Salsa
Llegué temprano y me senté obedientemente viendo por el vidrio mientras terminaba la clase de principiantes. Me cambié los zapatos, guardé los anteojos y me recogí el pelo. Los pasos básicos de pareja que miraba por encima de mi libro de espera me reafirmaban en mi convicción de que la clase intermedia había sido una apuesta segura: nadie estaba bailando como Chayanne.
Iban llegando poco a poco los sospechosos: varias chicas que venían por primera vez, algunos orientales callados y serios que se acomodaban en los rincones, un par de tipos evidentemente preocupadísimos por su apariencia, y la nena-fiesta que en los primeros cinco minutos me invitó a salir después de clases. El profesor, un puertorriqueño bajito y guapo con zapatos blancos puntiagudos. La asistente, una rubia de cuerpo escultural con cara de canario y las uñas anaranjadas.
Empieza la clase con un set de pasos individuales y me doy cuenta de que hay que ajustar el estilo y marcar en medio: nada del otro mundo. Todo va mas o menos normal hasta que aparecen unas payasadas de jazz. Luego se empieza a deformar el asunto en una polísima coreografía de club de Miami. El trabajo de parejas parece una clase de aritmética: “pie atrás en tres, vuelta en seis, camina en siete”. Nadie sabe llevar, sólo seguir instrucciones. La cara de canario se desespera y me declara en desobediencia. Las precisiones sobre dónde poner el pie y en cómo moverse “sexy” me empiezan a generar unas violentas náuseas. Empiezo a odiar mi cuerpo, bruto y pesado por los estreses, tieso por los meses de inercia en la silla de trabajo y sobre todo confundido por tratar de bailar con más de una calculadora hecha en Taiwan.
Termina la clase y me dirijo al enanito para que me resuelva las dudas existenciales. El oráculo responde: “You have your feet in the wrong position. You’re not dancing to the congas, you’re dancing to the beat. Don’t depend on the lead, you have to know what you’re doing. Don’t worry, in two or three classes you’ll be fine.” Con esa metáfora brillante que ilustra un catálogo parcial de lo que odio de mi misma, salgo espantada.
Afuera la ciudad está sin poder dormir debajo de una sábana blanca y helada. Espero en la misma esquina donde las prostitutas esperan. Al primer imbécil que me dice algo le grito: “I DO dance to the congas, bitch”. Mi lugar está en un saloncillo de mala muerte, solo es cuestión de encontrarlo.

July 18th, 2007 at 3:04 pm
me fascina saber que te puedo decir “te lo dije” ;) en un email anterior sobre bailes y te mencione a los orientales bailando salsa de salon de competencia en esas clases, pero dudo que en ninguna clase logres encontrar nuestra salsa, la que llevamos en las venas y que tu y yo hemos bailado juntas tantas veces….yo termine por bailar sola en la salita de mi casa….asi es la vida en esos paises nordicos, pero si te sirve de algo, nos conectamos virtualemente y yo dejo que me lleves.
July 18th, 2007 at 4:13 pm
Eso TongoLena :D
Por cierto, ya volvió el hijo pródigo (otra vez) :P
July 18th, 2007 at 11:34 pm
Lo bueno de los saloncillos de mala muerte es que a veces en las tardes tienen clasesitas de salsa… salsa de la que verdaderamente se baila.
July 19th, 2007 at 1:14 am
uno dos tres atras al lado atras uno dos tres…..
eso No es salsa….
“Y vi la luna negra,
y negras las estrellas
cuando te vi partir
Y el consuelo ya no basta,
y qué no haría”
“Cuando se aferra un querer al corazón
y la conciencia no tiene la razón
no valen los consejos.
Cuando se prueba del fruto del querer,
cuando se aprende a sentir mas de una vez
no queda más remedio que darle cielo y alas al amor
y hacer de lo difícil lo más bello”
…. y mucho mas… es salsa…
cuando el cuerpo se mueve solo como en automatico…
todo se sincroniza, como si la mente se durmiera un rato
para darle el poder a la musica que se apodera del cuerpo
July 19th, 2007 at 7:12 am
Qué saben ellos del verdadero ritmo? Nada, Itz, nada, si no han bailado apretao al son de los brillanticos o de un disco de Oscar de león.
July 20th, 2007 at 5:52 am
Dos o tres clases y luego irse para el salsa club y estaras volando… ahorita estas aprendiendo, me parece logico que primero venga el beat y despues la conga.
July 20th, 2007 at 9:28 am
….
July 20th, 2007 at 9:30 am
…Que alguien me diga…
como se olvida…
como se arranca para siempre un dolor del corazón…
Que saben ellos de salsa… si ni español entienden!!!
Adelante Itz… Que el sabor se lleva en la sangre …
July 20th, 2007 at 9:45 am
Ventolino: el golpe a la dignidad se debe a que yo soy una regular del Tobogán (viernes, con la solución, después de las 10) y alguna vez hasta frecuentadora de un avanzado en una academia por allá. La arrancada de credencial salsera es el problema. Me da pereza aprender a bailar como Ricky Martin. ;)
July 22nd, 2007 at 11:36 am
Jajajaja, me he reído mucho con este final.
Las clases como que lo entiesan más a uno, eso te lo digo por experiencia propia. Suerte, pero nunca reniegues del chiqui-chiqui! Saludos.
July 23rd, 2007 at 2:11 am
genial comparación…
es una mierda cuando se asesinan expresiones de algo con aritmética…
las cosas se sienten… se disfrutan…
July 23rd, 2007 at 10:52 am
Que se jodan los oráculos y los canarios, hay que bailar como uno lo siente y punto, lo demás es pose.