Smoking hot

Hace años que decidí dejar de fumar. Pero estaba totalmente justificado, porque en ese entonces era feliz y joven y qué se yo. Alguna estupidez. Yo era de esas insoportables que tienen contados los años, los meses, las horas, los minutos de no fumar. Le decía a los demás que no era imposible cuando en realidad tenía todo ese tiempo de envidiar miserablemente un cigarrillo. Pero bueno, también en esa época corría 5 kilómetros al día y compraba vegetales a las 9am los domingos en la feria del agricultor, en quién se puede confiar en esa situación?
Desde hace meses que vengo fumando a escondidas de mi misma. El primer cigarrillo terrible fue en Santiago, en una situación terrible en la que no debí meterme en primer lugar. Lo negué hasta la muerte, nunca existió. Después hubo otros mediados por copiosas cantidades de alcohol, casi siempre acompañados con una nerviosa y atolondrada necesidad de volver a la normalidad o a la vida anterior, lo que llegara primero. Los demás encontraron justificaciones más cómodas y sexys para llegar a mi boca. Y hace meses que en fiestas, en bares, en autos rápidos, en casas de otros… me he fumado no uno, sino cientos de cigarrillos. Todos ajenos porsupuesto, todos pedidos con esa cara de imbécil que no se atreve a comprarse una caja porque no puede aceptar que fuma, finalmente, como una puta detenida. Según ella midiendo las cantidades, censurándose al otro día por el sabor asqueroso en la boca, quejándose del olor que le quedó en la ropa, llena de verguenza por todos los que se robó y no piensa reponer.
Hoy es el colmo. Hoy encontré en casa una caja abandonada y sorpresivamente llena. Y aquí estoy, en la mesa de la nueva cocina, fumando otra vez. Pienso en el amor que dejé ir, chainsmoking la última vez que nos vimos. Pienso en el señor con cáncer de laringe que vi agonizar en un hospital frente a sus hijos y que todavía me jode en algunos sueños nebulosos. Pienso en que te extraño, mierda cómo extraño la vida con vos. En aquellos malditos que fuman por gusto y pueden dejar cuando quieren. Pienso en los más o menos 8 años que pasé fumándome la vida, viendo como se apagaba y detrás de esa yo encendía otros cinco minutos, un problema detrás del otro, como si ahora me faltaran, enciendo otro.

April 22nd, 2006 at 2:30 am
Yo también odio a los malditos que fuman cuando quieren. Y al que vez en cuando dice “voy a echarme un cigarrito” y se lo fuma con todo el placer del mundo y no coge otro hasta un mes después. Y al que dice “bueno, me fumo uno por acompañarte”. Y al que dice “no, yo solo fumo con café o con alcohol” (los vicios mejor juntos).
Por otra parte envidio el placer indescriptible de encontrar un paquete de cigarrillos lleno cuando no te lo esperabas…
April 22nd, 2006 at 8:41 am
Esa bella sonrisa.. lalalla… tus dientes amarillos.. lalalalaaa… que suave esta tu pieelll… lalalala… toda manchada y demacrada. LALALALA…
es una canción que me inventé.