take me to the river

Ayer, por circunstancias no anticipadas y que no voy a entrar a discutir, me tocó poner el trasero en el centro de un neumático y tirarme río abajo durante varios kilómetros que por supuesto, a mi me parecieron miles.

Antes de embarcarme en semejante aventura decidí investigar a partir de fuentes primarias: le pregunté al cowboy y a un par de amigos en qué consistía esta vaina del inner-tubing. Todos los testimonios coincidieron en que era una actividad eminentemente alcohólica en la que es imprescindible tomar cerveza no sólo antes y después, sino durante el decenso por las aguas. Todo el trabajo requerido es poner el derriére en el neumático, levantarlo de vez en cuando y flotar plácidamente asegurándose de que el neumático en el que flota la hielera nunca se aleje demasiado del alcance del grupo. Suena como mi tipo de deporte, así que me apunté de inmediato.

Ya en la escena hacía un calor de los cuatro mil demonios, y por alguna extraña razón, y por suerte, no bebimos antes de irnos al rio. Debí captar las primeras señales de peligro cuando la persona organizadora nos dirigió hacia un montón de chalecos salvavidas y nos aconsejó no quitarnos los pantalones ni las sandalias. Yo no llevaba sombrero, porque la deformidad de mi cabeza me impide mantener cualquier tipo de cobertura en su lugar, así que me bañé en una gruesa capa de bloqueador solar y me refugié tras mis anteojos oscuros.

Debí captar las segundas señales de peligro cuando nos dieron las instrucciones, que se me olvidaron todas cuando la persona organizadora mencionó la posibilidad de golpearse la cabeza con una piedra y morir, inconscientes y ahogados, lejos de nuestros seres queridos.

Con esa nota procedí a poner el culo en el agua al centro del neumático e inmediatamente perder una sandalia, que salió flotando por ahí, mucho más tranquila que yo. Resultó que este río en particular no era de los simpáticos en los que se puede hacer una pequeña fiesta flotante, mantener una conversación placentera o admirar las cuidadosas obras de la madre naturaleza. Resulto que este era un río lleno de piedras y por lo tanto, lleno de rápidos.

Otro factor inesperado que nadie me mencionó era la necesidad intensa y constante, de remar con los brazos para evitar quedar estancado en un remolino, pasar destrozándose la cara por las ramas en las orillas, o caer por el lado “difícil” en un abismo de piedras y aguas furiosas.

Después de la confusión inicial es fácil apropiarse de varias técnicas escenciales, como levantar las nalgas cuando vienen las piedras, agarrarse con fuerzas del siempre frágil neumático, amarrar la única sandalia que nos queda en una tira del chaleco, y durante los descansos de cuatro minutos entre rápido y rápido, resignarse a que no queda otra alternativa que temer por la vida propia y ajena durante un par de horas más.

Perdí contacto con mis lentes oscuros en la primera ocasión en que quedé invertida, bien sentada en el neumático pero con la cabeza debajo del agua. Me alegré de que entre las pérdidas no contara un sombrero. El bloqueador solar desapareció tras unas cuentas inmersiones totales, así que ahora también había que sentir el sol quemando la cara y los hombros, y el neumático quemando al roce la piel de los brazos y las piernas.

En la última curva del rio, cuando el muy esperado final se acercaba, volví a quedar debajo del agua pero esta vez perdí el neumático, que salió flotando a toda velocidad delante de mi, mientras yo también flotaba a toda velocidad pero a la vez me destrozaba los dedos de los pies trantado de pararme en el fondo de piedras filosas y resbalosas. Con mi dignidad tan golpeada como mis pies tuve que ser prácticamente pescada por otra persona y arrastrada hasta la orilla como un rollo de papel higiénico mojado.

Al final del recorrido hubo recuento: a alguien con peor suerte se le reventó el neumático, alguien más miedoso que yo abandonó la aventura después del primer rápido, alguien se cortó un tajo en la espalda con una piedra, alguien recuperó mi sandalia, y alguien por fin había traído al final varios six packs de cerveza. Califico la experiencia de totalmente exitosa y si pudiera lo haría todos los fines de semana que me quedan.

16 respuestas to “take me to the river”

  1. furia dice:

    Cuando yo estaba chiquitica “me hogué” en el río. Ahora todo es fobia y quedarse en la orilla viendo cómo los demás se divierten.

  2. BlackBetty dice:

    Uf, yo no, ni loca… ni siquiera con muchas cervezas adentro, que no que no. Me da muuucho miedito.

  3. solentiname dice:

    esta es el tipo de experiencias que me convierten a la creencia en Dior en dos toques y que duro de creyente lo que dure el paseo.

  4. itz dice:

    pues no era tan aterrador como podría parecer. la verdad es que yo siempre he sido super miedosa, pero por alguna razón entre más vieja me hago más me atrevo.

  5. Amalia dice:

    Yo me rei con la historia; me dolieron los pies de pensar en las piedras filosas al fondo del rio [pq me ha pasado un par de veces] y me aterre con la idea del neumatico volcado.

    Igual con todo eso, creo que me hubiera animado, obviando por supuesto todas las advertencias, en especial esa de morir inconsciente a causa de un golpe con una piedra :S

  6. cristian dice:

    reí y reí

  7. Sheba dice:

    Suena banstante bien eh? para la próxima, cintita para los lentes, sandalias super resistentes y quizás más cervezas al inicio…que tal que eran ingrediente importante para la conducción?

  8. tetrabrik dice:

    X games!!

  9. beto dice:

    Me parto de risa imaginándome el espectáculo. :)

    Sé que en Guana en un lugar para adentro de LIberia se hace tubing. No creás, a mí me ha tentado la idea. Y más con birra de por medio. Eso sí me extraña que no usaran casco.

  10. medea dice:

    JAJAJAJA. Así es mejor, sin expectativas. Creo que el balance final termina siendo más placentero con la devolución de la chancleta. En esos paseos lo mejor es la comparación de calamidades personales cuando uno ya está en el lugar de llegada, con cervezas encima y sequito.

  11. Sergio dice:

    Yo quiero…

  12. en bici dice:

    yo me animo, pero con diazepan …

  13. mandarina dice:

    me siento plenamente identificada. casi la misma conmoción de cuando me lancé en cartón por un guindo.

  14. itz dice:

    todos: la verdad no recomiendo la ingesta de bebidas alcohólicas y/o otras drogas antes de entrar al agua (excepto talvéz la cocaína. o no. mejor nada), sino hasta después de salir con vida.
    una semana después todavía me duelen los dedos, tengo un morete enorme en la pantorrilla izquierda, las quemaduras de los brazos parecen sarna. y obvio, estoy averiguando cómo ir a hacerlo otra vez.

  15. Verox dice:

    Jjajajaja.
    Envidio tan interesante experiencia!
    Bueníiisima.

    Finalmente, temo que la ingesta
    de bebidas y drogas no sea otra
    cosa que el festejo de la supervivencia.

  16. Ventolin dice:

    yo era un exito en ese deporte pero sin guaro cuando era chamaco… tirandome rio abajo en santa claro por el rio que no me acuerdo como se llama y tambien en el rio cooper en aguas zarcas.

    fuk yo digo que los bloggers nos tiremos todos con un neumatico al agua y hagamos esta picha…

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