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	<title> &#187; inclasificables</title>
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		<title>bomb yourself</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 18:56:12 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Eso de decirle bombas a las gasolineras me tiene confundida. El otro día mi hermana dijo: &#8220;en este pueblito lo que hace falta es poner una bomba&#8221;. Y yo estuve de acuerdo. Y no estábamos hablando de lo mismo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Eso de decirle bombas a las gasolineras me tiene confundida.  El otro día mi hermana dijo:  &#8220;en este pueblito lo que hace falta es poner una bomba&#8221;.  Y yo estuve de acuerdo.  Y no estábamos hablando de lo mismo.</p>
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		<title>dos textos</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 19:11:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hay dos textos míos dando vueltas por la red, ahora que estoy en medio de la selva lluviosa. Una gata y dos gatitos vienen a comer y a dormir conmigo, a falta de gallinas. Uno: para mi querido Fusil de Chispas, un texto tiernito que tenía guardado hace rato y terminé de sacar impulsada por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay dos textos míos dando vueltas por la red, ahora que estoy en medio de la selva lluviosa.  Una gata y dos gatitos vienen a comer y a dormir conmigo, a falta de gallinas. </p>
<p>Uno:  para mi querido <a href="http://www.fusildechispas.com/">Fusil de Chispas</a>, un texto tiernito que tenía guardado hace rato y terminé de sacar impulsada por el cariño. <a href="http://www.fusildechispas.com/2010/07/perros-y-gatos/"> Perros y Gatos</a>:</p>
<blockquote><p>Crecí rodeada de amigos de papás divorciados, separados, vueltos a juntar. Había gente que creció con su abuela, o con un familiar temporalmente en otro país, otros que vivían en San José con una tía, alguno que otro adoptado, un montón vivían sólo con la mamá, alguno que otro con el papá, otros en una sola canasta de hermanos y primos. Nada de eso era extraño, todas esas eran consideradas familias comunes y corrientes. Gatos y perros, viviendo juntos! De seguro por eso cuando conocí a la primera pareja gay ni me di cuenta. Cuando me explicaron me pareció más o menos aburrido, como todo lo de los adultos. Me encogí de hombros y seguí jugando.</p></blockquote>
<p>Dos:  enferma de la panza gracias a los bichos tropicales, y total un poco triste, el texto de <a href="http://superdemokraticos.com/es/">Los Superdemokráticos</a> sobre la intimidad.  Se llama <a href="http://superdemokraticos.com/es/schmutzige-glaser-volle-aschenbecher/">Vasos sucios, ceniceros llenos</a>:</p>
<blockquote><p>A veces me gustaría poder volver a enamorarme de cualquiera que pasara por la calle y contarle todos mis miedos. A veces me gusta ir descubriendo cómo, a fuerza de hablar de las mismas pequeñas conversaciones sobre el trabajo y la política, alguien se me ha vuelto imprescindible.</p></blockquote>
<p>El campo de al lado se llenó de flores y mi casa está llena de mariposas, vivas, muertas y a medio camino.  Vuelvo a eso.</p>
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		<title>asleep on a sunbeam</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 22:06:29 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[* En mi vida había muchos días como este, días en que llueve toda la tarde con una fuerza considerable e irrespetuosa, como si fuera necesario lavar las culpas que se arrastran por la tierra. Ya no hay tantos días así, porque ahora vivo en otra parte donde no llueve mucho y donde no tengo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* En mi vida había muchos días como este, días en que llueve toda la tarde con una fuerza considerable e irrespetuosa, como si fuera necesario lavar las culpas que se arrastran por la tierra.  Ya no hay tantos días así, porque ahora vivo en otra parte donde no llueve mucho y donde no tengo la culpa de nada. En este momento, sentada en la misma ventana donde se sienta a ver llover mi madre, he regresado.  </p>
<p>* El segundo día, tomando café, un tema lleva al otro y mi mamá me cuenta que cuando tenía 12 años no podía entrar a la iglesia si se le olvidaba el velo.  Iba a acompañar a su abuela, quien le pedía perdón a Dios por ser mujer, oyendo al padre de La Dolorosa decir quién sabe qué en Latín.  Cuando tenía la mala suerte del olvido, su abuela llevaba un pañuelito para los mocos en la cartera, que terminaba extendido y puesto en su cabeza con todo y mocos.</p>
