hábitat
Vengo de una familia de mujeres nómadas y hombres sedentarios. Las mujeres andan buscando el camino, han envuelto los trapillos y contado a todos los hijos antes de salir a buscar dónde van a estar sus próximas ilusiones. Los hombres han tratado de plantar raíces, especialmente por medio de la construcción de bases inamovibles de varilla y concreto armado. Pero son las mujeres las que arrancan las nostalgias de la tierra y abandonan el refugio en medio de la tempestad. Y los hombres, no sin dolor ni sin reclamos, terminan por seguirlas a donde vayan.
Mi madre recuerda haber vivido en al menos 24 casas durante su infancia, a veces se mudaban en el mismo barrio, a veces la pobreza desperdigaba por la ciudad a las 6 hermanas en casas de la familia. Para ella el movimiento es de lo más natural, es el paso siguiente, es la forma en que uno se encuentra con su destino. Mientras tanto mi papá creció con un papá que construía para siempre, puentes y carreteras que todavía están en los mismos lugares. A pesar de algunas idas y venidas, él definitivamente encuentra la comodidad en un lugar: el actual, el que él construyó. Entonces, la vida mía ha transcurrido entre hacer una casa, y moverse a otra. Hacer una, moverse a otra. Y yo soy igual. Ya estoy planeando con varios cómplices, mi próxima huída. La tranquilidad, la estabilidad, la identidad, los lazos, las costumbres, todo eso se puede encontrar… el problema es acordarse en cuál caja de la mudanza los trajimos.

May 23rd, 2006 at 8:57 am
La belleza, la traquilidad, la comodidad, se encuentra de tantas formas distíntas. Yo soy de ese tipo de hombres, que le gustaría ser como el árbol de más profundas y prolíferas raíces, que construye, que todo se mueve al rededor de él y que cuando se encariña del más dulce habitante cantor de su copa, éste vuela fuera del alcance de sus ramas.
Sin embargo, la belleza existe, más también la desesperanza.
May 24th, 2006 at 8:23 pm
Qué lindo que escribís….qué lindo…