why you’d want to live here

A las 9am pasa un busito rotulado como “VIP TOURS” por el frente del hotel para recogernos a mi y a una de esas parejas en obvia luna de miel. El busito nos lleva a una sala sobredecorada con banderas gringas, fotos de John Wayne y una figura de cartón tamaño natural del presidente Obama, al lado de la cual la mayoría de los turistas se toman la primera foto. Es el primero de dos días que tengo en Los Ángeles, donde por alguna razón, jamás había estado.

Mi objetivo específico es montarme en un tour de un día de los que te llevan a ver “todo”, con una guía precisa y ensayada de lo que hay que ver. Claro, cada vez que le comento este objetivo a alguien me tuerce la nariz, como si le hubiese dicho que iba a gastar un certificado de regalo de $70 en siete libros de Paulo Cohelo. Eso porque los turistas más “educados” (ejem) gozan de lo auténtico, lo pequeño, lo especial, las callecitas silenciosas y jamás descubiertas por otros turistas, la compañía de la gente local, los soleados jardines internos que no aparecen en ninguna guía. Yo simplemente soy pésima turista: siempre termino en una ciudad conociendo una sala de reuniones, un café con wifi, cuatro bares y un supermercado o farmacia, si tengo suerte. Con Los Angeles estoy dispuesta a lo contrario.

Ya en el Counter me decido por uno que se llama Grand Tour of Los Angeles, que promete llenarme la cabeza de todo lugar común que pueda salir en alguna conversación sobre esa ciudad, por un lapso aproximado de seis horas. Es perfecto. Tiquete en mano me dirijo a un busito blanco y por suerte, agarro un asiento con ventana.

El guía se presenta. Se llama Jack. Desde el primer minuto trata de hacerse el gracioso como un desesperado. Nos pregunta de dónde creemos que proviene, pero nadie quiere descorazonarlo diciéndole que para nosotros los extranjeros, todos los gringos vienen del mismo lugar.

Antes de que salgamos del parqueo (por dios, por favor, salgamos de aquí) alguien que no puedo ver desde mi asiento insiste en hacer toda clase de preguntas sobre Las Vegas. Un par de chicas japonesas se dan cuenta de que están en el bus equivocado, y una vez que se bajan, se dan cuenta de que dejaron un bolso.

La pasajera que me queda más cerca es una señora chilena llena de opiniones, que regaña sin cesar a su esposo y se transforma de inmediato en mi personaje favorito. Por ahí hay una pareja de colombianos mayores, dos chicas de Taiwan, una pareja de Suizos escandalosísimos con su hijo adolescente.

Finalmente emprendemos la marcha y empezamos por Marina del Rey. Jack nos indica que la mayoría de esos botes que están amarrados en la marina pertenecen a gente que no los usa, porque no sabe cómo o no tiene tiempo, o no le da la gana. Los chicos pobretones que crecieron ahí cuando era más o menos un basurero, como él mismo, son contratados para limpiar y darle una vuelta al bote de vez en cuando, para que no se pegue. No está mal. La señora chilena como que no entiende mucho esa parte, va callada viendo por la ventana.

Llegamos a Venice Beach. Ahí vamos a parar media hora, a deambular sin hacer mucho, porque es demasiado temprano y los hippies apenas están instalando los bancos donde tocan música y venden tiliches. Ahí se me presenta Farid, un muchacho guapo y Libanés que ha concluido que siendo yo la única otra persona que va sola en ese tour, estoy destinada a tomarle fotos a él, y él a mi, intercambiando cámaras. Foto frente a la playa plana. Foto frente a una palmera casi artificial. Foto de Farid fumándose un Marlboro. De vuelta al bus.

En Beverly Hills la señora chilena se empieza a emocionar visiblemente. Finalmente estamos viendo lo que le interesa, y cada vez que Jack señala digamos, los estudios de tal televisora o el cuartel general de tal productora, ella prácticamente patea al marido para que tome fotos, haciéndolo cambiarse de un lado al otro del bus. Desde atrás la suiza grita en suizo. Jack está en su elemento, señalando dónde se filma tal cosa o dónde se originó la otra.

