Penélope se aburre
En el momento en que nos despedimos sin besos me di cuenta de que iba a extrañarte con todo el cuerpo. Lo que no sabía era la medida exacta del dolor que la distancia iba a poner entre uno y el otro, ni que nos habíamos condenado, silenciosamente, con el filo de la recurrente despedida. Que nos esperaba la más terrible de las ansiedades: la de extrañar lo que todavía no habíamos hecho juntos y coleccionar nostalgias sobre las cosas que aún no nos habíamos dicho. No sabíamos que nuestras vidas móviles pondrían kilómetros más o kilómetros menos entre nuestros correspondientes puntos de partida, sin jamás acercarnos lo suficiente como para volver a juntar las manos.
Hoy estoy casi convencida de que no sirve de nada tratar de engañar la gravedad de la leyes: yo no voy a dejar de moverme, vos no vas a dejar de moverte, el universo no va a dejar de moverse, yo no voy a moverme conforme a tu movimiento, vos no te vas a empezar a mover al mío, me niego a ser una visitante en tu mundo, me niego a que te quedés como visitante en el mío, y nuestras velocidades nunca serán constantes.
Penélope entiende la imposibilidad de la física, y se va.

August 3rd, 2006 at 10:30 am
Hay muchas formas de quererse…lo difícil no es decirlo, es entenderlo. Ellos lo entendieron hace más años luz que nosotras… Saludos.
August 18th, 2006 at 6:28 pm
Cómo se nos repite constantemente el problema del Estimated Time of Arrival…