wild horses

22 /1 /12

Al menos una vez al día cierro los ojos un momento y recuerdo: somos animales. Animales hermosos, asustados de nuestra propia naturaleza. Inventamos todas estas cosas: los trenes, las computadoras, el café espresso y el concreto armado. Los usamos para huir de nuestra animalidad. Abro los ojos y me voy a la próxima reunión.

Farewell Angelina

5 /11 /11

* Así es como se va, entonces. En cientos de días, uno cayendo encima del otro, las bombas explotando tan lejos de nosotros. Quisiera tener más cosas por contar pero los eventos son escasos. El verano corrió por la ciudad sin ganas, ni un sólo día para dormir con la ventana abierta. Tengo una ruta regular hacia el trabajo y de regreso, una ruta larga y otra corta para las caminatas de Milo, dos veces al día. Hay una ruta que nos lleva a dormir y a querernos los fines de semana, limpiar la casa, ir al súper, leer una revista de principio a fin, extrañarnos cuando estamos lejos. Hoy ha vuelto el frío, la calefacción, los guantes, el cielo blanco y luminoso del otoño, los días cortos como bolitas de hielo.

* Siempre me ha gustado imaginarme cómo sería vivir en otros barrios. Paso por los grandes edificios beige de apartamentos de Fillmore y me pregunto a qué señora me toparía en las escaleras todos los días, una abuelita de Guangdong llevando bolsas plásticas rosadas llenas de vegetales. Me pregunto qué tanto frío hace en esos áticos del Lower Haight, en una victoriana de iluminación deficiente y pisos hechos de chirridos, callejones internos llenos de bicicletas muertas, adolescentes recién llegados tomando el sol en las escaleras. En las mañanas, mientras camino por las aceras recién lavadas de SOMA, me pregunto si se sentirá uno un poco como un robot despertando en un loft con alma de aluminio, en un elevador con olor a nuevo, una ventana que mira hacia otra ventana más grande.

* Los Sábados solitarios me traen una ansiedad indefinida. Siento que deberiá estar haciendo algo más, y en efecto, tengo una lista escrita de cosas por hacer entre horribles tareas domésticas y lecturas pesadas como ladrillos. También está afuera la ciudad, llena de cines, playas heladas y cafés de sonidos violentos. Pero no me encuentro en ninguno, no entiendo exactamente cuál es mi lugar desde que dejé de pasar las tardes muriéndome un poco y decidí que en cambio, prefería vivir. Entonces me siento en el sillón de la sala a sentir los temblores.

buckets of rain

27 /8 /11

Extraño San José, quizás por primera vez en cinco años. Quiero ir y que llueva toda la tarde, y que huela a cebolla chile y culantro en la cocina de todas las casas. Quiero volver a fumar viendo por la ventana mojada, oír el partido en la tele hasta que pase el aguacero en la tarde de un domingo donde todo el mundo parece haber muerto ahí por la Santa Teresita. Quiero que volvamos a encontrarnos todos en todas partes y caminemos de la mano. No quiero ir a la puta playa, quiero ir por las aceras estrechas y despedazadas de un barrio cualquiera, digamos Barrio Luján, ser la señora que soy sin hijos ni bolsas evitando los charcos, subiéndome al bus y con el humo del motor dejar todo en el pasado a pesar de estar sucediendo ahí mismo, cómo la familia que fuimos ya no vive ahí y va haciéndose subterránea como el agua se desliza en silencio por los caños.