let down

Cada vez que vengo me quedo colgada en las ramas grises de los árboles, en las porquerías que no caben por la alcantarilla, en las capas sucesivas de ladrillo, pintura y graffiti que cubren todo Brooklyn y sus edificios torcidos. Siempre quiero quedarme pero esta vez no. Hace frío y eso está bien, hace frío del verdadero, del que a veces extraño porque pela las capas más inmediatas de la fragilidad que implica mantenerse biológicamente vivo. Me gusta el momento suspendido de una puerta hacia la otra, respirando el hielo seco, con las manos indecisas entre los guantes. Me gusta el tren, que zarandea el puente cuando pasa hacia el otro lado mientras el acto de un dúo de mariachis y el de un percusionista jamaiquino se encuentran, sin querer, en el mismo vagón. Pero esta vez me quiero ir para mi casa. Quizás porque ahora hay un lugar, evidentísimo y discreto, que es mi casa. Una casa mía, llena de mis libros. mi cocina, mis tijeras, mis papelitos, mi calefacción inútil y el silencio de un barrio pequeño. Hoy siento que podría abrazar las vigas ya desaparecer en ellas, como posiblemente hicieron otros habitantes ahora ocultos debajo del papel tapiz. Tengo una casa donde quiero pasar un año, diez, cincuenta, o hasta que llegue el terremoto que la ha de tirar colina abajo. Aquí ni siquiera tiembla.

3 respuestas to “let down”

  1. furia dice:

    Ese es el problema en NY, que ni siquiera tiembla. Si temblara, uno se aferraría más a las cosas, y con suerte a la gente.

  2. Ventolin dice:

    Si no tiembla no es de verdad.

  3. cristian dice:

    yo leí en la wikipedia que nueva york podría temblar, bien, bien, si algún día dios quiere. no tiembla porque no le pusieron por debajo esas placas famosas que aquí en el edén si tenemos.

    qué lindo lo q escribís sobre tu casa.

Deja una respuesta