Quemar las naves

Los días grises de viento helado no son los mejores para empezar vidas nuevas, pero van a tener que servir. Desde las cinco de la mañana de una diferencia de horas no resuelta tengo los ojos secos y abiertos, tratando de imaginarme cómo van a ser mis recuerdos de esta época de misión suicida. Y es que este tiempo, además de lluvia fría, trae la tarea de reconstruirse uno mismo parte a parte, tirar algunas que están viejas y golpeadas, limpiar otras y dejar el corazón como sábanas limpias. Hoy soy la que fue enviada a quemar las naves, y con el fuego en la mano voy pensando cómo y porqué nunca voy a regresar por donde vine.

Mujer gigante sumergida en el mediterráneo

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