Libro y librero

Hay un libro que tiene mi nombre en la portada. No sólo hay uno, hay como mil, metidos exactamente iguales en unas cajas que estorban por todo lado en la oficina. Ya en papel, no me atrevo a leerlo.

Con un poco de culpa (supongo que la culpa que acompaña a la maternidad) me compré un librero grandote de tablas gruesas, donde ahora descansan aliviados los pobres libros que han sufrido la vida conmigo: metidos en bolsas de basura, revuletos con los ajenos, prestados a estúpidos, metidos en closets húmedos de coronado, arrastrados y odiados por ayudantes de mudanza.

La esperanza es que si veo el mío acomodado, aireado, ordenado y puesto en compañía de mejores… dentro de un par de años, lo lea y le encuentre todos los errores.

10 respuestas to “Libro y librero”

  1. gabo dice:

    Oye, ¿y cómo se puede conseguir?

    Saludos.

  2. beto dice:

    Qué bueno por fin poder ver ese libro como un hecho. ¿Qué se siente tener un libro con el nombre de uno? :D

    ¿Cómo conseguimos una copia? ¿O dos? (Para enviársela de regalo a un amigo en Argentina)

  3. medea dice:

    Así es con los hijos, me imagino. Nacen, se ponen en un lugar donde puedan desarrollarse y hay que esperar unos años antes de poder sentarse a verlos objetivamente.

    Felicidades!

  4. itz dice:

    Gracias gente. Todavía no se puede distribuir porque le falta un toque. Pero les aviso cómo cuándo y donde.

  5. mr. bob dice:

    Por favor… fijo se une a la lista… y si la espera es corta quiza escale posiciones haste entrar al top 5 XD. Esperamos la info.

  6. Julia dice:

    Qué momento más maravilloso. Qué cosa más linda.
    Felicidades!!!!

  7. solentiname dice:

    Felicidades! que me anoten en la lista de distribución, po favó.

  8. Damián dice:

    que bien lena!!!!

  9. eugenio dice:

    Ojalá algún día salga también una antología con tus mejores posts, que son muchos.

  10. » Blog Archive » fear of shakes dice:

    […] Hace poquísimo compré mi primer librero. Nunca había tenido gracias al “tren de pensamiento” que me llevaba a concluir que era un chunche demasiado permanente e inmóvil, cero doblable y metible en una hipotética maleta, sin mencionar que puede matarme en caso de temblor. Pues a partir de hoy tengo dos, dos permanencias en dos ciudades temblorosas distintas, y la tierra no deja de moverse debajo de mis pies. […]

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