algo como el viento

En el desierto el cielo es enorme y quema los labios. El estado cabe en el mapa perfectamente cuadrado, resultado de algún bisnes de esos en los que los estadounidenses fueron entre robando y comprando la tierra, con todo y gente, ríos, árboles e historia adentro. Si uno se fija, se da cuenta que a un dedo gordo de distancia se mueren las mujeres en Ciudad Juárez. A alguien se le habrá ocurrido que este méxico era el nuevo. Para nosotros esto es el norte, para ellos, el sur. Las casas, los edificios, los supermercados, los casinos de los indios, todo es del color de la tierra. Dos casas de aluminio vienen en sentido contrario, bien amarradas a un cabezal a ochenta kilómetros por hora. En la radio suenan corridos, pastores evangélicos hablando de las llamas del infierno, y soft rock de los setenta. A lo lejos se ven las montañas de pico blanco, y el aire se va poniendo flaco. Busco al coyote y al correcaminos en la orilla de la carretera, pero sólo hay animales muertos no identificados. El río grande, que viene de contar mayores desgracias, sigue buscando el cañón por donde siempre ha pasado dejando un hueco en la tierra anaranjada. Aquí se ha pelado la tierra y se ha puesto el orden donde el orden no cabe: los centros comerciales, limpiecitos, son una postal fantasiosa de un pueblo polvoriento. Durante el fin de semana empieza a nevar fuera de época (yo que tanto la extrañaba). El cowboy y yo entramos a nuevos descubrimientos, como que a mi me gusta el boxeo y a él sólo le parece la repugnante evidencia de un conflicto de clases. Al lado de un precipicio un indio Taos que maneja un pickup blanco me limpia el cuerpo con las águilas de su familia, y me canta algo misterioso en la cara, algo como el viento. La nieve caería dos veces más, la segunda me sorprende ya de regreso a casa en Santa Fe, donde una india Zuni/Cochiti me vende unos aretes y me enseña la patente que le adjudica el copyright.

Una respuesta to “algo como el viento”

  1. Yhebra dice:

    Precioso, Itz, me has hecho volver a soñar con uno de mis viajes en lista de tareas pendientes. Sólo que ahora tengo todavía más ganas de hacerlo.

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