Creo que el momento culminante no sólo de este tour, sino de la vida de varios de sus participantes, es cuando dando una vuelta cerca de Rodeo Drive aparece en una acera, esperando por su auto, Sir Anthony Hopkins. Es guapo, viste un traje azul, y cuando se da cuenta de que lo hemos descubierto sonríe y saluda en dirección a nosotros. Dentro del busito se desata un pandemonio. Gritos, cámaras y exclamaciones en varios idiomas, incluyendo a Jack gritando por el megáfono. Yo quiero tomarle fotos a ellos pero no me atrevo.

“Abran bien los ojos porque no se sabe qué celebridades se puede uno encontrar” dice Jack, ahora con la prueba en la mano. Paramos para almorzar en un lugar que se llama el Farmer’s Market, que es mitad mall de lujo, mitad chinamos de comida tipo mercado. Aquí Farid me me revela que lo que quiere es ir a las Vegas, pero no quiere gastar mucho dinero. Anda buscando la máxima calidad posible al más ridículo de los bajos precios. Una vez que se da cuenta de que soy pésima turista y no me decido sobre qué comer, Farid me abandona para ir a comprarle ropa interior en oferta a su novia, en Victoria’s Secret. Yo lo que quiero es escaparme para que nadie me vea comiéndome un sándwich. Sentado en una silla de café a mi lado, un tipo ladra en su iPhone mientras taladra las teclas de su Mac. Anda con zapatos de aspirante a productor.

La próxima parada en el tour es la más esperada por todos. De repente se empiezan a ver las estrellas pintadas en las aceras y los tipos repartiendo volantes y vendiendo cosas sobre ellas. Como si fuera un bus escolar, Jack pregunta si queremos ir, y todos gritan: Siiii!!!! (Ahora no me acuerdo si grité, llevada por la corriente). Ahí nos bajamos entre otros grupos de turistas que no dejaban de tomar fotos. Yo busco debajo de los disfraces a los protagonistas de un documental que me gustó mucho, pero no veo a ninguno. La señora chilena agarra a uno de los muchachos disfrazados de The Joker para tomarse una foto a cambio de una propina. Una vez que el tipo le pone una navaja en el cuello, ante la cámara excitada de su marido, se le nota que está pensando en algún momento horroroso de la vida de todo latinoamericano. Farid me pide que le tome una foto acostado en el piso junto a la estrella de Anthony Hopkins.

Yo me devuelvo al bus mientras los otros todavía andan merodeando entre ofertas que tienen cara de estafa. Jack está haciéndole al suizo un listado de las estrellas que alguna vez ha visto o conocido. Yo le pregunto dónde vive, y me dice que los precios desplazaron a su familia de Venice hace mucho tiempo y ahora está en los suburbios. Tiene dos hijas adolescentes y además de guía, es agente de viajes. Cuando me pregunta si me gustan las películas yo le digo que me gustan más las de mil novecientos sesenta para atrás, y él se lo toma en serio.

Lo demás pasa más o menos rápido, o más o menos aburrido. Farid se queja en el camino de que no tuvo tiempo para tomar más fotos de las estrellas. Hay una parada de veinte segundos para tomarle fotos a las letras de Hollywood tapadas inconvenientemente por una palmera, una parada de veinte segundos para ver por fuera esa cosa horrible de Disney que se quiere parecer al museo Guggenheim de Bilbao, una pausa para pararse debajo de los chorros de agua en el Centro de la Música, una vueltecita por las calles desiertas y medio deprimentes de Chinatown. La señora chilena mira todo con asombro, cuando Jack dice “esta es la escalera de la escena final de Pretty Woman”, ella dice “oh!!”. Cuando Jack dice: “estas son las bancas donde se filmó aquella escena de Grease” ella dice “ah!!!”, cuando Jack dice: “esa es la torre el reloj que se ve en Back to the Future”, ella le arrebata al marido la cámara, para tomar la foto perfecta.

En un momento paramos en el centro histórico, que es una especie de ventana a una cuarta dimensión pastoral en medio de un laberinto de concreto. Es un parquecito en cualquier pueblo de México, con una capilla de la Virgen de los Ángeles. La señora chilena y su esposo pasean de la mano como novios, alrededor del quiosco, bordeado de banquetas donde descansa la tarde, a la sombra de grandes árboles. Hasta ahora se me ocurre que evidentemente tienen hijos pero en este viaje andan solos. “Este lugar es maravilloso” pienso yo, y exactamente al mismo tiempo Farid me dice “Aquí estamos perdiendo el tiempo, qué es esto? Chino? Mexicano? No hay nada que ver aquí.”

