Ridículo

Cuando tu mejor plan se va a la mierda en 20 segundos, cuando sucede el equivalente cósmico a que se te caigan los pantalones frente al auditorio, cuando exhibiste una de esas miserias tuyas que tan bien escondidita creías que tenías… viene esa vertiginosa sensación de haberla cagado más allá de todo arreglo y aventura salvadora, más allá de perdones estúpidos y torpes remiendos.
El potencial de ridículo es la posibilidad de parecer (o efectivamente ser) un idiota frente a el muy atento universo, que justamente en ese momento ha decidido no mirar para otro lado.
Y cuando sucede… ah! qué maravilla! Qué serie de mecanismos se desatan como serpentinas salidas de la caja de sorpresa de un payaso (el payaso es uno, claro). Por ahí te preguntas si será posible enrojecer hasta que la concentración de sangre en la cabeza te haga sufrir un derrame cerebral, o si será posible auto-inducirte un ataque cardiáco o una peritonitis fulminante que te saque de esa situación en lo inmediato, después resolvemos.
O aún mejor, hay unas centésimas de segundo en las que uno fantasea con el cataclismo universal, el rapto, las trompetas del apocalipsis, el holocausto nuclear o por lo menos un buen terremoto que haga sobrevenir la histeria generalizada y que claro, amerite el olvido de la estupidez individual.
Después viene una etapa de cuestionamiento de la magnitud de la burrada, en la que uno se trata de convencer de que la realidad no puede haber estado tan mal, la cagada no fue tan apoteósica, sino que “te estas bajando el piso porque sos demasiado crítico de vos mismo y te exigís demasiado”. A este punto es posible que otros te digan: “Es cierto, tranquilidad, no es nada, hay que seguir adelante, le pasa a cualquiera”. Pero no es cierto, vos no sos cualquiera, sos el idiota más grande del mundo y te lo vas a estar recordando cada hora por cuánto tiempo? 24 horas? 48? 125? 789?
Lo único bueno de todo esto es que los demás posiblemente anden por ahí protegiéndose de sus propios ridículos, y se olvidan de uno y de sus infortunios más facilmente de lo que uno quisiera.

5 respuestas to “Ridículo”

  1. medea dice:

    Agh… y esperar que uno no vaya a tener pesadillas con replay instantáneo de la torta que se jaló.

    Pero tranquila, el que esté libre de bañazos que tire el primer tomatazo.

  2. Otis B. Driftwood dice:

    Total, que se resume en un “tierra trágame” elevado al infinito.

    Pero como infinito partido por infinito es indeterminado, lo mejor es determinarse de una tacada… y echarse a reír de uno mismo cuando esas cosas pasan. Es una vacuna infalible.

    Y se lo dice uno que ha pasado papelones de todos los colores y tamaños. Y ya ve, aquí sigo, buscando la forma de sublimar lo ridículo. Algún día lo conseguiré :-)

  3. Lia dice:

    vale, un ridículo monumental que una piensa que siempre le hará enrojecer al recordarlo…pero seguro que terminará siendo anécdota del tipo “¿no os he contado el día que me despeñé delante de todo una auditorio…?” y ahí es cuando todos sacaremos nuestras respectivas vergüenzas…:)

  4. medea dice:

    jajaja, las competencias de las peores verguenzas! Yo he ganado varias con mi desmayo a las 3pm en la calle de la amargura… sobre todo porque quien me terminó rejuntando fue el borachillo-cuidacarros-piedrero local, “Cartago”. Priceless.

  5. Ventolin dice:

    Lena… a mi también me paso hace poco.. pero perdón.. y si esto te levanta el ánimo. Hay gente que le ha pasado pero mucho peoooor. Nunca había visto a nadie llevarse un bañazo más grande que a Caroline Marcil:

    http://www.usatoday.com/sports/hockey/2005-04-25-flubbed-anthem_x.htm

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