<p>* Cada vez que me encuentro a alguien que quiera escuchar mi historia de éxito en los Estados Unidos, me toca desilusionar.  Estoy desempleada.  Mi perfil laboral no encaja y encima, estudié algo que ya no existe:  ser periodista es como ser operadora de telégrafos.  Ahora soy escritora, para no decir que soy una estadística de esas que se traen abajo los pronósticos económicos en Wall Street.</p>
<p>* Voy saliendo para una cita para tatuarme.  Mi primer tatuaje me lo hizo el que era mi novio cuando teníamos dieciséis años.   Era una mariposa transparente que parecía sólo a la mitad.  Eso me tocó explicarlo cada vez que alguien la veía: “tiene solo un ala porque está volando”.  Mi adolescencia fue maravillosa: hice lo que quise, me vestí como quise y me corté el pelo como me dio la gana.  Tuve amigos peligrosos e inconvenientes, fui a lugares tétricos y me pasaron cosas que todavía no me atrevo a contarle a nadie que no sepa ya y me esté guardando el secreto.  Y aún así sobreviví, aunque el año 95 es nebuloso.  Fui una mariposilla volando, y a partir de mañana soy tres pájaros tristes.</p>
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		<title>love will tear us apart</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jul 2010 19:20:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[* Después de un tiempo uno sólo regresa para ver a la gente que admira, y de quien tiene la sospecha de que querrá para siempre. Cada vez que te veo me incendio, y ese tipo de cosas. * Sentada en el avión cagada del miedo, me pregunto a qué horas me volví esta persona [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* Después de un tiempo uno sólo regresa para ver a la gente que admira, y de quien tiene la sospecha de que querrá para siempre.  Cada vez que te veo me <a href="http://itzpapalotl.org/2009/02/24/let-it-take-you/">incendio</a>, y ese tipo de cosas.</p>
<p>* Sentada en el avión cagada del miedo, me pregunto a qué horas me volví esta persona asustadiza y quejumbrosa.  Yo, que una vez fui valiente, ahora hiperventilo cuando el avión pega un brinquito o me me vomito cuando se nos atraviesa un trailer en la autopista.  En el primer mundo me estoy volviendo una vieja pendeja.   Ahora necesito andar con un pastillero en el bolso porque a pesar de que todos los días corro 5 kilómetros sin problemas, siento que en cualquier momento me duele la cabeza, se me revuelve la panza, me sudan los codos, qué se yo qué otras idioteces hipocondríacas me atormentarán durante el viaje de 15 minutos al supermercado y de regreso. Ya ni siquiera puedo beber para tranquilizame, porque si me emborracho no duermo.  </p>
<p>* Ayer entre los hermanos nos dimos cuenta de que todos padecemos de la misma trágica condición:  lloramos de la risa con extrema facilidad.  No parece tan malo hasta que uno, como un idiota, se tiene que ir a lavar la cara después de escuchar un chiste medianamente razonable. Qué verguenza. Todas las carcajadas vienen bañadas en lágrimas. Ayer lloramos todos juntos durante todo el almuerzo y el mesero no sabía qué hacer.  </p>
<p>*  Otro texto mío, <a href="http://superdemokraticos.com/es/nicht-einmal-schwung-holen-in-der-vergangenheit/">esta vez sobre la historia</a>, interrumpe una serie perfectamente buena de los superdemokraticos.</p>
<p>* Mi blog se está comportando como un esquizofrénico y flota entre dos opiniones: que todo es spam, o que nada es spam.  Sepan disculpar los conflictos idiosincráticos de este aparato.  </p>
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		<title>seven nation army</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Jul 2010 18:35:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[* Antes de despegar el avión que me traería a Costa Rica leí lo de los marines gringos autorizados para traer toda su parafernalia militar al país. Todavía un par de horas después andaba buscando algo que decir, no aspirando a encontrar algo apto para toda la familia, sino que alcanzara a para expresar la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* Antes de despegar el avión que me traería a Costa Rica leí lo de los marines gringos autorizados para traer toda su parafernalia militar al país.  Todavía un par de horas después andaba buscando algo que decir, no aspirando a encontrar algo apto para toda la familia, sino que alcanzara a para expresar la magnitud apoteósica de mi desprecio por la clase política artífice de todo esto.   Ese permiso jamás debió ser otorgado y ese tal arreglo de cooperación jamás debió ser negociado.  Eso es así.</p>
<p>* Sin embargo, no entiendo la histeria tampoco.  Esos permisos se negociaron como parte de los muchos tratos que tiene Costa Rica con el gobierno norteamericano.  Si insistimos en votar por gente que nos hace cada vez más aliados de un país con altísimas inversiones militares, no sé cómo pretendemos jamás llegar a ver a un soldado caminando por ahí o permanecer inmunes al sistema político de nuestro principal aliado comercial. Si se vota por la derecha, si se elige la derecha, se prefiere la derecha, se admira la derecha, se respalda la derecha y se promueven las instituciones de la derecha, la presencia militar más bien ya se estaba tardando.  </p>
