Agua joven

No hay agua en casa. Mierda, una necesidad tan básica que hace que todo se vea cuesta arriba y después, que en realidad la vida es maravillosa porque no tener agua es una excepción y no otra de las condiciones cotidianas. Y esa urgencia de resolver lo mío me hace pensar en la tremenda urgencia que debería tener resolver el problema colectivo, el del agua que ya no hay, el del agua que nos van a cobrar pronto como si viniera envasada en jarrones de la dinastía Ming.

Pasé los últimos dos días en un taller hablando con gente joven (más joven que yo pues). Gente idealista, buena, emocionante e inteligente. También gente insoportablemente ingenua, o poco imaginativa, o distraída y resignada por las cosas brillantes de la tele y la fantasía. Estos revueltos con gente de canas varias, algunos con una sabiduría maravillosa transformada en humildad y respeto por lo desconocido, otros autoritarios e indispuestos con la idea del diálogo en igualdad de condiciones. Pero todos ahí, haciendo el esfuerzo después de todo.

Y al final de dos días de escuchar, imaginar, entender, nombrar, describir, articular, recortar, pelear, ilustrar, consensuar, bailar, dividir y pensar entre todos, estoy segura que no soy la única que salió creyendo en que el futuro es un lugar donde quiero ir, junto con toda esta gente. Quiero vivir en este mundo y empujarlo para adelante aunque sea con la fuerza insospechada de los pequeños pasos.

2 respuestas to “Agua joven”

  1. Lia dice:

    Siempre he pensado que realmente son esos pequeños pasos que tu dices lo que hace la diferencia…lo que esperemos nos lleve a un mundo mejor/más justo, o por lo menos no nos lleve a algo peor.

  2. medea dice:

    Creo que ese es el efecto de hacer un esfuerzo por cambiar el mundo y no ser de los que solo se quejan. Unirse con jóvenes visionarios, o ser uno de ellos es la manera de ver el potencial, ver el futuro prometedor y no darse por vencido antes de iniciar la batalla.

    Yo también quiero que llegue el futuro.

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