lectura ligera

Hace como veinticinco años que mi abuelo materno agarró otra excentricidad para añadir a su larga lista, y empezó a comprar revistas viejas en un lugar que hasta la fecha desconozco. Los números son siempre de al menos un año de antiguedad y algunas datan de los locos años 60.

El abuelo trae las revistas a las diferentes casas del resto de la familia siguiendo los dictados de sus antojadizos recuerdos sobre las personalidades, edades u ocupaciones de sus hijas y nietos. Por ejemplo a mi por alguna razón que jamás descifraré, me guardaba las Tu y las Seventeen. A mi papá le traia Mundo Científico y Veja de Brasil. A a mi mamá en la última década le trajo toda la colección de Estrategia y Negocios. A mi prima (a su pesar) siempre le han tocado las Hola y las Caras, y la casa de la abuela siempre tenía Ideas y Buenhogar.

Antes de darnos las revistas, eso si, abuelo las revisa para recortar títulos, letras, nombres o fotos de lugares que pueda integrar a sus numerosos y psicodélicos álbumes fotográficos, una serie de collage cuidadosos que documentan las vidas de toda la familia y sus extensiones, sin ningún reparo cronológico o geográfico. En la misma página puede estar mi tía con overol y sombrero en 1976, que alguna cita sacada de contexto de alguna “TV y novelas” de los 80, que una foto de Marilyn Monroe, que la tarjeta de North Beach que le mandé hace quince días. Pero eso es de otro post.

Las revistas me fascinan y como consecuencia inmediata, todas mis casas terminan pareciendo la sala de espera de un consultorio dental. Cuando me acuerdo de otras vidas a veces me acuerdo de las revistas que leía: la Ajoblanco de España cuando tenía 14, las revistas que Telémaco y yo nos inventamos en la Universidad, las panfletarias punk que traje de Londres, las Communication Arts que le di a U. de regalo de cumpleaños, las recetas de revista con las que conquisté el duro paladar de mi hermano, y los resfriados que pasamos juntas comiendo helados y viendo modelos moribundas en Vogue.

No se me quitó el gusto incluso después de que trabajé en una revista turística a punto del colapso como asistente editorial: la revista que tenía impreso mi nombre por algún lado me producía una felicidad ingenua y a mi abuelo, ni qué decir.

Prefiero no hacer un recuento de todas las revistas que leo, en papel y en línea, especialmente porque me da miedo pensar cuánto tiempo y dinero invierto con constancia y felicidad en lectura ligera. Sin contar los enamoramientos fugaces que he tenido cada vez que pongo pie en Brasil, México o Argentina. Acá que hay tantas revistas estoy suscrita al menos a cuatro, por suerte, trimestrales, y estoy resistiendo seriamente la tentación de suscribirme a The Thing, una revista basada en objetos.

Me pregunto si el abuelo sabe de la fascinación obsesiva de la cual le echo toda la culpa. Él y yo no hablamos mucho, por lejanas razones. Es más, no se me ha ocurrido preguntar si todavía anda repartiendo revistas o si ya me toca la escalofriante tarea de asumirme y empezar a recortarlas.

8 respuestas to “lectura ligera”

  1. Yhebra dice:

    Me parece maravilloso que descubras esa obsesión compartida con tu abuelo, sobre todo si no hablas mucho con él. Asúmete, pero asúmete con orgullo, déjate llevar y disfrútalo. Nuestros nietos nos recordarán por las pequeñas locuras de las que hagamos gala cada día.

  2. Gallina con gripe dice:

    … siempre te leo y me dejás pensando o con una risilla dismulada, hoy fue una carcajada limpia. Acá la constancia de mi paso por tu collage. Salú Itz.

  3. Julia dice:

    te recomiendo UTNE

  4. furia dice:

    bueno, hagamos esto: usté se suscribe a “La cosa” y yo me convierto en la primera destinataria de su deformación familiar ;p

  5. Sheba dice:

    Genial, la idea de tu abuelo y sus collages del caos!! Y la gallina con gripe tiene razón, finalmente este es tu collage, sin el que mis tardes jamás serían las mismas. The Thing se recibirá en México? suena muy bien

  6. lectura ligera dice:

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  7. la vida en rojo dice:

    Me encanta la linda idea la de tu abuelito de hacer una especie de “album interactivo”, incluyendo citas, letras y recortes para completarlo.

    Es curioso en mi casa mi hermanito de 20 años es a quien le da la manía de comprar todas las revistas que existan… no importa de que sean es cuestion de tenerlas. En su escritorio ves Selecciones, Men´s Health, Soho y hasta las Vanidades.

    Mientras que mi papá es quien monta su propio albumcito de recuerdos pero solo con textos publicados por mi, extrañamente es su forma de decirme que se siente orgulloso.

  8. Ventolin dice:

    Tu abuelo es como RSS…

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