<p>* Si yo fuera un negociador gringo y veo que el trato está hecho, no habría pedido permiso a la Asamblea Legislativa para meter un buque, después permiso para meter otro, después otro. Yo pido permiso de una vez para meter el máximo número de buques y soldados que se me ocurre que algún día podrían estar destinados a una operación en esta área. No quiere decir que vayan a venir mañana, “a invadirnos” como dicen por ahí.   Me pregunto cuál es el número autorizado de buques y soldados que pueden circular por Panamá, por ejemplo, un centro de operaciones que tiene mucho más sentido en caso de que algo pase en Colombia o Venezuela.  </p>
<p>* El Departamento de Defensa ha estado raspando la olla para encontrar armamento y 10mil adolescentes que mandar a Afganistán, una guerra de popularidad decreciente pero que la opinión pública todavía cree que se puede ganar, además está Bin Laden y toda esa vaina.  La guerra contra las drogas tiene la popularidad más o menos a dos metros bajo tierra, y nadie en sus cabales políticos en Estados Unidos mandaría  a invadir un país que comparte el espacio geopolítico imaginario de los gringos con Cancún, las Bahamas y otros centros vacacionales donde se puede traer a los chiquitos.  Especialmente teniendo otras opciones.</p>
<p>* Más de uno estará salivando con el despliegue de armas, buques y uniformes. Más de uno piensa que “los gringos” son una fuerza organizada y racional que tiene capacidad de resolución de problemas transnacionales, como el narcotráfico.  Más de uno cree que Obama personalmente firmó la orden de invasión.  Más de uno ya está pensando en detenciones extrajudiciales y persecución política, cuando ni una sola bota se ha puesto en territorio nacional.  Más de uno se imagina que vendrán los gringos a sacar a piedreros los de los lotes baldíos. Más de uno debe considerar que Costa Rica es tan pero tan pero tan importante en el gran esquema de las cosas, que era cuestión de tiempo antes de que nos vinieran a salvar/invadir los gringos.</p>
<p>* Ejecutivo y legislativo mayoritario, incluyendo sus lucrativas ramas comerciales, todos una bola de mierda, de arrastrados y pendejos.  Feliz de estar de vuelta, por cierto.</p>
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		<title>north country blues</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jun 2010 00:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al escribir esto, hace más de 24 horas salimos de Detroit. Ahí pasamos una semana de trabajo y sueño, trabajo y sueño. Yo, la que siempre está sentada en la soledad de su cocina sin hablar con nadie, tuve que hablar con más o menos cien personas al día en una conferencia de más de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al escribir esto, hace más de 24 horas salimos de Detroit.  Ahí pasamos una semana de trabajo y sueño, trabajo y sueño.  Yo, la que siempre está sentada en la soledad de su cocina sin hablar con nadie, tuve que hablar con más o menos cien personas al día en una conferencia de más de 16mil activistas sociales.   La última tarde huí y me encerré en el carro, dentro de un parqueo, como si me estuvieran persiguiendo.  Quería soledad y sobre todo, no quería tener que ver nada con las múltiples luchas que necesitan ser emprendidas en el mundo.</p>
<p>Detroit está frente a un río muy azul donde, al otro lado ya es Canadá pero en una de esas sorpresas de la geografía, estamos mirando hacia el Sur.   El puño de<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Joe_Louis"> Joe Louis, el Brown Bomber</a>, flota inmortalizado en una enorme escultura <a href="http://www.youtube.com/watch?v=0yqMUB2RMkc">de bronce</a>.  Los edificios vacíos de la revolución automovilística han sido grafitteados, recuperados por artistas o habitados por aquellos  a los que la tasa de desempleo les da igual.  En el parque suena un festival lleno de mujeres negras en pantalones muy cortos, bailando para que las vean los muchachos.   El <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Spirit_of_Detroit">espíritu de Detroit </a>sostiene una cosa en cada mano, un poco confundido por las incertidumbres del futuro.</p>
<p>Escribo sentada en el asiento de atrás de la van, entre dormida y despierta, y voy teniendo pesadillas.  En el asiento de adelante está el cowboy, manejando y oyendo una canción de Bob Dylan que se entreteje con mis sueños.  Farewell Angelina, the sky is trembling and I must leave.</p>
