Barco va

Hace una semana me empezó a doler la cabeza como a puñaladas. Mi estómago dejó de coordinar con el oído interno, y junto con la permanente sensación de naufragio en altamar se desataron el insomnio, el bruxismo, el frío en los pies, la fotofobia. En este estado salvaje concurren la violenta ausencia del cowboy y mi sadomasoquista relación con el trabajo.

Mi más prolongada distracción de fin de semana ha sido raspar un muro con una espátula, las uñas pintadas, la piel de los dedos. Pies en tierra me puse un vestido, fui a una fiesta con un tren de putas donde todo me pareció demasiado viejo. Me tomé tres whiskys contemplando las aspiraciones sexuales ajenas, y regresé en silencio. Me metí en el sueño amniótico de las pastillas y los tapones para los oídos.

Me despertaron las náuseas de hoy a las 11am en la oficina, cuando me di cuenta que a-carajo-hoy-es-veinte. Me voy mañana y vuelvo el sábado. Agua en la cubierta. Sábado y once, siete. Me voy el siete y vuelvo el diez. Balsa de emergencias. Me voy el doce y si no regreso nunca es que estoy curada del mareo.

3 respuestas to “Barco va”

  1. tugo dice:

    Si no regresas te mandaremos fotos.

  2. Cioran dice:

    Para vengarnos de quienes son más felices que nosotros, les inoculamos -a falta de otra cosa- nuestras angustias. Porque nuestros dolores, desgraciadamente, no son contagiosos.

  3. furia dice:

    una cosa querida… el error -ahora lo vengo a ver- es pensar que la constante aplicación de la misma fórmula llevará a resultados distintos…

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