente teniendo otras opciones.</p>
<p>* Más de uno estará salivando con el despliegue de armas, buques y uniformes. Más de uno piensa que “los gringos” son una fuerza organizada y racional que tiene capacidad de resolución de problemas transnacionales, como el narcotráfico.  Más de uno cree que Obama personalmente firmó la orden de invasión.  Más de uno ya está pensando en detenciones extrajudiciales y persecución política, cuando ni una sola bota se ha puesto en territorio nacional.  Más de uno se imagina que vendrán los gringos a sacar a piedreros los de los lotes baldíos. Más de uno debe considerar que Costa Rica es tan pero tan pero tan importante en el gran esquema de las cosas, que era cuestión de tiempo antes de que nos vinieran a salvar/invadir los gringos.</p>
<p>* Ejecutivo y legislativo mayoritario, incluyendo sus lucrativas ramas comerciales, todos una bola de mierda, de arrastrados y pendejos.  Feliz de estar de vuelta, por cierto.</p>
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		<title>north country blues</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jun 2010 00:39:06 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Al escribir esto, hace más de 24 horas salimos de Detroit.  Ahí pasamos una semana de trabajo y sueño, trabajo y sueño.  Yo, la que siempre está sentada en la soledad de su cocina sin hablar con nadie, tuve que hablar con más o menos cien personas al día en una conferencia de más de 16mil activistas sociales.   La última tarde huí y me encerré en el carro, dentro de un parqueo, como si me estuvieran persiguiendo.  Quería soledad y sobre todo, no quería tener que ver nada con las múltiples luchas que necesitan ser emprendidas en el mundo.</p>
<p>Detroit está frente a un río muy azul donde, al otro lado ya es Canadá pero en una de esas sorpresas de la geografía, estamos mirando hacia el Sur.   El puño de<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Joe_Louis"> Joe Louis, el Brown Bomber</a>, flota inmortalizado en una enorme escultura <a href="http://www.youtube.com/watch?v=0yqMUB2RMkc">de bronce</a>.  Los edificios vacíos de la revolución automovilística han sido grafitteados, recuperados por artistas o habitados por aquellos  a los que la tasa de desempleo les da igual.  En el parque suena un festival lleno de mujeres negras en pantalones muy cortos, bailando para que las vean los muchachos.   El <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Spirit_of_Detroit">espíritu de Detroit </a>sostiene una cosa en cada mano, un poco confundido por las incertidumbres del futuro.</p>
<p>Escribo sentada en el asiento de atrás de la van, entre dormida y despierta, y voy teniendo pesadillas.  En el asiento de adelante está el cowboy, manejando y oyendo una canción de Bob Dylan que se entreteje con mis sueños.  Farewell Angelina, the sky is trembling and I must leave.</p>
<p>Afuera está Nebraska.  Entre Omaha y la frontera con Wyoming hay un gran pedazo de nada.  Llevamos un billón de horas observando el mismo paisaje, misericordiosamente interrumpido por una parada en un bar para comer y ver el segundo tiempo del partido Argentina-México.  Celebré  los goles de forma escandalosa y solitaria ante la mirada atónita del bartender, para quien sin lugar a dudas debo ser Mexicana.</p>
<p>En cada pueblito me imagino cómo será vivir ahí.  Dejarlo todo y vivir en Spring Valley,  Illinois, Avoca, Iowa o Kearney, Nebraska. Habitar una de esas casitas al lado de un lago, con un bote de remos, y alimentar a las gallinas.   Saber cuánto cuesta un tractor y un atado de paja de los que parecen rollos de sushi gigantes.  Ver pasar las tormentas rodando por el cielo, que es más grande que todo lo que existe.  Resignarnos al invierno atrapados bajo una sábana de nieve.  Creo que sería una pesadilla.  No soy suficientemente fuerte para plantarme todos los días ante los ojitos racistas que me hacen las mujeres cuando me encuentran en el baño del restaurante.  </p>