<p>Afuera está Nebraska.  Entre Omaha y la frontera con Wyoming hay un gran pedazo de nada.  Llevamos un billón de horas observando el mismo paisaje, misericordiosamente interrumpido por una parada en un bar para comer y ver el segundo tiempo del partido Argentina-México.  Celebré  los goles de forma escandalosa y solitaria ante la mirada atónita del bartender, para quien sin lugar a dudas debo ser Mexicana.</p>
<p>En cada pueblito me imagino cómo será vivir ahí.  Dejarlo todo y vivir en Spring Valley,  Illinois, Avoca, Iowa o Kearney, Nebraska. Habitar una de esas casitas al lado de un lago, con un bote de remos, y alimentar a las gallinas.   Saber cuánto cuesta un tractor y un atado de paja de los que parecen rollos de sushi gigantes.  Ver pasar las tormentas rodando por el cielo, que es más grande que todo lo que existe.  Resignarnos al invierno atrapados bajo una sábana de nieve.  Creo que sería una pesadilla.  No soy suficientemente fuerte para plantarme todos los días ante los ojitos racistas que me hacen las mujeres cuando me encuentran en el baño del restaurante.  </p>
<p>Es el final de la tarde.  Todavía estamos en Nebraska y Wyoming está sólo a 20 millas, pero no sabemos qué nos espera del otro lado.  Así que paramos en un pueblito viejo que se llama Kimball.  Hay banderas blancas y rojas bordeando la calle principal.  Todo está cerrado porque es domingo, pero está abierto un bar de hace doscientos años, un salón de Bingo cierra después de su sesión semanal de las dos de la tarde, una locomotora de la Union Pacific Railway , y una licorera, por suerte, vende permisos para acampar junto al reservorio.  </p>
<p>Armamos el campamento junto al lago, en un campo de dientes de león.  El cielo se quema, rojo y morado, y se va el sol en la dirección en que van los trenes de 85 vagones, cada media hora, un rumor lejano que nos acompaña toda la noche. </p>
<p>Al otro día, en busca de café e Internet,  paramos en Cheyenne, Wyoming, una ciudad pequeña basada en el intercambio de  trenes que van hacia el pacífico.   Hay cafés y deliciosos bagels, los muchachos que trabajan en la corte salen a tomar el sol durante sus quince minutos de descanso.  Una mujer le explica a otra las vicisitudes de las almas en el purgatorio.  Hay un domo dorado y una biblioteca pública, y una iglesia en la que suenan las campanas.  Se parece a Heredia.</p>
<p>Wyoming, entre las ciudades, es otro montón de nada. Rocas sobre rocas, rocas planas, rocas que parecen una mesa, rocas que parecen un elefante, antílopes que parecen rocas.  De repente, por sorpresa, aparece un pico nevado altísimo y solitario.   Por suerte la carretera es tan plana que se puede no sólo pensar en otra cosa, sino comer y hablar por teléfono mientras se maneja.  No hace falta pretender ponerle atención a Wyoming.</p>
<p>Todo eso cambia cuando se entra a Utah.  El paisaje se transforma en el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=fUq9hynzCVo">del Correcaminos</a>, y siento que en cualquier momento me cae una piedra mormona en la cabeza.   Todo el estado, atravesado de lado a lado, me da mala espina.  Al menos todo es hermoso, y al final está el lago de sal que le da nombre a todo lo que hay por ahí,  los <a href="http://www.flickr.com/photos/jerryting/439433346/">campos de sal multicolor</a>, un desierto que parece un espejo, recorrido por larguísimos trenes herrumbrados.</p>
<p>A 88 millas de que aparezca Nevada empiezan los anuncios que prometen casinos, mujeres, un trago comprado sin muchas complicaciones, un plato de comida, una cama limpia para descansar.  Pero falta mucho, falta mucha arena y sal.  Y mientras avanzamos, por esas cosas de los husos horarios, se va a haciendo más temprano.  </p>
<p>La depresión me comienza a llegar al cruzar la línea con Nevada, y el atardecer me encuentra llorando frente al mismo club que anuncia &#8220;Girls Girls Girls&#8221;.  Me estrello contra una pared de cansancio, pésima alimentación, sueño cuestionable, y lo que parecen miles de horas encerrada en el carro, temiéndole a la muerte inmediata. Se me ocurre que quizás no debí hacer este viaje absurdo.   Lloro y lloro todo el camino, mientras el sol se extingue en el horizonte, hacia donde nos dirigimos.  El cowboy me promete un hotel en Reno, la próxima ciudad. Mike me dice que sonría, que ya casi estamos en casa.  Matt intenta hacerme reír subiéndose a un caballito mecánico en una gasolinera, y eso si sirve un poco.   Me vuelvo a meter al carro.  No queda más.</p>
<p>El cuarto día es placentero y breve.  Voy en posición fetal mientras volamos por las autopistas de California, un juego mortal pero al menos familiar.  Un automóvil ha quedado destrozado en la división de la autopista, y un bombero trata de contener a cuatro niños rubios junto a la escena que les dejará una cicatriz para toda la vida.  Le pido a un dios que no existe que no me mate a diez millas de mi casa, después de haber recorrido 5540 en los últimos días.   Y por supuesto al final cruzamos el puente de la Bahía y ahí está la ciudad, escondida por una extraña capa de niebla lechosa que flota a mediana altura.  </p>
