Indulgencias

Soy dueña de la permanencia de una sonrisa zen que sólo tiene explicación cuando uno cancela unos 8 vuelos a Kuala Lumpur el próximo año y eso, mijita, es la felicidad. Este fin de semana decidí celebrar la mía, sólo la mía. Comí sopa de pollo prácticamente en una palangana. Dormí hasta la inconciencia. Compré un cachorro ridículo y se lo regalé a mis abuelos, quienes ahora me hablan sin cesar de los patrones de sueño del animal. Salí en la noche sólo para escuchar con incredulidad una de mis canciones favoritas de Pastor Lopez interpretada por alguien menor de 70 años. Hoy en la mañana Doña Julia, by special request, me hizo café *casi* sin azúcar. Me comí una bolsa de cases que estaban para ayer mientras escribía apasionada un estricto plan de negocios para el próximo año. Mon amour me hizo reír por teléfono por algo sobre unas donas en el parqueo del campus de Google. Visité a un amigo nuevo, que es de esos que restauran un edificio imposible en una esquina improbable del centro de San José. Decidí que el examen de francés de mañana está más allá de mis capacidades, y en cambio ese yogurt congelado de chocolate estaba tan cerca…

5 respuestas to “Indulgencias”

  1. furia dice:

    Cómo lo hacés?…

  2. Pili dice:

    Vive la liberté!

  3. Julia dice:

    El cafecito: con mucho gusto.

  4. ericjms dice:

    Acepto de regalo ocho viajes a Kuala Lumpur, no fee, no charges.

  5. fanshawe dice:

    ¿Bailabas por la calle?

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