<p>Es el final de la tarde.  Todavía estamos en Nebraska y Wyoming está sólo a 20 millas, pero no sabemos qué nos espera del otro lado.  Así que paramos en un pueblito viejo que se llama Kimball.  Hay banderas blancas y rojas bordeando la calle principal.  Todo está cerrado porque es domingo, pero está abierto un bar de hace doscientos años, un salón de Bingo cierra después de su sesión semanal de las dos de la tarde, una locomotora de la Union Pacific Railway , y una licorera, por suerte, vende permisos para acampar junto al reservorio.  </p>
<p>Armamos el campamento junto al lago, en un campo de dientes de león.  El cielo se quema, rojo y morado, y se va el sol en la dirección en que van los trenes de 85 vagones, cada media hora, un rumor lejano que nos acompaña toda la noche. </p>
<p>Al otro día, en busca de café e Internet,  paramos en Cheyenne, Wyoming, una ciudad pequeña basada en el intercambio de  trenes que van hacia el pacífico.   Hay cafés y deliciosos bagels, los muchachos que trabajan en la corte salen a tomar el sol durante sus quince minutos de descanso.  Una mujer le explica a otra las vicisitudes de las almas en el purgatorio.  Hay un domo dorado y una biblioteca pública, y una iglesia en la que suenan las campanas.  Se parece a Heredia.</p>
<p>Wyoming, entre las ciudades, es otro montón de nada. Rocas sobre rocas, rocas planas, rocas que parecen una mesa, rocas que parecen un elefante, antílopes que parecen rocas.  De repente, por sorpresa, aparece un pico nevado altísimo y solitario.   Por suerte la carretera es tan plana que se puede no sólo pensar en otra cosa, sino comer y hablar por teléfono mientras se maneja.  No hace falta pretender ponerle atención a Wyoming.</p>
<p>Todo eso cambia cuando se entra a Utah.  El paisaje se transforma en el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=fUq9hynzCVo">del Correcaminos</a>, y siento que en cualquier momento me cae una piedra mormona en la cabeza.   Todo el estado, atravesado de lado a lado, me da mala espina.  Al menos todo es hermoso, y al final está el lago de sal que le da nombre a todo lo que hay por ahí,  los <a href="http://www.flickr.com/photos/jerryting/439433346/">campos de sal multicolor</a>, un desierto que parece un espejo, recorrido por larguísimos trenes herrumbrados.</p>
<p>A 88 millas de que aparezca Nevada empiezan los anuncios que prometen casinos, mujeres, un trago comprado sin muchas complicaciones, un plato de comida, una cama limpia para descansar.  Pero falta mucho, falta mucha arena y sal.  Y mientras avanzamos, por esas cosas de los husos horarios, se va a haciendo más temprano.  </p>
<p>La depresión me comienza a llegar al cruzar la línea con Nevada, y el atardecer me encuentra llorando frente al mismo club que anuncia &#8220;Girls Girls Girls&#8221;.  Me estrello contra una pared de cansancio, pésima alimentación, sueño cuestionable, y lo que parecen miles de horas encerrada en el carro, temiéndole a la muerte inmediata. Se me ocurre que quizás no debí hacer este viaje absurdo.   Lloro y lloro todo el camino, mientras el sol se extingue en el horizonte, hacia donde nos dirigimos.  El cowboy me promete un hotel en Reno, la próxima ciudad. Mike me dice que sonría, que ya casi estamos en casa.  Matt intenta hacerme reír subiéndose a un caballito mecánico en una gasolinera, y eso si sirve un poco.   Me vuelvo a meter al carro.  No queda más.</p>
<p>El cuarto día es placentero y breve.  Voy en posición fetal mientras volamos por las autopistas de California, un juego mortal pero al menos familiar.  Un automóvil ha quedado destrozado en la división de la autopista, y un bombero trata de contener a cuatro niños rubios junto a la escena que les dejará una cicatriz para toda la vida.  Le pido a un dios que no existe que no me mate a diez millas de mi casa, después de haber recorrido 5540 en los últimos días.   Y por supuesto al final cruzamos el puente de la Bahía y ahí está la ciudad, escondida por una extraña capa de niebla lechosa que flota a mediana altura.  </p>
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