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		<title>on the road again</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 19:51:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[View Larger Map Desde que vivo en este país se me han intensificado varias de las fobias más molestas. Por ejemplo, me da miedo volar en avión, mucho más del que me daba antes. Más recientemente me aterroriza conducir por las autopistas, así que dejé de hacerlo del todo. Para tristeza del cowboy, ahora también [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="425" height="350" frameborder="0" scrolling="no" marginheight="0" marginwidth="0" src="http://maps.google.com/maps?f=d&amp;source=s_d&amp;saddr=san+francisco,+CA&amp;daddr=Detroit,+MI&amp;hl=en&amp;geocode=FVJmQAIdKAe0-CkhAGkAbZqFgDH_rXbwZxNQSg%3BFSPthQIdhtIM-yl1HcsQAcokiDHSxLk1ToZ2Vw&amp;mra=ls&amp;sll=37.0625,-95.677068&amp;sspn=22.848409,54.052734&amp;ie=UTF8&amp;ll=37.370157,-96.416016&amp;spn=4.62239,39.37515&amp;output=embed"></iframe><br /><small><a href="http://maps.google.com/maps?f=d&amp;source=embed&amp;saddr=san+francisco,+CA&amp;daddr=Detroit,+MI&amp;hl=en&amp;geocode=FVJmQAIdKAe0-CkhAGkAbZqFgDH_rXbwZxNQSg%3BFSPthQIdhtIM-yl1HcsQAcokiDHSxLk1ToZ2Vw&amp;mra=ls&amp;sll=37.0625,-95.677068&amp;sspn=22.848409,54.052734&amp;ie=UTF8&amp;ll=37.370157,-96.416016&amp;spn=4.62239,39.37515" style="color:#0000FF;text-align:left">View Larger Map</a></small></p>
<p>Desde que vivo en este país se me han intensificado varias de las fobias más molestas.  Por ejemplo, me da miedo volar en avión, mucho más del que me daba antes.  Más recientemente me aterroriza conducir por las autopistas, así que dejé de hacerlo del todo.  Para tristeza del cowboy, ahora también me da miedo ir en el asiento del copiloto, y cada viaje lo paso dando saltos, pegando gritos, y agarrándome del asiento como si fuera en una montaña rusa.  Aún así decidí hacer este largo viaje por tierra, con el cowboy y nuestros amigos Mike y Matt, no sólo corriendo el riesgo del aburrimiento sino temiendo por mi vida cada minuto.  </p>
<p><strong>Día 1</strong></p>
<p>Cuando se sale de California empieza a cambiar la configuración geográfica y social de la comodidad.  Las curvas de la carretera y los picos nevados hacia el Este lo llevan a uno a Nevada, donde las apuestas y la prostitución son legales.    Uno sabe que va a entrando porque aparecen casinos al lado de la carretera, y en las gasolineras hay maquinitas tragamonedas.  También hay pequeños centros comerciales donde languidecen dos restaurantes de comida rápida y un local con un gran rótulo de neón que dice “Girls, Girls Girls.”  Si ha de ser triste ser bailarina de night club, ha de serlo aún más en el turno del día, en medio de la nada, en un local que podría ser un Taco Bell.</p>
<p><span id="more-2179"></span><br />
En el camino vamos rotando los iPods.  Me doy cuenta de que el punk me ha arruinado para siempre y todas las canciones de otros géneros se me hacen larguísimas.  Me gustaría agarrar a casi todos los músicos y decirles:  tienen un minuto para decir lo que tienen que decir: GO!  Bob Dylan puede tomarse el tiempo que le de la gana.</p>
<p>Aparece el desierto. En la distancia se gestan grandes remolinos de arena.  El camino es tan plano que se puede ver el futuro.  Aquí no hay nada, y la nada bajo el sol parece agua.   Hay una larga fila de containers alineados al lado de la carretera por millas y millas, pero qué contienen?.  Elko, Nevada, parece un lugar bonito para vivir por unos días sin preocuparse de las cosas que pasan en latitudes remotas como digamos, Washington DC.</p>
<p>Traje varios audiobooks en mi iPod pero los voy pasando y todos se me hacen aburridísimos.  Quizás el error más evidente es ponerme a escuchar Naked Lunch, e imaginarme a los junkies podridos por dentro, metiéndose agujas en los glóbulos oculares, mientras yo por la ventana no veo nada que me distraiga de la inminencia de la muerte.</p>
<p>Sin darme cuenta llegamos a Utah, el camino bordeado por grandes lagos de sal.   Ya es de noche y vamos flotando a toda velocidad por la carretera negra.   Ver por la ventana es como se debe sentir mirar hacia el espacio.  Se nos acaba el primer día y nos tropezamos con un motelito barato, arrullado por los ruidos de la carretera y el aeropuerto.  Duermo como si me hubiera salvado de un accidente mortal.</p>
<p><strong>Día 2</strong></p>