El camino de regreso es silencioso y cansado. Jack ya no hace bromas, no dice nada, su simpatía profesional tiene un límite de horas. De vez en cuando nos ve por el espejo, y así nos va a dejando uno por uno en cada hotel. El primero en bajarse es Farid, en el Marriott más caro de todos, se despide sin dar propina. Luego se baja la pareja de suizos. Luego los señores colombianos. Casi de últimos, en un bellísimo hotel frente al mar, se bajan la señora chilena y su esposo. Jack sólo abre la boca una vez más, antes de dejarme en el hotel cuando pasamos por una calle secundaria no muy lejos de la playa, bordeada por cafés y galerías y pintada con murales, que no tiene nombre y no sale en ninguna guía. Dice: “este es mi lugar favorito, si pudiera pagarlo, viviría aquí”.

12 respuestas to “why you’d want to live here”

  1. Julia dice:

    Ya conocí Los Angeles.
    Y me salió gratis, gracias a vos.
    Lindo leerte.
    Siempre te digo lo mismo. No se me ocurre otra cosa.
    ¿ o me voy a poner a opinar de todo como la doña chilena?
    jajja

  2. Liz dice:

    Y a cual estrella ud le tomó foto?

  3. itz dice:

    jiji gracias!
    yo le tomé foto a la de jerry lewis porque fue la más divertida que me encontré por ahí cerquita :P

  4. kumar dice:

    conozco varias de las señoras chilenas y ya se los mandé, para que sepás de dónde viene el hate mail.

    fraid, claro, se gastó toda el presupuesto del viaje en el hotel. el pobre. ni para propina le quedó.

    una frase que leí hoy sentado en la librería internacional, frente a diez estantes de autoayuda, que es lo que leo en tu post, pero de otro modo:

    “(ya) no es la censura política lo que mata (la cultura): es el despotismo del mercado y los acicates del estrellato comercializado”

  5. pezenseco dice:

    Los señores chilenos que yo conozco son mis suegros y (por tanto) toda mi familia política (¿por qué se dirá familia “política”?)… También ellos estarían de acuerdo (me lo han dicho) en que no hay latino más lleno de opiniones que un chileno, que además no tiene reparo en que las escuchen todos en siete kilómetros a la redonda… (Y sí, también ella se la pasa regañándolo a él y él a ella, ji ji, no digan que yo lo dije…)

    Me gustó el dedazo de “Cohelo”… tampoco yo lo “escohelía” en una librería…

  6. itz dice:

    creo que voy a dejar el dedazo así, para que no me llegue gente buscándolo en Google. jajaja

  7. karla dice:

    Oh!!, ah!!…jajajajaja.

    ;)

  8. solentiname dice:

    Amo esos tours de ver todo en un día! Voy tomando apuntes de a dónde ir al día siguiente, con mi propio tiempo y normalmente termino encontrando esos lugares escondidos y bonitos. Suscribo la opinión sobre los turistas chilenos, con conocimiento de causa (amplio, debo agregar). Y a A. Hokins no le gritaste “Me, me, eat me Dr. Leckter, ME!”?

  9. furia dice:

    Gracias por llevarme a California. Un lugar menos :P

  10. jose dice:

    cómo hace para transformar un viaje que pudo ser aburridísimo, en una total aventura para los lectores? Cómo logra que sus dedos hagan magia con las palabras? WOW!!!

  11. Jen dice:

    yo también quiero foto con la torre de Back to the Future :O !!!!

  12. Pili dice:

    Y si tomaras uno de esos tours en Toronto, new York, Miami, Bogota, Lima o Santiago, sin irnos del otro lado del charco, todos serian iguales…jeje

    Porque al final la cosa es que en vez de los chilenos serian argentinos, o brasileños o hasta ticos! Y las ordinariedades con rótulos de neon o estrellas pintadas en el piso son las grandes atracciones que quieren ver los gringos, no importa la ciudad a la que vayan.

    Pero existen los tours para nosotros, los latinos, fiesteros, escandalosos y habladores que me he topado en lugares como Bogota o Panama, son fabulosos!

    Asi que a seguir viajando, por este medio o cualquier otro. :)

    Besitos, Pili

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