hit return

Debería escribir sobre Malasia, sobre los días desoladores que me preceden, sobre los adioses a épocas enteras, los cambios que lo encuentran a una hipnotizado afuera de una mezquita, empapado por un aguacero blanco, desesperado por una dirección o un destino definitivo como el de las chicas que en grupo y vestidas de niqab negro esconden la sonrisa detrás de la ventana de un auto del que su esposo se ha bajado para orar en el piso repulsivo del mercado.

Se me complica escribir sobre estos días de truenos. Todo ha quedado borrado en ataques amargados en vuelos de 12 horas. Horas de la señora de nacionalidad indefinible que tose con ritmo irritante en el asiento a mi izquierda. Horas de imaginar que las turbulencias constantes sólo empeorarán y enviarán a esa incómoda vieja danesa y el ruso ridículo de los pantalones apretados, volando por el aire a romperse las frentes contra un “overhead bin” por desobedecer la sabia orden de poner el culo en el asiento y abrocharse el cinturón. Esa mujer hermosa, tomándole fotos sucias al amanecer en el mar del norte. Esa maltrecha suerte de viajar en medio de catorce infantes atormentados por el aburrimiento y los cambios de presión en los oídos. Esa película mala, esos audífionos peores, esa ensalada asquerosa, el tiempo que no pasa.

Cuando cierro los ojos prefiero ver veinticuatro horas de olvido en Amsterdam, la ciudad fría y desconsolada por la estación que no le favorece. Quise tocarlo todo: el museo de fotografía, el café Dante, el bar deteriorado del Jordaan, la pizzería para turistas, la biblioteca en un mezaninne, un cuarto de hotel donde los aviones pasan demasiado cerca. Una realidad corta que me sirva de amuleto contra las impracticidades de otros mundos.

Mi cuerpo ya no se acuerda de qué hora es, no sabe si quiere dormir o comer o salir a bailar al Tobogán. Sentada ya en casa trato de no caer dormida y hago un recuento del botín: Entendí que me incomodan los rituales religiosos de todas las religiones. Entendí porqué los gringos van a todas partes y comen en McDonalds. Entendí que el amor es una decisión tomada y que el lugar si es importante, y mientras se pueda hay que ser donde uno quiere estar.

9 respuestas to “hit return”

  1. gustavo dice:

    Me han encantado tus crónicas. Lamento no haberlas leído antes. Seguiré viniendo. Atte: Otro tico en el Exilio.

  2. Ventolin dice:

    martin air o klm? le pongo mis fichas al primero porque suena peor que klm…

  3. Alejandra dice:

    “Entendí que el amor es una decisión tomada y que el lugar si es importante”. I couldn’t agree more. Rest Milady.

  4. tetrabrik dice:

    descanse, sí, como le aconseja alejandra. lo merece.

  5. medea dice:

    Y ahora, el descanso.

  6. Ana dice:

    No lo podría describir mejor. Me tocó regresando de Bangkok, sólo que más devastada aún; habiendo perdido a un amor. Se terminaron mis lágrimas. Desolador.

  7. itz dice:

    gracias por las recomendeishons de descanso y por otras flores.
    Ventolín: KLM, la clase económica de todas las aerolíneas es la mismitica.

  8. furia dice:

    pero ya está en la ventana con vista a la bahía y un racimo de bananos de yeso colgando de la esquinita :*

  9. Nidia dice:

    Hola alita desde San José de Costa Rica a las 12:45 te envío un fuerte abrazo

Deja una respuesta