otro mundo
La calle polvorienta de un pueblecillo de Guanacaste conecta perfectamente la casita con el Internet café. Todos nos estamos preguntando si valdrá la pena poner Internet en la casita si el café con sus galletas chiki y las latas de coca cola light heladas está aquí nomás, con aire acondicionado.
Lo que tiene la casita son las birras. Y la piscina siempre medio sucia. Y la bici. Y las gallinas que andan merodeando, y los monos que llegan en las tardes a los árboles más altos. Y la cocina llena de todos los tarros que pierden el estatus en las casas del valle central. Y el camarote de cuando éramos chicos y las sábanas que perdieron sus pares hace muchos años. Y mi mamá leyendo Umberto Eco de a poquitos y mi papá feliz porque ya vinieron a arreglar el portón del frente y mis hermanas que van a la playa a ver qué tan blancas pueden dejar de ser. Y un gato que a veces desaparece. Y las vecinas que saben nuestros nombres y nos traen tamarindo. Y el vecino que una vez escribió un libro de poesía, que tenemos ahí. Y el cowboy, que está un poco perdido y usa un litro de bloqueador, y se ríe conmigo de lo extraños que somos aquí, él y yo, y de las ganas de quedarnos. Aquí, todos queremos quedarnos así cómo somos ahora.

January 12th, 2007 at 2:36 am
Será el gato de Chorringuer ese… :-)
Ya volví.
January 12th, 2007 at 11:42 am
pero imagino que ya el cowboy sabe articular frases que comienzan con el consabido “vuir a”: “vuir a trshaersh el bloquiadorsh”, “vuir a la pulpe”, “vuir a acostarme”… :)
January 12th, 2007 at 7:30 pm
dichosa, disfrute!