Ar-techies
Me encanta esa aún misteriosa relación entre el arte las nuevas tecnologías en red y las posibilidades locas que se han abierto para que gente que no se pensó artista, se convirtiera en uno. Me gusta la posibilidad de pensar en mis amigos, en mi misma… como gente que nunca quisimos explícitamente ser creadores ni nos pensamos con avenidas abiertas para la creación, y de repente, pim pum papas: vinieron las computadoras y la red. La red ancha y enorme nos trajo software y un montón de juguetitos (si, incluso a nosotros los que más o menos estiramos los pesos al final de la quincena). Diseñadores industriales, abogados y periodistas de repente empezamos a manosear los programas, los colores, las maquinitas… les embarramos el imaginario de nuestras propias lenguas, de la historia y la música de América Latina (o de Singapur, whatever), y finalmente, oh atrevimiento!, publicamos nuestros partos y nuestros abortos creativos por igual, como pegarlos literalmente en la ventana. ¿Qué pasó? ¿Quién nos dió permiso de colorear, escribir, componer y transformar (en vivo y en directo y para todos ustedes) sin el gafete del artista? Y más allá de eso… ¿quién nos dió permiso de convertir el arte en código? ¿Desde cuándo ser un artista del actionscript es lo que te desencadena todas las posibilidades de desarrollar una estética? ¿Cómo es eso de que los colores se componen en hexadecimal? ¿Realmente, qué clase de plagio es una copia de archivo? Eso no sólo lo pregunto yo, my dears, también cientos de perplejos análogos, que no tardan en ponerle firewalls a las puertas de los museos ; )