<p>El desayuno es una maravilla norteamericana, en un diner que parece pintado por Edward Hopper.  Se acaba Utah y empieza Wyoming.    Eventualmente paramos en la gasolinera de un pueblito bellísimo, que me imagino lleno de racismo y homofobia.  La gasolinera es el centro social.   Alguien cuenta para toda la concurrencia que salió a pescar y pescó tanto que tuvo que tirar algunos peces a la carretera para ver cómo los aplastaban los camiones. El público responde con carcajadas generalizadas.   Mientras no nos saquen a tiros, pienso, estamos bien.</p>
<p> Las tarjetas turísticas me comprueban que la principal atracción del paisaje son las rocas.  Formaciones de roca, rocas desperdigadas, rocas apiladas unas encima de las otras, y la <a href="http://www.flickr.com/photos/twiliger/347210021/">cabeza gigante</a> de Abraham Lincoln, hecha de rocas.</p>
<p>El segundo día se me pasó más rápido porque el paisaje transcurrió con menos incidentes, y porque me pasé riendo de un audiolibro de David Sedaris.   Se acabó Wyoming y llegó Nebraska.   Rodamos más, mucho más, por la autopista I-80.      De vez en cuando cada uno de nosotros debe atender a sus vicios: Mike tiene que fumar, el cowboy tiene que limpiar el parabrisas, Matt tiene que estirar sus larguísimas piernas y yo tengo que mear.</p>
<p>Paramos muertos de hambre y cansancio en un pueblo llamado Ogallala. Encontramos un restaurante mexicano, lleno de familias con sus niños rubios y rosados, varios hoteles de bajo presupuesto, conexión a Internet, y una cama de la que yo no quería salir nunca más. Quería quedarme a vivir en Ogallala y trabajar en una granja de ganado vacuno, con tal de no tener que subirme al automóvil otra vez.</p>
<p><strong>Día 3</strong></p>
<p>Quizás es la privación, el ayuno o la desorientación geográfica, pero el café de McDonalds me sabe delicioso.  Empezamos el día honrando la tradición estadounidense de comer en el auto.   Este comportamiento le parece rarísimo a las personas de todas las otras nacionalidades, y una vez en Italia una señora pensó que yo estaba loca porque pretendía llevarme una taza de café para el camino.   </p>
<p>El tercer día será una jornada larga.  Las cosas se van poniendo un poco más verdes.  Hay más planicies, más sistemas de riego, más vacas con sus vaquitas.  Por la ventana pasa una caravana de autos clásicos, conducidos por sus dueños originales, quienes invirtieron en una maravilla mecánica en los años 50 y no pueden dejar ir esa década mágica de prosperidad y orden social.</p>
<p>Des Moines, Iowa.  A lado de nuestro auto familiar pasa una grúa jalando un carro de esos que se despedazan en un circo, chocando contra otros para el deleite de toda la familia.   Pasan camiones llevando algo que parece parte de una nave espacial, pero que luego identifico como las aspas gigantes de las turbinas de viento que ahora se levantan en las colinas.  Colinas verdes, suaves, que han sido aradas por un peine gigante.</p>
<p>En Iowa aparecen pequeñas granjas donde uno se imagina a toda la familia en botas de hule, dándole de comer a los cerdos, haciéndose sombra con la mano en la frente pensando en si irá a llover.   Uno sabe que probablemente eso ya no existe y para comprobarlo, pasan los trenes eternos cargando el maíz y la soya de Archer Daniles Midland.</p>
<p>Mi paciencia es una película fina que va quedando embarrada en la carretera.  A la mitad del día ya no quiero ver ni una sóla vaquita, ni una sola granja, ni una sola iglesia de madera, ni un sólo pueblito abandonado en el siglo 19.  Decido ver para el cielo. Los que vivimos rodeados de montañas toda la vida nunca hemos visto un cielo tan enorme <a href="http://www.flickr.com/photos/dreherfamily/2739519867/">como</a> <a href="http://www.flickr.com/photos/ryanmft/581372133/">este</a>. Es otro cielo donde la posibilidad de que exista dios y los ángeles no parece tan descabellada. </p>
<p>Por suerte se acaba Iowa y casi inmediatamente aparece el río Mississippi, enorme, brillante, todopoderoso.  Quedo paralizada y no puedo tomar la foto.  Es una visión milagrosa, una revelación que dura unos segundos.   El resto del camino puedo soñar con montarme a un barco de vapor y llegar algún día al Delta, a bailar en la noche húmeda de New Orleans en un vestido blanco.   </p>
<p>Del otro lado del río ya es otro mundo. En Illinois hace calor, hay canales y mosquitos. Los árboles y los ruidos son como de la selva. Se me parece a la patria.  El cowboy piensa lo mismo.   Sin embargo uno sabe que ya está en la civilización porque vuelve a haber señal de Internet en el teléfono y hay  sandwiches vegetarianos en los restaurantes.  </p>
