Mementos

Tengo dos días de mal dormir, una colitis esquizofrénica, una ciudad donde vivo cada vez menos, y en la que nadie contesta los teléfonos. Un frío importante. Cero comida en la panza, en el refrigerador, en las intenciones. Como sufrir siempre se puede hacer más, saco una caja de cartón bastante desprestigiada y arañada por la gata, esa que nos dejó su fantasma restregándose contra las puertas. En el suelo están las cartas de amor desde mil novecientos noventa y tres. Ya rasgadas en cuadritos hasta parecen más. De pronto me entra la paranoia de que los pedazos que quedan de mi adolescente ridícula se vayan a rearmar en un basural cualquiera y ella va a venir a buscarme, toda deprimida y sin lavarse el pelo. El puñal en la cintura me obliga a botar más, imaginar menos. Doblo en seis los poemas buenos que paulo me escribió: todo un libro (qué exagerado). Ahora caigo en cuenta de que fumar era una parte de estar cómodamente acostada en el piso, con la ventaja de que se podía quemar inmediatamente lo que fuera demasiado indigno: en mi caso las pruebas de mi alcoholismo precoz, la nota imbécil de un profesor de filosofía, una entrada para ver a la persona que sabina fue. Objetos sin justificación posible van pasando por breves intentos nemotécnicos, para luego ser ejecutivamente mandados al carajo, ese mítico lugar que me imagino atiborrado de recuerdos (especialmente recuerdos de quinceaños). Me arden los ojos de la humedad que tienen los negativos de fotos de cuando existía tal cosa, y de cuando existía tal gente, en cuenta yo. Cambio de estrategia: boca abajo, la cabeza y los brazos colgando del borde de la cama. Un diskette que, si tuviera unidad a:, podría destapar mi ya-casi-superada emoción por el hentai. Un certificado de perdeparticipación. Un libro infantil de graduación con la evidencia de que los niños a esa edad ya pueden mentir amistad por compromiso. El mapa del metro donde me dejaron perdida. Una carta de lejos de alguien que ya no conozco. La desesperación cede y me puedo volver a sentar: mi cuerpo colabora. Esta cajita de plástico llena de ns/nr va así como está, asquerosa, seguramente para el infierno. El hambre y la ausencia de dolor me indican que ya me aburrí de la visita a esta demente que quería tener evidencia física de cuanta idea se le metió en la cabeza. Para terminar, recojo lo que se salvó sin ningún criterio en particular, lista para olvidarlo por unos años más.

7 respuestas to “Mementos”

  1. Pili dice:

    El equipaje de mi pasado cabe en 2 maletas, siempre he planeado mi vida asi. Resulta que cuando se es medio bohemia, es mas facil viajar con 2 maletas nada mas. Asi, cada 5 annos mas o menos, o sea, cada cambio de pais en el que me domicilio, paso por la respectiva revision de notas, papelitos, cartas y personas olvidadas en un pasado cercanisimo.

    Antes hubiera fumado contigo mientras mirabamos tus recuerdos, ahora probablemente solo me hubiera sentado a los pies de tu cama a verte y oirte mientras tu pasado pasaba entre mi pecho y mis oidos y me recordaba cuanto extranno a veces estar alla contigo para poder perdernos juntas, una vez mas, en las aventuras irracionales de nuestras vidas.

  2. fanshawe dice:

    Me dijeron una vez: te prefería cuando sufrías porque sentías algo.

  3. furia dice:

    Yo quemé y quemé y solita me quedé…

  4. itz dice:

    yo primero me quedé solita, y luego, in unrelated events, qumé.

  5. Lau Fu dice:

    Yo escupo los recuerdos cuando escribo… igual a veces tengo vómitos convulsivos.

  6. Silvia dice:

    “esa que nos dejó su fantasma restregándose contra las puertas”…
    Aunque esto de los fantasmas sea un lugar común y más que conocido, creo que todavía no se ha dicho todo sobre ellos…
    Me gustó tu inventario.

  7. mr. bob dice:

    Para mi Sabina todavia es… y tambien tengo entrada.

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