the bends
* El primer día del vértigo abrí los ojos en la madrugada y vi la habitación semi-oscura dando vueltas a mi alrededor. Pensé que estaba soñando, pero era cierto: la tierra había desplazado su eje hacia el centro de mi cerebro, y giraba como un carrusel de caballitos. Además de esquivar las desafortunadas referencias a Hitchcock pasé el día tratando de mantener la cabeza inmóvil: cualquier movimiento pronunciado o repentino me enviaba en una espiral que me obligaba a agarrarme de las paredes, como si mi casa estuviera en medio de un naufragio. Para mi sorpresa no tuve miedo. Cuando todo se mueve violentamente no hay más que abrazarse a uno mismo.
* El segundo día de vértigo consistió en un mareo generalizado, de baja densidad, como uno se imagina que se sienten las nubes. Como una dosis pequeña de un alucinógeno suave. Como el primer día de haberse enamorado. Como el tercer trago de tequila blanco. Como en el inicio de la cuenta hacia atrás del anestesista en el quirófano. Como caminar en un castillo inflable. Entonces claro, me puse a caminar. Subí la colina y vi la ciudad, indecisa, desbalanceada, la vi deslizarse y flotar en el agua.
* El tercer día todo ha vuelto a su lugar. Las cosas y las paredes parecen clavadas en el piso. MI cabeza se siente ligera, sin producir ondas gravitacionales de ninguna clase. De vez en cuando le doy una mirada rápida al cielo, a ver si regresa.

Febrero 2nd, 2010 at 12:58 pm
¡Qué lindo lo describís! Hace como 12 meses me pasó algo similar, y lo llamaron luego de un Tilt Test “síncope neurocardiogénico”. Deberían llamarte para rebautizar ese mal con prosa.
Febrero 2nd, 2010 at 9:14 pm
my baby’s got the bends -oh no