un misterioso lugar latinoamericano
Durante cuatro meses o algo así estaré participando con otros autores en el proyecto Los Superdemokraticos. Me he pasado el día leyendo los textos de los otros autores y merodeando por sus blogs en Español.
También, como parte del proyecto, el periódico Freitag publicó un especial con textos de varios de los participantes. El mío está aquí, pero no entiendo ni papa. Sin embargo se ve bonito e importante, no? Jojojo.
El texto original, en Español, después del salto.
Un misterioso lugar latinoamericano
Ayer estaba en una fiesta aquí en la ciudad de San Francisco, la ciudad donde vivo. Una fiesta cualquiera, en la que nadie baila. La gente prefiere formar micro grupos y hablar de trabajo, del valor de las propiedades, de las elecciones locales, de un libro o una película. De repente, una chica que me presentaron me dijo: “Pero si eres de Costa Rica! Yo soy Mexicana!” Y llegó la felicidad.
Es una felicidad pequeña pero distinguida. Es navegar todo el día en un mar de otros culturales y encontrar a alguien con quien se puede hablar en español a toda velocidad, haciendo gestos, comentarios de doble sentido y todas esas cosas que nos hemos guardado por horas, días o años. Muchos latinoamericanos estamos seguros que tenemos la posibilidad de convertirnos en amigos o familiares en cuestión de minutos. Corremos de inmediato a buscar ese algo, una ciudad, un antepasado, un libro, una canción de cuna, ese elemento definitivo que nos une, a pesar de que seamos dos en 600 millones.
Me atrevo a decir que uno se vuelve más latinoamericano cuando sale de Latinoamérica. Antes de eso uno es Peruano, Argentino, Dominicano, Nicaraguense. Uno entra en la gran, abstracta categoría del latinoamericano en el doloroso momento en que se encuentra en otro mundo, en un universo paralelo donde no hay plátanos maduros, ni choclos, ni hierba mate, y la gente no baila en las fiestas. Pero la idea nunca se termina de hacer concreta.
Ser latinoamericano, de todos modos, es nacer lleno de dudas. Es venir de una mezcla improbable de genes, etnias, nacionalidades, idiomas y viajes heróicos por la tierra y por el mar. Quién sabe qué tropiezo de la historia nos trajo hasta donde estamos. Hay ciudades infinitas, islas, volcanes, sierras, desiertos y selvas tropicales entre nosotros. Somos todos diferentes y de todos modos insistimos en ser un grupo, una comunidad, un lugar imaginario que podemos señalar con la mano abierta sobre el globo terráqueo.
Por eso me gusta salir al barrio latino, una geografía de certezas . Es el único barrio donde es perfectamente normal hablar entre desconocidos en un café o una parada de autobús. Camino bajo la lluvia y un muchacho me dice: “oye, no te mojes”, un piropo inexplicable. Un señor me pregunta qué es lo que estoy leyendo. El parque está lleno de adolescentes besándose como desesperados. Es posible jugar y hablar con los niños ajenos. En el barrio latino todas las señoras se transforman en mis tías y me recomiendan lugares para comprar los ingredientes de la nostalgia.
Cada vez que pienso que si cabemos los 6 en un taxi, o cocino en grandes cantidades porque “no se sabe quién va a venir”, o me pongo de acuerdo para llegar “más o menos a las tres”, sospecho que todo viene de un misterioso lugar latinoamericano. Un lugar profundo donde guardo fiestas escandalosas, bautizos y funerales que se distinguen poco los unos de los otros, familias multitudinarias en cuyas vidas se mezcla la filosofía, las vacaciones en el mar, la poesía, el boxeo y la comida del domingo en cualquier orden y proporción.
Creo que los latinoamericanos tenemos en común un conocimiento al menos anecdótico de la pobreza, la violencia y la corrupción, la injusticia y la escasez, el conservadurismo, la impotencia ante la enormidad de esas cosas. A algunos eso es lo que nos tiene lejos. Es muy difícil ser latinoamericano y no enterarse de que la vida está llena de heridas y desilusiones. Y a pesar de todo eso nos reímos mucho, nos queremos, nos buscamos en las fiestas. Abrimos un espacio entre las sillas, cambiamos la música y bailamos.

June 14th, 2010 at 10:09 am
me encantó! :)
June 14th, 2010 at 10:59 am
Muy bueno. Y qué rajado verlo en alemán y no entender ni costra :P
June 14th, 2010 at 11:00 am
Cuando vivía en México me la pasaba renegando de todo mundo, hacía corajes precisamente por todas esas pequeñas idiosincracias que saltaban a diestra y siniestra.
Ahora trabajo en lugar con colegas cubanos y españoles, tenemos clientela hispana, he conocido a tanta gente de El Salvador, Honduras, Argentina, Chile, Costa Rica, etc. etc. y he leído más literatura hispana que durante todos mis años en México.
Tienes razón que uno se vuelve más lationamericano cuando deja su país, lo corrobora Vargas Llosa en su Diccionario de América Latina “Yo conocí Lationamerica viviendo en París”.
¡Lindo texto!
June 14th, 2010 at 11:10 am
El público se levanta ya aplaude !
