p.m.

A medio día, todavía en ayunas, me da miedo que tiemble. Imprimo las hojas con las instrucciones y salgo a vivir en orden, en paz. Se me rompen los labios durante el día con los arañazos del viento. Se me rompen los lazos con todo lo que tenía: mi vida y yo éramos tan diferentes que era inevitable. Un hombre negro como el sombrero que lleva se me acerca con sus huecos de la nariz enormes, que respiran metros cúbicos de aire y humo y ciudad entre la niebla: quiere venderme un poema fotocopiado en cardstock amarillo. Paso por la escuela de artes que me recuerda la tragedia que son las intenciones sin el talento que les corresponda. En la plataforma, el silencio entre nosotros parece una gelatina transparentosa que nos alivia los golpes de cabeza. El tren lleva unas gotas gordas en la ventana, las que pudo atrapar antes de esconderse debajo de la tierra y convertirse en un gusano más útil, sonando debajo de calles que no recuerdo. En la superficie un perro perdido me sigue pidiéndome nada. Todavía hace sol y es de noche, de noche, de noche.

6 respuestas to “p.m.”

  1. tetrabrik dice:

    sí tembló, ¿o lo soñé?

  2. Náhuatl dice:

    Me gusta la manera en que escribes…

  3. furia dice:

    y el perro… se parecía al Pope?

  4. Silvia Piranesi dice:

    uy, justo acabo de preguntarme si fue que yo me inventé que tembló hoy… ja!

  5. itz dice:

    pucha, tembló en CR y yo asustada desde aquí: talvéz me tembló en el inconsciente.

  6. Sergip dice:

    5 y 30, 5 y 45 algo así.

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