cor dos peixes

Me deslizo por el piso brillante de este hotel con un jetlag desquiciado, alborotado por el sol y la urgencia del regreso. Allá afuera Natal es de dos colores: el del cielo y el de la arena. Las mujeres usan esas falditas que son posibles sólo en el Caribe, y al lado de los edificios espantosos de treinta pisos unos chicos se deslizan por las dunas que les habitarán el corazón para toda la eternidad.

Brasil me da la falsa (y potencialmente mortal) impresión de que en efecto outro mundo é posivel, un mundo con menos reuniones a las ocho de la mañana, más camarones con frutas, más sonrisas de muchachos Bahíanos. Siempre que vengo se me revela que en todas las latitudes, especialmente aquellas despedazadas por la pobreza, estamos completamente equivocados al insistir en comer menos, tomar menos, levantarnos más temprano, acostarnos con menos gente, trabajar a medio culo, escribir libros mediocres, leerlos, y hacer música que no se baila. Estamos mal.

6 respuestas to “cor dos peixes”

  1. Julia dice:

    Ay, que envidia.
    Yo no me quiero morir sin ir a Salvador de Bahia. No conozco Brasil, pero Jorge Amado me enseñó a amarlo, luego vinieron Milton, Caetano, María Bethania, Chico..todos esos…
    qué bonito, qué bonito…

    Dichosa.

  2. itz dice:

    Te mentiria si te dijera que Brasil no es como lo pintan

  3. pezenseco dice:

    Preciso… Nunca suenan atractivas ni la abstinencia ni la austeridad como “doctrinas morales”. No creo que hacer de todo menos vaya a curar el mundo, aunque podría ayudar en algunas cosas. Aparte de quién convence a la inmensísima cantidad de gentes que siempre quieren de todo más, empezando, con justo derecho, por más placeres.

  4. Ventolin dice:

    Asi es… vamos de culo! Enjoy Bahia!

  5. Julia dice:

    ¿ has leído a Jorge Amado?
    Porque no lo pinta edulcurado.

  6. itz dice:

    Por eso. Incluido Jorge Amado. Brasil es todo eso, todo todo.

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