treefingers
* María Lucía tiene un nombre que odia, porque rima el primero con el segundo. Ella usa Maria Luisa porque lo odia menos. Se mueve por el mundo con una fuerza desastrosa pero controlada, con su hija de nueve años agarrada de la mano. Cada vez que mete la pata, llega tarde a recogerla de la escuela, olvida prepararle el almuerzo, falta a la reunión de padres de familia, María Luisa le asegura a la nena que todo es parte de una lección, un vehículo de aprendizaje, una forma de adquirir paciencia, autosuficiencia, previsión, determinación.
* Me llegan mensajes desesperados de Honduras, de gente detenida, su trabajo decomisado y destruido. Yo pensé que eso ya no nos iba a pasar más y de alguna forma siento que era parte de mi ingenuidad de persona joven, ahora oficialmente jodida. O suspendida por motivos de emergencia, como dicen los noticieros.
* Dice mi amigo Adam que en Amsterdam sólo se puede pintar la puerta de una casa de tres posibles colores, predeterminados por el gobierno de la ciudad. El micro-manejo de las convenciones, entre otras cosas, hace que la ciudad sea desconcertante y fantástica, de una perfección vertiginosa. Más allá de la vulgaridad que acompaña a todas las franjas turísticas, el verano hace a la ciudad explotar de mujeres en vestidos ligeros, flores en los puentes, bicicletas pesadas, gente que lee las revistas con una cerveza en el portal de cada casa. Me muevo despacio en estos últimos días, como para no hacer desaparecer la alucinación, el reflejo tembloroso en los canales, hasta que esté lista para despedirme.

Julio 2nd, 2009 at 9:01 pm
quiero estar ahí.
Julio 3rd, 2009 at 11:38 am
y yo con ustedes