a movie so crass

Antes siempre estaba montada en un avión y ahí en la intimidad del asiento que es tu casa durante once horas, a nadie le importa lo que estás haciendo. Siempre me podía bajar y decir: “Uf, qué horror, la comida horrible, y ví la película gringa más estúpida del mundo”. Y así en la más limpia de las impunidades podía satisfacer mi insana curiosidad por el Diario de Bridget Jones II o Legally Blond II o cualquier estupidez que terminara en II o que protagonizara Hugh Grant. En la vida pública por supuesto, esas cosas no se mencionan. Oscuras referencias de Cassavetes a Fassbinder, y otros con una doble ese en el nombre, son más apropiadas para coexistir en sociedad. Era un secreto profundo entre el muchacho del Video Uno y yo, y esa condenada computadora donde se esconde mi historial de renta donde por supuesto está más de una inconfesable, especialmente durante los largos meses de abstinencia social, sexual e intelectual que fueron, digamos, toda la primera mitad del dos mil seis. Ahora que no tengo la delicada selección cinematográfica de las aerolíneas comerciales, espero a que mi marido salga de la ciudad, me salto una clase de screenprinting, me compro una botella de tinto y alquilo la película más ordinaria que me encuentre: en algunas épocas de soledad, tedio o incomodidad, la pantalla ayuda a poner la otra película en pausa. La tuya pues.

4 respuestas to “a movie so crass”

  1. tugo dice:

    No se porque me atrajo ayer ver Stuck in Tokio y ahora todo me suena a esa película, especialmente esto.

  2. beto dice:

    Cambia, todo cambia, decia la voluminosa Mercedes Sosa… :P

  3. K dice:

    A veces hay que darse permisos. Es bueno para la presión (arterial, sexual, social, etc.)

  4. furia dice:

    me encantó la copia de “The Holiday” que me dejaste. La veo cuando me dan ganas de comer helado porque me siento gorda :)

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