Intimidad

La intimidad en el mundo de los adultos está reservada para los amantes. Como vos y yo no queremos ser amantes, por una franca falta de interés, entonces no podemos acceder al privilegio de intercambiar profundidades. Es una pena, verdad? Cuando uno es chico, puede tener amigos que prometan serlo hasta la muerte, dejar de contar las horas en compañía del otro, adquirir los secretos más oscuros, conjurar las ideas más claras, los espacios más reducidos, nadie te jode. Una vez que te convertís en adulto perdés ese privilegio. Y bueno, si de verdad querés intimidad te recetan sexo, que para los adultos es lo mismo, no?

Vos y yo somos como esos chicos que quieren ser mejores amigos, pero que viven muy lejos y cuando se ven, siempre están bajo supervisión adulta. Y una amistad así es una mierda, perdonáme. Nos obliga a tener una de esas pseudo-amistades que consisten en intercambiar superficialidades y a partir de ellas, tejer una red por si te caés del trapecio social. Cero complicidades. No me interesa, no quiero. Yo quiero con vos un espacio intacto, que te merezca, con silencios largos e injustificados donde quepan todas las cosas que todavía no nos hemos dicho, un escondite secreto, un avión de papel, seña en el árbol, piedrita en la ventana. ¿Cómo hacemos?

4 respuestas to “Intimidad”

  1. fanshawe dice:

    Y libros en el pasillo, y caricias en el pelo sin pensarlas mientras comes, y mirar por la ventana cuando nieva cuando no debería, y la ropa hecha un gurruño, y que no nos importen los remolinos de polvo…

  2. itz dice:

    …y que me sirvan tus cuadernos para tomar notas, y que se me pierdan los guantes en tu casa, y que seas el último en irte el día de mi cumpleaños…

  3. Vlad dice:

    … que desde las variaciones minimas de las silabas, desde esa risa casi imperceptiblemente distinta me anoticies……

  4. fanshawe dice:

    Con permiso, mujer, este me lo llevo puesto a mi casa.

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