felices, se van rápido

Mi reloj biológico se está empezando a adaptar a construcción que está destrozando una casa de 100 años acá al lado. Los días felices corren más ligero, así que hay que levantarse y disfrutar frenéticamente del café de la esquina, el bagel con besos y queso crema. Cruzar Golden Gate en un día clarito. Los helados de chocolate con chocolate en el Castro. La comida Etiope que es mejor que la de Addis, la hermandad universal de la cerveza y vagar por los pasillos de Amoeba en el Haight. Mi piel se seca y se cae como cada otoño. La noche en el Fillmore tiene consecuencias leves, pero las tiene. Trabajo, y ya me desespera un poco la lentitud con la que las horas se arrastran, disfuncionales, en casa. Al teléfono trato de que se me oiga con buena cara, y que no se me note que no quiero volver.

4 respuestas to “felices, se van rápido”

  1. beto dice:

    Amoeba rules! Santuario para nosotros los incurables junkies de la música… el de Hollywood abarca toda una cuadra.

    Mi reino por montarme de nuevo en un cable car…

  2. solentiname dice:

    y la heladería de ben and jerry’s de haight, la quitaron? y el Red Victorian? el hotel y el cine? Y ese café es lo máximo en bagels.

  3. itz dice:

    la heladería está ahí. y al frente está the gap. jeje. y el red vic todavía está, ambos en realidad… nisquiera me he alcanzado a ir y ya extraño todo

  4. tetrabrik dice:

    quédese todo lo que pueda que esto está igual

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