Tome una ficha

Hoy este país no me sirve, está chueco. Se le mete el agua por las rendijas y le traquetean las coyunturas atrofiadas. Creo en el Estado todopoderoso creador del cielo y de la tierra, pero lo evito. Cambiarlo no me interesa (no soy esa clase de loca), así que me dedico a hacer como que no existe. Y cuando es inevitable, me doy cuenta de que vivimos en que una maraña de bases de datos de cuarta calidad que a su vez viven en edificios pintados de beige con una franja tabaco hasta un metro de altura.

De mi poco respeto e incendiario odio por las instituciones cabe destacar la singular experiencia descontroladora que me provoca la Aduana. Odio la Aduana. Me obligó desde hace años a aprender de trámites y procesos que no me podrían importar menos: una odisea laberíntica de venga aquí, pague allá, espere por acá, no hay sistema. Cada vez que el destino infeliz me arrastra hasta la Aduana me imagino las grises vidas de sus funcionarios y me acerco un poco más a la depresión ajena. Cuando me pongo racional entiendo perfectamente la función impositiva y económica del asunto, pero no hay manera. La Odio, con O grande.

La Caja me angustia hasta las lágrimas, especialmente por lo buena e importante que es. Es como si tu mamá se volviera una piedrera amnésica que te arrea por la ventana del carro para pedirte seis tejas. Me parece miserable que todo se maneje con papelitos blandengues hechos a máquina de escribir que uno pierde instantáneamente. Me enferma pensar en los expedientes administrativos y en las pobres almas en pena que los llevan de una papelera café a otra. Me rompe el corazón la multitud apretando una ficha de cartón con la mano sudada, perdiéndose de la vida hermosa durante dos siglos, mientras la plata robada es tanta tanta tanta. La Caja me entristece, y me ha hecho llorar.

Solo por mencionar dos ejemplos. En realidad hay miles de terminales corriendo windows a sesentaycuatro de ram, arruinándonos la vida sistemáticamente con las licencias, registros, pasaportes, expedientes, patentes, recibos, órdenes patronales, oficios, declaraciones juradas, certificaciones, letras de cambio y licitaciones restringidas. Me desconsuela aún más una hipótesis que formulé observando a mis circunstanciales compañeros de desgracia, en una de esas filas institucionales donde no hay pared para arrecostarse: entre más pobre sea uno, más desesperante, eterno y psicótico es el trámite que necesita.

9 respuestas to “Tome una ficha”

  1. Julia dice:

    Esto es verdad. Y duele mucho. Duele mucho este país. “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”

  2. Allan Rojas dice:

    Demasiado crudo y cierto…

  3. beto dice:

    Solo Dior sabrá lo que estamos pagando para tener que pasar por semejantes desventuras en esta nuestra imbécilmente feliz banana republic.

    Mi papá en estos momentos está grave en el hospital y me ha tocado vivir en carne viva la desesperación e impotencia que produce no ya solo el tener a un ser querido en esas condiciones, sino el tener que enfrentarse a la más horrible de las burocracias que, en pleno siglo XXI, se aferra como un quiste a “sistemas” que nunca funcionan y a la cultura del papelito escrito a máquina para todo. Tan acostumbrados estamos ya a la mediocridad que nos parece perfectamente normal. O como decía un grafitti por San Pedro, “estoy tan muerto que ni siento la hediondez”… pues eso.

  4. medea dice:

    Caja, la Aduana y Migración.

    Son como la lavada de heridas con jabón mentolado y cepillo de raíz. Uno confía que son para el bien de uno, pero por qué rayos no existe un método menos torturante y sanguinario?

  5. Cioran dice:

    Ese aire presuntuoso que se adquiere con motivo de una gran calamidad…

  6. Francisco Duran dice:

    que triste… hasta que trago grueso pensando en todas estas circunstancias que eventualmente uno ha tenido que sufrir.

    lo peor es que yo nunca le hecho la culpa a nadie de que eso sea asi porque al final de cuentas, las instuticiones del Estado son simplemente un reflejo de lo que somos nosotros los ticos…

  7. furia dice:

    y qué me decís de las municipalidades?… la de San Pedro tiene esa vara hecha un río azul y acaban de poner - en el colmo de la estupidez- un poco de cámaras por todo lado para que usted “camine seguro”. Pero quién puede caminar seguro por esas aceras llenas de chorretes de las bolsas de basura de los bares, pobres perros inmundos, piedreros tirados de lado a lado y asquerosas ratas que ni siquiera tienen un “paso ratonal” para cruzar la acera? es que el tercermundismo es un estado mental…

  8. itz dice:

    De fijo hay peores tragedias, pero pa qués el blog si no es para la quejumbre? Siempre lo he dicho.

  9. Global Voices Online » Blog Archive » Costa Rica Blog Wrapup: CAFTA, Christmas and arts. dice:

    […] Itzpapalotl comments on Costa Rica’s social security health system, known popularly as “La Caja”: La Caja anguishes me to tears, especially because it is that good and important. It’s like having your mother become an amnesiac crack addict who bashes your car window in to ask for a buck. […]

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