Reloj de cuadritos
La chica de la lavandería está deprimida hace un par de meses. Se le nota un montón. Quisiera preguntarle: “hey, qué te pasa, querés un café y me contás?” Pero no somos amigas, ella sólo me lava 7 kilos de ropa sucia cada dos semanas. Qué le pasará? No son sus chicos, ellos se ven bien. Espero que tenga una amiga con la que si quiera tomarse un café.
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Mi gata finalmente se ha hecho inmune a mudanzas y separaciones. Después de estar apachurrada cada vez que algo pasa, al borde de la muerte por depresión, etc… parece que ahora el mundo le vale un pepino. Ella es ella, sola y completa. Los demás nos podemos ir al carajo con nuestros pequeños dramas.
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Hoy estoy en el berrinche acostumbrado de “nomequieroir”. Ojalá la nieve fuera esa cosa maravillosa en la que uno puede jugar todo el día y hacer muñequitos y tirarse en trineos y hacer guerras de bolas y patinar en el hielo. Ojalá ese fuera el problema. Lo que me jode es el frío omnipresente al que te tenés que enfrentar de camino al trabajo y del camino a la casa, y talvéz los 40 minutos que te atrevás a pasar en la calle. Frío lejos de los amigos, de la familia, de la gata, de mi amor. Ni modo, más tiempo para trabajar.

February 17th, 2006 at 9:13 am
Sin duda yo le ofrecería el café.
Que me pasa con esta bitácora, Itz? La leo a diario, soy un bocazas y siempre voy dejando comentarios por ahí… pero en tu casa siempre me invade una timidez absurda y un respetuoso silencio…
February 17th, 2006 at 10:58 am
Dale, comentá… que la tímida soy yo y por eso escribo acá.
February 17th, 2006 at 11:46 am
La culpa de meterme en casa ajena, así de desvergonzadamente, la tiene mi hermano (el Groucho de pacotilla que tienes en los enlaces). Me dijo que acá se estaba calentito y que olía bien…