La casa del fuego
Pasé un año completo viviendo en colectivo. Fue interesante, mágico a veces, terrible de vez en cuando. Fui feliz, tuve una familia alocada y variable. Tuve gente que me esperaba de regreso, que quemaba el pan conmigo en las mañanas, que se tomaba mi café y me recogía la ropa de la lavandería. Pero ya se acabó el año, y necesito volver a quebrar mis propios platos, a poner la basura orgánica en su orgánico lugar y leer en calzones en el sofá de la sala. Así que en el futuro cercano vienen otras cosas y otras casas. Si conocen algún rincón de San José (centro-este) donde puedan vivir mi máquina de coser y mi gata, y de vez en cuando yo, no dejen de avisarme.