<p>Se hace de noche.  Los campos se llenan de luciérnagas.   Llegamos a Indiana,  y más o menos una hora después llega la esperada frontera con Michigan.  A este punto no se ve un carajo en la carretera, todos vamos dormidos incluyendo a Mike, el conductor. Es la media noche y faltan aún tres o cuatro horas, pero son las finales.  Se le acaba la batería a todos los teléfonos y a todos los iPods y a todas las laptops, sólo queda el camino ansioso, el silencio.  En estas horas finales, la carretera en construcción, todo oscuro y en peligro, pienso que sería absurdo morirme en este momento.  Llegamos a Detroit todos completos, a las cuatro de la mañana.    </p>
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		<title>sobrevivir el día</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jun 2010 19:42:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>itz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mi primer artículo temático para Los Superdemokráticos, sobre las sorpresas de la historia. Ser inmigrante es tener dos historias. Y teniendo más de una, se conoce que cada historia se compone de más o menos los mismos ingredientes: hechos comprobados, aspiraciones grandiosas, vergüenzas pueblerinas y orgullos mal encaminados. Y ante la duda, no falta un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi primer artículo temático para Los Superdemokráticos, sobre las sorpresas de la historia.</p>
<blockquote><p>Ser inmigrante es tener dos historias. Y teniendo más de una, se conoce que cada historia se compone de más o menos los mismos ingredientes: hechos comprobados, aspiraciones grandiosas, vergüenzas pueblerinas y orgullos mal encaminados. Y ante la duda, no falta un puño cerrado para mantenerlo todo vigente. La historia es la mitología que la gente necesita para sobrevivir hasta el final del día.</p></blockquote>
<p>Para leerlo todo <a href="http://superdemokraticos.com/es/den-tag-uberleben/">hay que ir aquí</a>.</p>
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		<title>time on my hands</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jun 2010 18:45:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[* Estos días me despierto preparada para el café y el zumbido de las vuvuzelas. &#8220;Qué tienen los países en desarrollo en contra del silencio y la paz?&#8221; me pregunta un amigo. No sé. El silencio deja demasiado espacio en la cabeza para las actividades reflexivas, y se puede hacer dolorosamente evidente que la vida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>* Estos días me despierto preparada para el café y el zumbido de las vuvuzelas.  &#8220;Qué tienen los países en desarrollo en contra del silencio y la paz?&#8221; me pregunta un amigo.  No sé.  El silencio deja demasiado espacio en la cabeza para las actividades reflexivas, y se puede hacer dolorosamente evidente que la vida es una mierda.  Por eso cuando uno se hospeda en un hotel en la República Dominicana le dicen: &#8220;le tocó una habitación bien buena, al lado de la discoteca&#8221;.   Sentada en el mismo sillón del desempleo que <a href="http://tetrabrik.blogspot.com/2010/06/apuntes-el-mundial.html">Luis</a>, veo todos los partidos que puedo.  Ver ESPN es como tragarse una sobredosis de Valeriana.   Prefiero Univisión, donde los comentaristas  son machistas, racistas, sabelotodo.  Me siento como en casa.</p>
<p>* En mi sueños, el Cowboy y yo somos butch cassidy and the sundance kid. Pasamos todo el tiempo juntos, huyendo a caballo por esos larguísimos paisajes del oeste, planeando el próxmo golpe y viendo hacia el horizonte.    O somos amantes que han huído y flotamos en la tarde sobre el Bósforo en un barco de madera, antes de abordar el Expreso de Oriente.   En la realidad pasaremos tres días de ida, cuatro días de trabajo, y tres días de vuelta en la claustrofobia del auto familiar, pero por lo menos estará su mano al alcance de la mía.  Les enviaré postales desde la nada.</p>
<p>* El mencionado desempleo y el mencionado silencio me dejan demasiado tiempo para mirarme el ombligo, cocinar cosas raras y correr como una desesperada.  Trabajar en cosas que no me pagan. Pensar en mi cuerpo, que ahora sólo tiene dos estados:  señora gordita, o boxeadora peso Welter (flaca no existe, esa posibilidad desapareció por ahí de los 26 años).   Pensar en sexo: le he aconsejado a mis amigas solteras que se acuesten con todos los que quieran, sin muchos miramientos, porque todo eso al final no importa.   Pensar en la muerte, que sólo es cuestión de cuándo y donde.  Ver fútbol, mirar con nerviosismo el estado de la cuenta bancaria, sentarse en la máquina y no escribir nada. </p>
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		<title>un misterioso lugar latinoamericano</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 17:00:28 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Durante cuatro meses o algo así estaré participando con otros autores en el proyecto Los Superdemokraticos. Me he pasado el día leyendo los textos de los otros autores y merodeando por sus blogs en Español. También, como parte del proyecto, el periódico Freitag publicó un especial con textos de varios de los participantes. El mío [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><img src="http://www.freitag.de/datenbank/freitag/2010/23/intellektuelles-fairtrade/teaser_image" alt="los superdemokraticos" width="300" /></center></p>
