15 step

* Parte de lo que extraño de estar en casa es que esta parte de la ciudad no tiene sentido del humor. Es bellísima, pero le falta un poco de la incomodidad fascinante que sólo puede venir de la imperfección y el problema. Me resulta un poco difícil vivir y describir un mundo donde los personajes viven en un estado general de bienestar cultural y social, sin privaciones significativas, sentados en salitas que parecen de una revista de diseño interior, atendiendo a sus vicios más o menos matter-of-factly. Es decir que ya estoy lista para volver a la neurosis de San Francisco donde si, las casitas victorianas parecen pintadas las postales turísticas, pero adentro yo se que hace mucho frío y el techo está lleno de jeringas y una mujer furiosa en alguna parte está tirando un tocadiscos por las escaleras.

* Pensando en eso me fui a visitar a un amigo a un barrio común y corriente, lejos del área turística pero todavía cerca del centro, Frente al apartamento más o menos típico del filósofo/hacker (sorpresivamente sin Internet) hay una escuela donde en el patio, niños de todos colores se tiran agua con cubetas y pistolas. Hace un calor del demonio. Salimos al balcón a tomar el té, anticipando silenciosamente la tormenta que viene de todas direcciones. En el barrio hay construcción, obreros, señoras con bolsas, más de tres religiones, tiendas de esas que marcan los precios en cartoncitos fosforescentes en la ventana llena. Aquí viven los maestros, los oficinistas, las chicas que trabajan en los bares y en las tiendas. En este balcón lleno de macetas encontradas, por donde pasan demasiado cerca los aviones, es donde estoy yo, feliz.

* Otra vez se manifiesta mi mediocridad turística. Desde que llegué me he leído unas 500 páginas de un libro, me queda un día y medio y no he ido a los museos ni he hecho el tour de los canales en bote. Pero hice amistad con la señora de la tiendita de la vuelta que casi no habla Holandés y no digamos Inglés. Aprendí a leer el menú, a usar el tranvia de la forma barata, dónde y cómo se compra el queso, cuánto cuesta mandar una carta y cómo se llama la chica de Estonia que atiende durante el día en el café a dos cuadras de mi habitación. Me he dado cuenta que eventualmente me tropiezo sin querer con algunos museos, plazas, estatuas, monumentos o experiencias, sin buscarlos en el mapa. Para eso se necesita tiempo, y tiempo tuve, pero ya se me acabó.

3 respuestas to “15 step”

  1. Lucca dice:

    québonito que escribe usted. Yo quisiera haber sido la que dice, jeringas en el techo

  2. kumar dice:

    me encanta que no te dejás asaltar por la ‘personalidad turística’ . no se sabe como, de pronto, luego de que se trepan en un avión, todos se interesan compulsivamente por cosas que en su pueblo natal -es decir, en la vida real- jamás se les ocurriría visitar.

    pero no es sólo en el pueblo natal. aplica para cualquier lugar de residencia semifija. nunca visité un ‘must see sight’ -creo que el Convento de San Esteban- que me quedaba a cuadra y media mientras viví un año en un pueblo español.

    no se muera usted sin haberlo visto, pues después se pone más complicado.
    los buenos turistas, como vos, saben que el único must es un libro, una cama y un trago.

  3. Sheba dice:

    Pues a mi me fascina tu manera de ir conociendo las ciudades, irles desenredando el cotidiano con tu estilo tan propio. Creo que podrías andar en el pueblo más anodino del mundo y hallarle sus rincones de belleza. Un abrazote mexicano.

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