touch the ground

Horas de sacudidas, películas, pánico y larguísimas diatribas instruccionales, literalmente en chino. En los lapsos de sueño deambulo por las olas heladas del pacífico esperando que vengan los helicópteros o los tiburones a terminar el dolor de los huesos reventados. Nada de eso: el monstruoso armatoste de a dos pisos y tres clases por fin toca el suelo con seguridad. Desde entonces han pasado tres horas. (Nota mental: existen naciones enteras que no tienen el valioso concepto del “pase usted”, o el valioso concepto de abordar por grupos, o el valioso concepto de seguir caminando sobre la banda eléctrica y no sólo considerarla un refrescante descansito). Con ojo experto escojo una fila de migración perfecta, llena de europeos con maletín de laptop. La notable excepción es un bellísimo príncipe Hindi con los pies enormes y la cara esculpida por las dinastías que le preceden, sosteniendo una bolsa de Hermès. Y por supuesto detrás se me planta una señora que me hace percatarme de que me están creciendo los issues del espacio personal, de tanto estar entre blancos. Otra vez le explico un trabajo inexplicable a un oficial que tiene un trabajo muy sencillo de explicar. Ya con las maletas en la mano y los pies en la lluvia helada me doy cuenta de que siento como si estuviera caminando sobre algodones. Aún no se quita.

3 respuestas to “touch the ground”

  1. fanshawe dice:

    Una pregunta: ¿el algodón resbala?

  2. itz dice:

    nah. pero uno se hunde un poquito con cada paso y hay que hacer fuerza para dar el siguiente. después de 16 horas de sueño parece haberse acabado.

  3. manuch dice:

    Eso de explicar trabajos inexplicables es lo más complejo, que la gente no se da cuenta a veces como ha cambiado el universo.

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