spare the air
Como todavía no tengo un grincar no puedo aplicar por un número de seguridad social. Como no tengo SSN no puedo sacar la licencia. Como no puedo manejar, estoy condenada al Muni. El Muni (el sistema de buses urbano) es una condena para los que ya están condenados de una u otra forma: son pobres, indocumentados (como yo), demasiado jóvenes o demasiado viejos, y los discapacitados que cumplen con cualquier otra de las anteriores.
De vez en cuando hace aparición algún ingenuo que no tiene que estar ahí, pero quiere “salvar el aire”, evitar que se derritan los polos, ser un carro menos o alguna otra improbabilidad. Son pocas veces, porque toda persona dentro de sus cabales se da cuenta de inmediato de que el Muni para en absolutamente todas las paradas, en cada una sube y baja sillas de ruedas, bastones y andaderas, en el fondo alberga lo más selecto de la delincuencia juvenil, tarda media hora en avanzar cinco calles y está lleno de latinas con enormes coches de bebé y señores chinos con veinte bolsitas de plástico delgado, de contenido no identificado, amarradas con un nudito.
Los oficiales de la ciudad evidentemente no viajan en Muni. Ellos, en su espíritu magnánimo, decretan días enteros de “salvar el aire” en los que el Muni es gratis. Los que más aprovechan la gratuidad del sistema, con felicidad y energía, son los locos, indigentes, drogadictos y otros desaventajados que normalmente no pueden juntar el $1.50 regular. Y cuando digo locos, me refiero desde a los que se montan con uniforme verde que dice “Patient” y con brazalete clínico todavía puesto, hasta los que no necesitan uniforme para evidenciar su condición. En esos días, como hoy que estamos a treinta y cinco grados de temperatura, el potencial cinematográfico del Muni aumenta.
Voy en un 49 hasta la mierda de gente más o menos normal: muchas señoras salvadoreñas de las que son todas redonditas y bajitas y se pegan el pelo a la cabeza con peinetas. Varios adolescentes que envían mensajes de texto sin descanso. Una chica de grandísimos implantes de tetas con su mejor amigo, maquillado y con miniseta. Varios chicos con camisetas XXXL que parecen vestidos, estampadas con escenas completas de Scar Face o la carota de Tupac.
Una loca se monta en César Chávez y empieza a gritarle a la chica de los implantes: “Nasty! Nasty! You look like a fuckin whore!” La chica y su amigo se bajan. La loca sigue vociferando: “That is Nasty! Nasty!” Pronto empieza a entrevistar a los demás pasajeros: “Do you find that attractive? do you find that appealing? Those triple D balloons she has there? Nasty!”. Antes de bajarme la oigo decir: “Fuckin San Francisco man, everybody wants to make a scene”

August 30th, 2007 at 4:27 pm
y sin embargo, si tuvieras una licencia no vivirías estas cosas.
August 30th, 2007 at 5:41 pm
La tragicomedia urbana tiene nombre y número: La línea 30 Stockton :P
Poco después del MOMA, abordan las hordas de chinos y uno que otro desubicado de aspecto generalmente afroamericano. Una vez estaba yo en ese trolebús cuando un sujeto de estos detrás mío comienza a vociferarle al chofer “What the fuck is up with you man, move it, there’s already too fucking chinks in here! Fucking chinks! Why don’t they go back to fuckin’China? God have mercy”
Uno, por supuesto, no llega acostumbrado a esas cosas, y en la de menos uno se pregunta qué carajos está haciendo uno en un bus de esos. No es hasta después de cierto tiempo en que uno se da cuenta que en SF lo anormal es más bien demasiado normal. :D
August 30th, 2007 at 8:52 pm
Hummm… parece un show de variedades ese bus. Te recomiendo hacer tu parte y contribuir con algo que nunca nadie olvide. That’s nasty!
August 30th, 2007 at 11:13 pm
JEJE.
August 30th, 2007 at 11:29 pm
Beto: la línea 30 es estelar. Si no, son las familias de turistas de Kentucky que no entienden porqué hace tanto frío y porqué ese muchacho anda en miniseta.
Ventolín: Buena idea pero cuesta mucho sobresalir entre tanto performance artist.
Por cierto, en latinoamérica rara vez he visto a una señora subirse al bus con un coche de bebé gigante. Porqué será que las latinoamericanas venimos aquí y lo agarramos de costumbre?
August 31st, 2007 at 8:51 pm
ayer se subió en una lata de Barrio Pilar, el último discípulo de Melico Salazar… y se puso a cantar en un dudoso italiano torna a Surriento… no había terminado y se le suma una colombiana a vender un ácido que le blanquea los dientes en dos días y su precio en las farmacias es de 6 rojos pero aquí le cuesta solo 1 rojo… y tormenta es piropo para el baldazo que caía.
yo también quiero un carrito.
September 1st, 2007 at 4:58 am
LA no se le queda atrás en locos sin necesidad de uniforme, vienen de todo el país, porque aquí pueden acampar en grupo en la acera, mientras ven tv de baterías, y de nada sirve decirles.. ud que si tiene papeles y pidiendo harina y uno que la pulsea y ve la luz, manda a guevo… despues ves que no tiene caso porque viven en otra realidad, la de la verdadera locura.
Una compa de Chepe que acaba de llegar consiguió brete en una cafetería dice que llegan de vez en cuando a tomarse la leche ques gratis.
No entiendo una nueva moda entre los maes de ponerse una gorra con la calcomonía de cuando la compraron, es una calcomonía dorada redonda que le ponen a la gorra, lo extraño es ver 10 en un viaje a mcarthur en metro
De buses curiosos recuerdo los de Panamá en la noche… afuera oscuro, adentro luces de amarillas y moradas, poco de peluches guindando del techo, paredes decoradas con frases y poemas…de colores. Bachata colombiana a todo volumen y por lo menos la mitad de la gente, incluyendo al chofer y el cobrador en el bus cantando al volumen que querían
September 1st, 2007 at 6:23 am
Tuve varias experiencas similares y te comparto una: http://mariposafernandez.blogspot.com/2006/01/las-aventuras-del-28a.html