don’t panic

No recuerdo el primer ataque, pero algunos son inolvidables. Algunos violentos, algunos suaves y sin mayores consecuencias, algunos que me dieron mucho miedo. Los respiratorios son los más cinematográficos. Recuerdo el último, hace unas tres semanas, sola en el hotel. Fue largo, tanto que me dio tiempo de probar de todo, tomé una ducha caliente a las 2am, pensé a quíen llamo a esta hora en este país de desconocidos, qué inconveniente! qué poco cordial! Not polite!

Hay días, muchos días seguidos, en que dices: “Qué ansiedad ni qué ocho quintos, qué pánico de nada! Si yo soy la reina del baile, la muerte con antifaz, el lotus de los pantanos, el epítome de la independencia, la mujer maravilla me hace los mandados”. Pero claro, cuando llegan, llegan sin avisar.


Los ataques son ataques de imbecilidad. Racionalmente, sabés que no te vas a morir, que nada te va a pasar, que sos una pendeja, que estás respirando y todo se arreglará prontísimo, en menos de lo que te das cuenta estás lalala. Respira respira, uno dos, breath in breath out, no hay nada fisiológicamente mal con vos. Todo funciona. Creéte. Esto no es una dimensión interesante de tu personalidad, un quirk de tu personaje: es una mierda.

El otro día en un restaurante, almorzando sola, tuve los primeros síntomas de algo peor. Empecé a pensar con terror sobre la posibilidad de que me diera un ataque ahí mismo. Qué tal si me ahogo con un trago de agua? Qué tal si dejo de respirar en este momento? Qué tal si hay un terremoto devastador, un cataclismo, los heraldos negros, la fiebre aviaria? Inmediatamente tuve el impulso de cancelar la orden y salir corriendo a encerrarme en el hotel. No lo hice porsupuesto, todavía no estoy tan loca. Pero ahora resulta que me están dando miedo las posibilidades.

Según dicen los que saben, la agorafobia, los desórdenes de la ansiedad, la fobia social… va haciendo que uno evite lugares y situaciones. Ahora pienso en todas las veces que he pensado en NO ir al cine por dios no, pero me obligo a ir y aún ahí siento ese nudito en la garganta. Se apagan las luces, todo bien. Pudes salir corriendo si quieres.

Todas las veces que he pensado: mejor no salgo hoy, (me da pereza, no tengo nada qué ponerme, es tarde, tengo sueño, mucho humo, mucha gente, mucho ruido). Detrás de eso está la extraña seguridad de quedarse en casa. Las veces que he pensado en los viajes con infinito pesimismo. En la molestia que significa estar en la playa o en la montaña, lejos (de qué?). En que me dan miedo los temblores sólo cuando estoy sola. Estoy empezando a sospechar de mi misma y mis taras sociales, y de la posibilidad real de que me convierta en la vieja de los 50 gatos al cabo de los años.

Pero nada de eso se nota porque nunca estoy sola. A mi casa entran y salen unas 10 personas todos los días, en la oficina siempre hay gente, trabajo en medio del caos escandaloso, todo el tiempo que me resta lo divido entre estar con amigos, estar con mi amor, estar con mi familia, estar con alguien. Nunca sola. No me da miedo que me de un ataque porque siempre hay gente alrededor para rescatarme. Y no me dan.

No sé cómo explicarle esto a la gente que me quiere sin que irremediablemente les entre una tristeza infinita, una preocupación tremenda, unas ganas de acompañarme para siempre. Mis esfuerzos para que se lo tomen con humor son en vano. Los chistes de yoga, de respirar en bolsas de papel, de ermitaños, de caracoles… no parecen funcionar.

Yo no puedo tener compañía siempre, tengo que saber cómo estar sola porque me gusta estar sola, sin que nadie me rescate. Me gusta viajar sola, vivir sola, salir sola, caminar sola, correr sola, mesa para uno, un café por favor, una porción de pasta, una sóla cucharilla, un solo boleto aunque haya dos por uno. Cuando estoy sola escribo, entiendo, veo.

Supongo que en mi cabeza, el equilibrio entre la soledad y la compañía es uno muy delicado, uno que merece un poco más de cuidado y la verdad es que los últimos meses han sido un descuido total, un revoltijo de presencias y soledades. Hay que hacer algunos ajustes operacionales.

3 respuestas to “don’t panic”

  1. Ventolin dice:

    ¿Y que es estar solo sino otra cosa que estar en compañía de uno mismo?

    Pasan los años y el número de amigos se reducen como si hubieran pasado por uno de esos dispensadores de agua con filtro de piedritas incluído. Quedan los buenos… pero hay que cuidarlos y quererlos.

    Cuando uno esta solo no quiere estar solo mucho rato y cuando tienes a alguien mucho tiempo la rutina aburre.

    Todos buscando el sentido de la vida, pero esta operación es recursiva porque el sentido de la vida es la busqueda del sentido de la vida. Si por alguna razón abortamos esta operación, quizás, con un poco de paciencia, podamos ser felices para siempre.

  2. medea dice:

    Ack. suena muy parecido a la fobofobia… miedo al miedo. Que de solo pensar en eso ya es paralizante. tenés miedo porque tenés miedo porque tenés miedo porque tenés miedo porque tenés… Ojalá haya algo que lo mejore, que lo solucione, que lo trabaje. Al rato es eso, necesidad de balancear el tiempo solo con tiempo con otros, poder llegar a casa y que no haya nadie más que la sombra y que sea decisión personal y no simplemente casualidad.

  3. Vlad dice:

    Vamos che!
    no les des tanto lugar, no generes tanta energia, el poder de crecimiento o decrecimiento de ese miedo lo manejas vos, sabe que depende de vos para poder crecer
    y somso muchos lso que sabemos que no lo alimentaras
    abrazos

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