Demasiado bueno, ese cuarto párrafo me recordó a Ángel Gonzáles… (http://www.youtube.com/watch?v=nWU_r0UN7bo) excelente
June 14th, 2010 at 11:22 am
La gente no baila en las fiestas! Demoledora y cruel realidad! Aquí no hablan de trabajo, sino de política y de las bombas atómicas que están a punto de caer. Me encantó!!, cuánta verdad hermosamente escrita!
June 14th, 2010 at 11:54 am
gracias a todos y todas.
June 14th, 2010 at 2:24 pm
Hace siglos había encontrado tu blog, lo puse en mi enlaces y luego lo olvidé, pero que suerte haberlo reencontrado, yo pienso, siento igual, viví en Idaho un tiempo y soy una mexicana con familia costarricense, hace dos meses finalmente me mudé a Costa Rica, despues de haber vivido en México toda la vida sin un solo pariente, extraño, pero ahora tengo un hijo, no podía quedarme.
Que lindo escribes.
June 14th, 2010 at 3:26 pm
Auwww, cada vez la amo más
June 14th, 2010 at 4:22 pm
comparto con sergio.
June 14th, 2010 at 9:44 pm
Buenísimo el texto. Esta frase: “En el barrio latino todas las señoras se transforman en mis tías y me recomiendan lugares para comprar los ingredientes de la nostalgia”, es simplemente hermosa.
June 15th, 2010 at 12:02 am
[...] en mis tÃas y me recomiendan lugares para comprar los ingredientes de la nostalgia”. Itzpapalotl. No hay posts relacionados Deje un comentario Envíe el post [...]
June 15th, 2010 at 5:07 am
xelente!
June 15th, 2010 at 5:26 am
:) <3
June 15th, 2010 at 7:47 am
Esto resume perfectamente lo que uno siente al salir del país. Un amigo de Texas me preguntaba que por qué diantres estábamos tan contentos los demás latinos porque le dieran las olimpiadas a Río. Fue imposible hacerlo entender. Pasa lo mismo con el mundial, gran mayoría de mis amistades a favor de Italia, contra Paraguay, algo impensable para mí en este momento.
Lo que me ocurrió a mí fue que me di cuenta que las diferencias tan enormes que uno asume que hay entre diferentes nacionalidades son solamente matices cuando se comparan con otras culturas. Como la más básica receta de cocina, hay muchas de formas de hacerlo, pero todos son en el fondo la misma carajada, todos somos un tipo de tamal :P
June 15th, 2010 at 7:47 am
(implícita va una felicitación por tan lindo texto)
June 15th, 2010 at 7:55 am
Mi experiencia exactamente, uno adquiere un “panamericanismo” al ir a otras regiones y ver los rasgos de uno contrastados a los otros.
Se da uno cuenta que con todos nuestros problemas, los latinos tenemos dos cualidades que otras en otros lugares intentan imitar y adquirir: una facilidad por la informalidad y el calor humano.
June 15th, 2010 at 12:22 pm
gracias gente!
June 15th, 2010 at 10:40 pm
Bellisimo. Hace 2 anhos que vivo en Alemania, y tu texto describe tan bien lo que siento! vivo en un barrio de inmigrantes en Berlin y aunque la mayoria son turcos y no me puedo comunicar casi con ellos, me siento como en un rinconcito de algo conocido: ver a las senhoras mayores en la tardecita sentadas en el parque hablando, ir a las verdulerias y escucharlos hablar alto vendiendo sus productos, como en cualquier mercado de latinoamerica, los autos con las ventanas abiertas y a full volumen. Y me hace mucha falta la facilidad de contacto en cualquier situacion.
June 15th, 2010 at 11:26 pm
Soy francesa, pero con casi toda una vida viviendo en países latinoamericanos. Cuando mas me di cuenta de lo que menciona este maravilloso texto es participando en congresos fuera de Latinoamerica. Nunca me identifiqué con los franceses. Siempre nos juntábamos todos los latinos, muchos extranjeros trabajando/viviendo en Latinoamerica y eramos como de un solo lugar.
June 16th, 2010 at 8:08 am
Maravilloso texto. Pasaré el link (este y el del Freitag) a los latinos que conocí mientras estuve en Alemania. Muchas gracias Itz.
June 16th, 2010 at 12:43 pm
Precioso…
June 17th, 2010 at 8:16 am
me llegó mucho esto. un abrazo.
June 17th, 2010 at 10:56 pm
Este texto lo sentí como un abrazo apretadito al caer la tarde del café. La frase con que concluye me llama a la reflexión de que quizás por que estamos enterados de “que la vida está llena de heridas y desilusiones” es por lo que nos comportamos de una manera tan peculiar. Gracias
June 19th, 2010 at 10:16 am
Ah y el piropo que te dijeron tiene su sentido, recuerdo haberle dicho a mi esposa una variante de él que dice más o menos: no te mojes terroncito de ázucar.
July 14th, 2010 at 1:37 am
Comparto con Sergio, Silvia y los demás.
Hermosa.
July 14th, 2010 at 10:15 am
Llegue aqui desde Fusil de Chispas y valio la pena…que bello texto!!!! Rajado como para nosotros los latinos el contacto humano es de lo mas cotidiano que puede haber, ninguno se mira raro si se nos ocurre romper el hielo con un perfecto extraño. Y nuestras fiestas son definitivamente más divertidas!