<p>Durante cuatro meses o algo así estaré participando con otros autores en el proyecto <a href="http://superdemokraticos.com/es/hintergrund/">Los Superdemokraticos</a>.  Me he pasado el día leyendo los textos de los <a href="http://superdemokraticos.com/es/">otros autores</a> y merodeando por sus blogs en Español. </p>
<p>También, como parte del proyecto, el periódico Freitag publicó un especial con textos de varios de los participantes.  El mío <a href="http://www.freitag.de/superdemokraticos/1023-im-latino-viertel">está aquí</a>, pero no entiendo ni papa.  Sin embargo se ve bonito e importante, no? Jojojo.</p>
<p>El texto original, en Español, después del salto.<br />
<span id="more-2165"></span></p>
<p>Un misterioso lugar latinoamericano</p>
<p>Ayer estaba en una fiesta aquí en la ciudad de San Francisco, la ciudad donde vivo. Una fiesta cualquiera, en la que nadie baila.  La gente prefiere formar micro grupos y hablar de trabajo,  del valor de las propiedades, de las elecciones locales,  de un libro o una película.  De repente, una chica que me presentaron me dijo:  &#8220;Pero si eres de Costa Rica! Yo soy Mexicana!&#8221; Y llegó la felicidad.   </p>
<p>Es una felicidad pequeña pero distinguida. Es navegar todo el día en un mar de otros culturales y encontrar a alguien con quien se puede hablar en español a toda velocidad,  haciendo gestos, comentarios de doble sentido y todas esas cosas que nos hemos guardado por horas, días o años.  Muchos latinoamericanos estamos seguros que tenemos la posibilidad de convertirnos en amigos o familiares en cuestión de minutos.   Corremos de inmediato a buscar ese algo, una ciudad, un antepasado, un libro, una canción de cuna,  ese elemento definitivo que nos une,  a pesar de que seamos dos en 600 millones.</p>
<p>Me atrevo a decir que uno se vuelve más latinoamericano cuando sale de Latinoamérica.  Antes de eso uno es Peruano, Argentino, Dominicano, Nicaraguense.   Uno entra en la gran, abstracta categoría del latinoamericano en el doloroso momento en que se encuentra en otro mundo, en un universo paralelo donde no hay plátanos maduros,  ni choclos,  ni hierba mate, y la gente no baila en las fiestas.  Pero la idea nunca se termina de hacer concreta.</p>
<p>Ser latinoamericano, de todos modos, es nacer lleno de dudas.  Es venir de una mezcla  improbable de genes, etnias, nacionalidades, idiomas y viajes heróicos por la tierra y por el mar.  Quién sabe qué tropiezo de la historia nos trajo hasta donde estamos.  Hay ciudades infinitas, islas, volcanes, sierras, desiertos y selvas tropicales entre nosotros. Somos todos diferentes y de todos modos insistimos en ser un grupo, una comunidad, un lugar imaginario que podemos señalar con la mano abierta sobre el globo terráqueo.</p>
<p>Por eso me gusta salir al barrio latino, una geografía de certezas . Es el único barrio donde es perfectamente normal hablar entre desconocidos en un café o una parada de autobús. Camino bajo la lluvia y un muchacho me dice: &#8220;oye, no te mojes&#8221;, un piropo inexplicable.  Un señor me pregunta qué es lo que estoy leyendo.   El parque está lleno de adolescentes besándose como desesperados.  Es posible jugar y hablar con los niños ajenos.  En el barrio latino todas las señoras se transforman en mis tías y me recomiendan lugares para comprar los ingredientes de la nostalgia. </p>
<p>Cada vez que pienso que si cabemos los 6 en un taxi, o cocino en grandes cantidades porque &#8220;no se sabe quién va a venir&#8221;, o me pongo de acuerdo para llegar &#8220;más o menos a las tres&#8221;,  sospecho que todo viene de un misterioso lugar latinoamericano.   Un lugar profundo donde guardo fiestas escandalosas, bautizos y funerales que se distinguen poco los unos de los otros,  familias multitudinarias en cuyas vidas  se mezcla la filosofía, las vacaciones en el mar, la poesía, el boxeo y la comida del domingo en cualquier orden y proporción.  </p>
<p>Creo que los latinoamericanos tenemos en común un conocimiento al menos anecdótico de la pobreza, la violencia y la corrupción, la injusticia y la escasez, el conservadurismo, la impotencia ante la enormidad de esas  cosas.   A algunos eso es lo que nos tiene lejos.   Es muy difícil ser latinoamericano y no enterarse de que la vida está llena de heridas y desilusiones.  Y a pesar de todo eso nos reímos mucho, nos queremos, nos buscamos en las fiestas.   Abrimos un espacio entre las sillas, cambiamos la música y bailamos.</p>
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